Pueden pasar desapercibidas las historias de personas que dejaron de caminar a los pocos años de edad, o aquellas que de repente, cuando ya el crecimiento se había detenido, comenzaron a experimentar cómo sus extremidades se ensanchaban. Niños, jóvenes o adultos cuya piel es tan delicada que apenas soportan el roce; o de gente que con un tropezón se puede destrozar los huesos.
Son casos de seres humanos que padecen enfermedades raras (ER), las cuales son definidas en la legislación colombiana por la Ley 1438 de 2011 como “aquellas crónicamente debilitantes, graves, que amenazan la vida y con una prevalencia menor de 1 por cada 5.000 personas”. La mayoría de estos padecimientos son degenerativos y con alto de grado de discapacidad.