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Polarización y ciberacoso: cómo los ataques del petrismo quiebran la salud mental de los críticos del Gobierno

Congresistas que cuestionan al Gobierno han recibido ataques e injurias por redes sociales. Agresiones dificultan su labor de control político y generan afectaciones.

  • Las bodegas no distinguen entre oposición y Gobierno. Congresistas del propio Pacto Histórico han sido víctimas de ataques. Sin embargo, congresistas reclaman que en la era Petro los ataques se intensificaron. FOTO GETTY/Archivo particular
    Las bodegas no distinguen entre oposición y Gobierno. Congresistas del propio Pacto Histórico han sido víctimas de ataques. Sin embargo, congresistas reclaman que en la era Petro los ataques se intensificaron. FOTO GETTY/Archivo particular
23 de septiembre de 2023
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“Quieren acabar con nosotras. Estoy absolutamente desconsolada de saber hasta dónde son capaces de llegar. Me estoy cansando. Esto es lo que quieren: que uno se quiebre, que uno se cuestione si esto al final vale la pena. Veo a mi familia sufrir y me pregunto si vale la pena. No creo que pueda resistir 4 años así. Las armas del sicariato moral matan psicológica y afectivamente. Están dispuestos a matar simbólicamente a quienes no piensan como ellos”.

Quien habla –en medio del llanto y el desconsuelo, con dejo de desesperación–, es la representante Catherine Juvinao (Alianza Verde), quien se descompone en medio de una entrevista con este diario. En redes sociales pululan hoy toda suerte de epítetos en su contra: “mentirosa”, “ridícula”, “sátrapa miserable”, “paquetazo”, “borracha” o “loca”. Se trata solo de los calificativos más deferentes.

Si bien hoy Juvinao está sometida al escarnio digital por su pelea con la fiscal Angélica Monsalve y la filtración de un video en el que admite que quiere estar 16 años en el Congreso y luego ir a “a una isla y no saber nada más de este país”, de fondo las agresiones y agravios –marcadas también por la misoginia–, tienen origen en su voz disonante y crítica contra Gustavo Petro. Lo anterior, pese a que en campaña lo apoyó y su partido hace parte de la coalición de gobierno.

No es un caso aislado. Como ella, otros congresistas –en su gran mayoría mujeres–, han sufrido las consecuencias de atreverse a cuestionar al “gobierno del cambio”. Contra ellas se enfila una verdadera horda de fanáticos, entre intransigentes seguidores y agresivos adeptos, que resguardados (usualmente) por el anonimato de la virtualidad atacan a diestra y siniestra a todo lo que huela a oposición. En redes se les conocen como “bodegas” y quedar bajo su escarnio implica un riesgo de insultos, ultrajes e infamias.

Lejos del debate público y la sana discusión que demanda cualquier democracia, lo que se vive son embestidas que parecieran exceder la libertad de expresión y que repercuten en la salud mental y física de políticos que, por más curtidos, sufren las consecuencias de un voraz matoneo.

“Esas agresiones y amenazas continuas por redes, si no hay como afrontarlas con un profesional y una fuerte red de apoyo, pueden derivar en enfermedades psicológicas y físicas. En casos crónicos terminan en accidentes cerebrovasculares, arritmias, problemas cardíacos o síntomas asociados al cáncer. Se conoce como un fenómeno de alteración psiconeuroendocrinoinmunológico”, explica Diego León Rodríguez, doctor en psicología y neurociencias, y profesor de la Universidad Externado.

Hace menos de un mes, tras proponer una subcomisión para acordar de forma interpartidista la controvertida reforma a la salud, la representante Julia Miranda (Nuevo Liberalismo) recibió una reprimenda tal en redes que tuvo que ser trasladada a un centro clínico. Los fanáticos consideraron su propuesta una forma de sabotear uno de los proyectos bandera de Petro. “No vale la pena (hablar de eso)”, contesta ahora, queriendo pasar la página y tratando de aislarse de las ofensas.

Por cuenta también de esa subcomisión, la representante Katherine Miranda (Alianza Verde) fue acusada de fraguar una jugadita aprovechando el desorden del Congreso. Petro lo calificó como un “intento burdo de silenciar” la supuesta concertación alrededor de la reforma. Lo que vino después fue una arremetida frontal en redes por parte de sus seguidores. “Falsa”, “politiquera”, “tramposa”, “torcida” o “camaleónica” fueron algunos de los insultos que recibió Miranda. “No me siento bien anímicamente para atender una entrevista”, respondió recientemente a este diario.

Como ellas, hay otras mujeres que –incluso de tiempo atrás–, han sido víctimas de ciberacoso por sus posturas políticas. En el ramillete se cuentan congresistas como Jennifer Pedraza, a quien llegaron a nombrar como “femi-facha” por su rol de oposición y vigilancia a temas de género en el Gobierno.

“Les cuesta mucho una voz dura de una mujer. Le temen a su liderazgo. Hay intentos por asesinar nuestra personalidad, por construir imágenes que no corresponden a la realidad y por caricaturizarnos para que la gente nos odie y no nos tome en serio”, dice a su turno la senadora Paloma Valencia (Centro Democrático), que ha llegado a recibir críticas y ataques contra su hija.

Las agresiones no distinguen partido. Esa misma violencia, por parte ahora de las hordas antipetristas, también han afectado a dirigentes afines al Ejecutivo. Francia Márquez, María José Pizarro o Susana Boreal –quien incluso se tuvo que ausentar del Congreso debido a aparentes problemas de salud mental por cuenta de los ataques–, son objetivos frecuentes de las bodegas. Sin embargo, coinciden hoy congresistas como Juvinao, Miranda o Valencia, la polarización, las arremetidas y las injurias se han redoblado en la era Petro.

“Petro es el comandante de la violencia en redes. Basta ver cómo se refiere a sus adversarios y a otras autoridades. Que se modere”, agrega Paloma Valencia. “Le pido que piense qué es lo que realmente está haciendo, que no espere que pase una tragedia”, sostiene Juvinao.

Si bien no se puede responsabilizar al Jefe de Estado por la conducta de sus seguidores en redes, es un hecho que su proceder, su forma de orientar el debate público y su manejo de espacios como X (antes Twitter), pueden contribuir favorablemente a bajarle a la violencia digital. Ese sería un gran aporte también a su paz total.

Javier González Penagos

Comunicador social y periodista de la Universidad Central, especializado en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de las universidades Externado y Columbia.

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