La guerra en Colombia sigue siendo un relato de historias crueles, unas contadas por quienes las sufrieron y sobrevivieron, y otras por quienes hicieron parte de ella. El problema es que, décadas después, esas versiones siguen chocando y, dependiendo de quién las cuente, el mismo episodio puede terminar pareciendo una historia completamente distinta.
Eso es justamente lo que ha ocurrido en los últimos días con la controversia alrededor de las declaraciones de Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, ante la Jurisdicción Especial para la Paz. En apartes de esas audiencias, el exjefe de las Farc habló ante los magistrados sobre el trato que, según él, recibían los secuestrados durante el cautiverio y aseguró que una de las prioridades de la guerrilla era garantizarles la alimentación.
Incluso llegó a contar que, en algunos casos, la carne era para los secuestrados y no para los guerrilleros que los custodiaban.
“Para el secuestrado había carne, para nosotros no había. A nosotros nos tocaba comer algo que llevaba cuchuco dulce, que es maíz molido con panela. Pero había un señor muy particular al que le encantaba el cuchuco y nos daba a nosotros la carne para que diéramos el cuchuco”, dijo el exguerrillero.
En las imágenes conocidas, ‘Timochenko’ aparece tranquilo, sentado frente a los magistrados, respondiendo preguntas en un ambiente que por momentos parece más cercano a una conversación que al relato de algunos de los episodios más duros del conflicto. Esa imagen ha generado críticas, indignación y un ambiente de rechazo en distintos sectores. La sociedad se pregunta por qué los responsables de hechos tan graves pueden aparecer hoy en escenarios de este tipo, mientras la propia JEP sostiene que su actuación responde al cumplimiento de lo establecido en el Acuerdo de Paz.
Lo cierto es que lo que dice el exguerrillero no se parece mucho a lo que el país ha conocido durante años cada vez que un secuestrado recuperaba la libertad. Hombres y mujeres salían de la selva visiblemente debilitados, desnutridos, enfermos y, en muchos casos, con profundas secuelas físicas y psicológicas.
Una de las voces que salió a controvertir esa versión fue Ingrid Betancourt, quien permaneció más de seis años secuestrada por las Farc. Al conocer las declaraciones de ‘Timochenko’, recordó ante todo lo que significaba para los secuestrados recibir comida durante el cautiverio.
