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Falleció Germán Vargas Lleras: el vicepresidente y estadista que esquivó la muerte varias veces

Ocupó prácticamente todos los cargos del Estado: desde concejal de un pequeño municipio en Cundinamarca hasta vicepresidente de la República. Murió este viernes a los 64 años a causa de un tumor cerebral. Este fue su legado.

  • Germán Vargas Lleras fue vicepresidente de Colombia durante el gobierno de Juan Manuel Santos. Foto: Camilo Suárez.
    Germán Vargas Lleras fue vicepresidente de Colombia durante el gobierno de Juan Manuel Santos. Foto: Camilo Suárez.
  • Falleció Germán Vargas Lleras: el vicepresidente y estadista que esquivó la muerte varias veces
  • Falleció Germán Vargas Lleras: el vicepresidente y estadista que esquivó la muerte varias veces
  • Fue un político que transformó la Vicepresidencia en un centro real de poder administrativo, técnico y territorial. FOTO Colprensa
    Fue un político que transformó la Vicepresidencia en un centro real de poder administrativo, técnico y territorial. FOTO Colprensa
08 de mayo de 2026
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Germán Vargas Lleras murió antes de poder volver a ser candidato presidencial. Su enfermedad se deterioró aún más y este viernes se confirmó la noticia de su fallecimiento a los 64 por un tumor cerebral que lo aquejaba desde hace años.

A finales de 2024 le concedió una entrevista a EL COLOMBIANO en la que expresaba su preocupación por el destino de Colombia para las elecciones que estamos viviendo: “Si la oposición llega dividida a 2026, no nos lo perdonaría el país”. Y atisbó riesgos en sus columnas, publicadas por este diario: la “toma” de la Corte Constitucional, la necesidad de proteger a las instituciones y la idea de que una Constituyente sería la puerta de entrada para seguir los pasos de la dictadura venezolana.

Desde su partido, Cambio Radical, hubo insistencia hasta finales del año pasado para que compitiera en las elecciones presidenciales, tal y como lo hizo en 2010 y 2018. También hubo un rumor de que haría parte de la lista al Senado de esa colectividad. Pero eso no ocurrió porque el exvicepresidente (2014-2017) estaba librando otra batalla contra la muerte, como tantas a las que se enfrentó durante su vida.

Primero llegó escondida en un libro bomba; luego, en un carro cargado con explosivos; años después, en el aire inestable de un helicóptero que casi cae sobre unas viviendas en Nariño. También apareció en su salud, bajo diagnósticos que pusieron a prueba a uno de los políticos más resistentes, temperamentales y persistentes de las últimas décadas en Colombia.

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Las veces que la muerte lo rondó

El 13 de diciembre de 2002, Vargas Lleras abrió un paquete de Navidad dentro de su oficina en el Congreso de la República. Era senador y uno de los dirigentes más visibles de la oposición armada contra las Farc y del naciente uribismo. El regalo parecía un libro, pero adentro había explosivos.

La detonación le destrozó tres dedos de una mano y le dejó quemaduras en el rostro. El atentado ocurrió en pleno Capitolio Nacional, en un país donde la guerra había empezado a atravesar sin pudor los pasillos de la política. Vargas Lleras, que se había apartado de su colectividad para convertirse en uno de los primeros liberales en reconocer las propuestas de Álvaro Uribe, sobrevivió, pero el atentado cambió para siempre la imagen pública de un dirigente que desde entonces apareció con las secuelas físicas de la violencia que denunciaba.

Lo recordó más adelante así: “Solo recuerdo un ruido demencial, un dolor infinito y mucha sangre. Mi mano derecha quedó, literalmente, colgando de un hilo y los dedos meñique, anular y parte del medio volaron en mil pedazos”.

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La muerte volvió a buscarlo.

La noche del 10 de octubre de 2005, Vargas Lleras salía de las instalaciones de Caracol Radio, en Bogotá. Eran cerca de las 11:15 p.m. cuando un carro bomba explotó cerca de la caravana en la que se movilizaba. La onda explosiva alcanzó el vehículo y dejó heridas a nueve personas, entre ellas varios de sus escoltas.

Él salió ileso.

Para entonces, Vargas Lleras ya se había consolidado como uno de los políticos más duros contra los grupos armados y contra cualquier salida que interpretara como concesión armada. Los atentados no moderaron su discurso, sino que lo radicalizaron. Casi dos décadas después, en 2020, Rodrigo Londoño, exjefe de las Farc conocido como “Timochenko”, reconocería públicamente que su guerrilla planeó y ejecutó el ataque.

La figura política de Vargas Lleras empezó a construirse alrededor de una mezcla de supervivencia y confrontación. Era el nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo, heredero de una de las familias más influyentes del liberalismo colombiano, pero había decidido abrirse paso por fuera de la comodidad del establecimiento familiar.

A los 18 años se acercó al liberalismo de Luis Carlos Galán. Mientras muchos suponían que terminaría administrando el legado político de su abuelo, Vargas Lleras escogió la disidencia y construyó una carrera propia, primero como concejal de Bojacá, luego en Bogotá y finalmente como senador durante cuatro periodos consecutivos.

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Quienes lo conocieron en esos años hablaban de un político disciplinado, áspero en el debate y obsesionado con el poder ejecutivo. También de alguien con fama de temperamental, capaz de romper alianzas sin demasiados cálculos sentimentales.

Su ascenso coincidió con los años más violentos del conflicto armado. Se convirtió en uno de los primeros liberales en respaldar la candidatura presidencial de Álvaro Uribe Vélez cuando aún parecía improbable su triunfo. Después fundó y consolidó Cambio Radical como una maquinaria política decisiva dentro del Congreso.

En 2012 sobrevivió a un vuelo que estuvo a segundos de terminar en tragedia en Nariño.

Era ministro de Vivienda y visitaba el municipio de Sandoná para revisar programas de casas gratuitas. Cuando el helicóptero despegó, la aeronave no logró ganar altura y empezó a girar peligrosamente sobre varias viviendas.

Después recordaría que creyó que iban a estrellarse.

Mientras el piloto intentaba recuperar el control por cuenta de fuertes corrientes de viento provenientes de las montañas, Vargas Lleras pensó en recostarse sobre una caja de herramientas esperando el impacto. Una maniobra del piloto evitó la tragedia apenas a metros de los techos de las casas.

Sobrevivió otra vez.

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Sin embargo, incluso después de los atentados, su salud siguió persiguiéndolo. Con el tiempo enfrentó distintos procedimientos médicos y diagnósticos complejos: un meningioma, un quiste hepático, una apendicitis y una masa en el cuello que obligaron a intervenciones y seguimientos clínicos constantes.

A esas alturas, su carrera política ya había alcanzado la cima del poder. Fue ministro, jefe natural de Cambio Radical y vicepresidente del gobierno de Juan Manuel Santos entre 2014 y 2018. Desde allí lideró megaproyectos de infraestructura, programas de vivienda y obras públicas que terminaron convirtiéndose en su principal carta política.

También acumuló controversias, enemigos y altos niveles de desfavorabilidad. Su estilo directo, muchas veces autoritario, para muchos representaba eficacia y disciplina administrativa; para otros, la expresión más dura y vertical del poder político tradicional colombiano.

Incluso cuando rompió con Uribe por el intento de una nueva reelección presidencial, Vargas Lleras mantuvo intacta la idea de llegar algún día a la Casa de Nariño como presidente. Era una aspiración que parecía acompañarlo desde niño, cuando hablaba de política en el despacho de su abuelo, en el antiguo Palacio de San Carlos.

No lo consiguió.

Pero sobrevivió a una guerra que dejó muertos a muchos de sus contemporáneos políticos. En los últimos años luchó contra el cáncer y recibía hasta hace poco tratamiento por un tumor cerebral tanto en Estados Unidos como en la Fundación Santa Fe en Bogotá. En Hacer, cumplir, avanzar, el libro que publicó en 2018 para recoger 30 años de carrera política, resumió en una frase cómo se le escapó no una, sino varias veces a la muerte: “Por suerte o por la Divina Providencia, en varios episodios logré salvar mi vida solo por fracciones de segundos... o de centímetros”.

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El legado de Estado

Germán fue un hombre con camino propio. Pero ni su cuna política ni el sendero despejado que le ofrecía el peso de su apellido hacia las altas esferas del poder nacional terminaron definiéndolo. Contra todos los pronósticos, Germán Vargas Lleras decidió construir su propio proyecto desde la disidencia: el terreno más áspero, incierto y complejo de la política.

En la casa de su abuelo, en el barrio Quinta Camacho, en la Capital, a la edad de 18 años, Vargas Lleras conoció a Luis Carlos Galán Sarmiento y se unió a su gesta por la transformación del país y el rescate del liberalismo por fuera de las filas oficiales de la colectividad.

Algunos que lo conocen dicen que en su adolescencia “Germán era un muchacho muy despierto, dado a su parecer, díscolo, rockero, alegre, amigo de todos los de su edad y toda una celebridad en las fiestas de 15 de la sociedad bogotana, a las que aparecía como el gran animador con una súper miniteca”.

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Superó el bachillerato más por la fuerza y las lidias de su familia que las propias. Como muchas veces sucede, el paso de los años lo convirtió en jefe y líder de algunos de los mazos, los pilos que estudiaron con él. En política, su abuelo comprendió con el primer golpe, el tipo de nieto político que con tanta dedicación había levantado.

A sus 19 años, estrenando cédula, Germán Vargas fue elegido concejal del Bojacá (Cundinamarca), uno de los fortines del llerismo, pero militando en las filas del Nuevo Liberalismo de Galán. No solo se fue a contracorriente de su abuelo para crearse su propio destino.

El ser humano

La personalidad de Lleras era copia fiel del ser que proyectaba en su propaganda presidencial: una figura todopoderosa, que no sabía de adversidades, sellada con un apellido político y conduciendo un pueblo: #mejorvargaslleras.

Como senador fue beligerante, contundente y radical. La suya no fue una presencia indiferente en ningún escenario. Fue un hombre de debate, de ideas.

Al partido Cambio Radical lo catapultó de tal forma que lo convirtió en alternativa de poder y moldeó a su imagen y semejanza, tanto que “terminó siendo un partido para Vargas Lleras y no Vargas Lleras para el partido”, comenta Guillermo Arismendi, analista político.

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Su exesposa Luz María Zapata dice que si bien lo apasionaba la política, también se sabía desconectar de ella para disfrutar con su familia o de momentos especiales. A Germán le gustaba abrazar a los suyos, cocinar, jugar con su perro, hasta reírse de sí mismo y escuchar todo tipo de música, tanta que hay quienes piensan que se sabía todas las canciones.

“Su hija Clemencia fue su gran sueño, pero ni ella, que es bailarina profesional, logró que Germán bailara alguna vez. Ese era Germán, un hombre simpático, excelente papá, buen marido, un hombre de carácter que cumplía y alcanzaba lo que prometía y se proponía”, detalló alguna vez su esposa.

Lo conmovían muchas cosas. Entre ellas el impacto del abrazo agradecido y las lágrimas de ancianos, hombres, mujeres y niños, cuando él, como ministro de Vivienda, les entregaba las llaves de la casa propia que les obsequiaba el gobierno”.

Carrera política

De concejal de Bojacá escaló a una silla en esa corporación en Bogotá y luego a cuatro periodos consecutivos en el Senado de la República, entre 1994 y 2008. A finales de 2001 y comienzos de 2002, época en la que Álvaro Uribe no pasaba del 8 por ciento en la intención de voto a la Presidencia y en la que ni el conservatismo ni el liberalismo lo contemplaban entre sus listas, Vargas Lleras se apartó de su colectividad para convertirse en uno de los primeros liberales en reconocer las propuestas de Uribe y sumarse a su campaña.

En las parlamentarias de 2006, con gran peso en las distintas esferas del Estado, Cambio Radical obtuvo 15 curules en el Senado y 21 en la Cámara, pero ese triunfo vendría cargado de sinsabores, toda vez que se demostró que al menos siete de sus congresistas tenían vínculos con el paramilitarismo y terminaron en prisión. El hecho generó un fuerte remezón dentro de la colectividad a la que se le señaló de “traicionar el ideario de Galán”.

El temperamento de Vargas Lleras no daba para lamentos y decidió entrar a Palacio con llave propia al lanzar su primera campaña presidencial en 2010. Recorrió 30 de los 32 departamentos del país, pero las urnas favorecieron al entonces candidato del uribismo, Juan Manuel Santos Calderón.

Tras ascender a su trono, Santos, conocedor como nadie de las capacidades de Vargas Lleras, le devolvió lo perdido y lo convirtió en uno de sus hombres de confianza y jefe de dos carteras. El broche de oro se lo puso en la campaña para su segundo mandato, en la que lo nombró su fórmula vicepresidencial, con la que derrotaron a Uribe.

Como vicepresidente de Juan Manuel Santos, Vargas Lleras dejó de ser únicamente el jefe político de Cambio Radical para convertirse en una especie de “superministro” del Gobierno. Aunque constitucionalmente la Vicepresidencia no tenía funciones ejecutivas amplias, Santos terminó delegándole buena parte del músculo operativo del Estado, especialmente en infraestructura, vivienda y proyectos estratégicos.

Desde allí construyó una imagen de funcionario obsesionado con la ejecución, las cifras y la presencia permanente en las regiones. Con un estilo de mando fuerte, ceremonias semanales de entrega de obras y recorridos constantes por el país, Vargas Lleras se convirtió en la cara visible de algunos de los programas más ambiciosos de la última década.

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Fue el principal impulsor del programa de vivienda ‘Mi casa ya’, una apuesta que transformó el panorama habitacional del país y que llevó al Estado a entregar cerca de 1,5 millones de soluciones de vivienda.

Vargas Lleras convirtió las entregas de casas en actos políticos y sociales de alto impacto: recorría barrios recién construidos, entregaba llaves personalmente y utilizaba esos escenarios para reforzar su narrativa de eficiencia y resultados concretos. Al mismo tiempo, encabezó la mayor revolución vial de Colombia en décadas con las autopistas de cuarta generación (4G), un megaproyecto destinado a conectar regiones históricamente aisladas y modernizar la competitividad logística del país.

En Antioquia, por ejemplo, impulsó las Autopistas de la Prosperidad, concebidas para conectar Medellín con el Caribe y el Urabá antioqueño. También promovió las llamadas “Vías para la Equidad”, proyectos orientados a departamentos históricamente abandonados y con enormes brechas sociales. Su influencia se extendió igualmente a la modernización de puertos y aeropuertos, en un momento en que el país buscaba adaptarse al crecimiento económico y al aumento del tráfico aéreo y comercial.

Vargas Lleras supervisaba personalmente cronogramas, presionaba a concesionarios y protagonizaba frecuentes llamados de atención públicos cuando las obras se retrasaban. Otro de sus frentes más visibles fue el acceso al agua potable. Desde el Gobierno coordinó cientos de proyectos de acueducto y saneamiento básico en municipios donde millones de personas aún no tenían acceso regular al servicio.

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Su discurso giraba constantemente alrededor de la idea de “llevar Estado” a territorios olvidados por décadas. Esa visión se tradujo en inversiones multimillonarias en departamentos históricamente marginados como Chocó, La Guajira, Putumayo, Guaviare y Caquetá, regiones donde las visitas presidenciales eran escasas hasta entonces. Vargas Lleras convirtió esas giras en una marca personal: llegaba con anuncios de carreteras, colegios, viviendas, hospitales o sistemas de agua, reforzando la imagen de un político ejecutor más que deliberativo.

Sus aliados, en cambio, sostenían que fue el único funcionario capaz de destrabar proyectos históricamente paralizados por la burocracia y la corrupción. En cualquier caso, esa etapa consolidó a Germán Vargas Lleras como uno de los hombres más poderosos del Estado colombiano en el siglo XXI: un político que transformó la Vicepresidencia en un centro real de poder administrativo, técnico y territorial.

Este viernes, el presidente Petro lamentó la muerte de Vargas Lleras: “Tanto en el senado como en campaña se comportó como un gladiador. En general contradictor mío, lamento que su seriedad en el debate desaparezca”.

Bloque de preguntas y respuestas

¿De qué murió Germán Vargas Lleras?
Murió a los 64 años tras el deterioro de un tumor cerebral por el que recibía tratamiento médico en Colombia y Estados Unidos.
¿Qué atentados sufrió Germán Vargas Lleras?
Sobrevivió a un libro bomba en 2002, un carro bomba en 2005 y un accidente de helicóptero en Nariño en 2012.
¿Cuál es el legado de Vargas Lleras en infraestructura?
Como vicepresidente, lideró la revolución vial de las autopistas 4G, la modernización de aeropuertos y el programa de vivienda gratuita más grande del país, entregando cerca de 1.5 millones de soluciones habitacionales.

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