Las especulaciones sobre una eventual ofensiva militar contra el ELN en la frontera entre Colombia y Venezuela volvieron a tomar fuerza tras los recientes movimientos diplomáticos y anuncios de seguridad en la región.
Las declaraciones del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, despertaron el interés de funcionarios del Gobierno, según fuentes.
Tiene que ver con más presión sobre Venezuela, cooperación militar y tecnológica con Colombia y fortalecimiento de las capacidades para enfrentar a los grupos armados.
En entrevista con Noticias RCN y NTN24, desde Barranquilla, Rubio dejó claro que Washington considera al ELN y a disidencias de las Farc como parte de una “amenaza mundial” por los ataques con drones.
Según explicó, estos grupos han operado durante más de una década con impunidad desde territorio venezolano, por eso advirtió que será “imposible” mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela mientras desde ese país se “permita que organizaciones armadas ataquen a Colombia y encuentren refugio al otro lado de la frontera”.
La declaración supone una presión diplomática directa sobre Caracas, pero no equivale, por ahora, a un anuncio de bombardeos estadounidenses contra campamentos del ELN.
En los últimos días también ha circulado la hipótesis de una estrategia denominada “el yunque y el martillo”, que buscaría presionar a los grupos armados desde distintos puntos de la región, particularmente desde el Pacífico ecuatoriano y la frontera colombo-venezolana.
En días pasados, los ministros de Defensa y altos mandos militares de Colombia, Ecuador y Estados Unidos se reunieron en Tumaco, Nariño, y San Lorenzo, en la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, para avanzar en una nueva etapa de cooperación en esa frontera.
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Las conversaciones estuvieron centradas en el intercambio de inteligencia, operaciones coordinadas, apoyo logístico y la posibilidad de establecer una base militar binacional para enfrentar al narcotráfico, la minería ilegal y los grupos armados que operan a ambos lados de la frontera.
Aunque existen capacidades militares para desarrollar operaciones de gran escala, una intervención directa de Estados Unidos en territorio colombiano o venezolano enfrentaría importantes obstáculos políticos y diplomáticos.
Lo que Rubio sí confirmó es una profundización de la cooperación en seguridad con Colombia. Uno de los frentes es el combate contra los drones utilizados por disidencias de las Farc y el ELN.
El funcionario estadounidense calificó esta modalidad como una amenaza global y señaló que las armas convencionales no ofrecen una respuesta suficiente, por lo que ambos países trabajan en el desarrollo de nuevas tecnologías para detectar y neutralizar estos dispositivos.
La posibilidad de una mayor presencia militar estadounidense tampoco fue descartada por Rubio.
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Consultado sobre el eventual establecimiento de bases militares de Estados Unidos en Colombia, el republicano respondió que “todo es posible”, aunque precisó que cualquier decisión requeriría una invitación del gobierno colombiano y posteriormente tendría que ser evaluada por el Departamento de Defensa.
El mensaje de Washington, además, conecta directamente seguridad y economía.
Para Rubio, garantizar la seguridad es la responsabilidad fundamental de un Estado y una condición necesaria para atraer inversión y generar prosperidad.
En ese sentido, presentó la nueva etapa de la relación con Colombia como una alianza que busca ser más estrecha que la existente durante los últimos años. La agenda bilateral también incluye la lucha contra el narcotráfico y las relaciones comerciales.
Rubio expresó optimismo frente al proceso de certificación de Colombia en materia antidrogas y destacó las acciones desarrolladas recientemente por el Gobierno De la Espriella.
También confirmó que avanzan conversaciones para eliminar barreras arancelarias a productos colombianos.
Así, mientras las versiones sobre una eventual operación de bombardeo contra el ELN alimentan el debate, las declaraciones oficiales conocidas hasta ahora no anuncian una intervención aérea estadounidense contra esa guerrilla, pero sí podría darse en otros frentes.
Fuentes consultadas por EL COLOMBIANO indicaron que en círculos de análisis y eventos del sector defensa sí se ha mencionado una posible estrategia conjunta desde el sur en el Pacífico ecuatoriano y desde la frontera oriental con Venezuela.
Sin embargo, se ve poco probable que EE. UU. ejecute una “megaoperación” o bombardeos directos contra campamentos en la frontera.
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Aunque la capacidad operativa existe, el costo en imagen pública para la administración estadounidense sería elevado, dado que la opinión pública en EE. UU. percibe el gasto o despliegue militar externo con desgaste, asociándolo a los escenarios de conflicto en Ucrania, Palestina e Irán.
La nueva etapa de la relación bilateral se ha caracterizado por anuncios como la reactivación de un plan piloto para la aspersión aérea o debates sobre el porte de armas para la seguridad urbana.
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