Para el candidato al Senado por el partido Alianza Verde, Ariel Ávila, serán más importantes las elecciones para el Congreso de 2026 que las presidenciales, pues, a su juicio, será el Legislativo el que tendrá la responsabilidad de sacar adelante unas reformas urgentes para el país.
Durante una visita a EL COLOMBIANO, en Medellín, también conversó sobre el fracaso de la “paz total”, las disputas internas dentro de su partido y los problemas que enfrentará el próximo Gobierno.
¿Qué balance hace de su gestión en el Congreso?
“Los políticos tenemos a tener un ego alto, pero creo que hicimos una muy buena gestión. Me tocó liderar diez grandes procesos legislativos, quiero mencionar dos o tres. Uno que fue muy debatido aquí en El Colombiano, es que yo lideré la reforma más importante que se ha hecho en los últimos 40 años a la Constitución del 91, que se llama Sistema General de Participaciones, que es la plata que la Nación le transfiere a los municipios. Hoy es el 24% de los ingresos corrientes de la Nación, y la pasamos al 39,5% desde el año 2027, gradualmente, hasta que en 12 años lleguemos a ese 39.5%. Eso significa que municipios como Amalfi, Guarne, Ituango, Apartadó, van a recibir casi 60 o 70% más de transferencias para poder invertir en acueductos, alcantarillados y demás. Esta es la mayor reforma en materia de descentralización, y ahorita en el Congreso vamos a discutir la ley de competencias, que intenta enmarcar eso para evitar que se roben la plata. Para mí esa fue la más grande reforma, la que más televisión me dio. Dos: escribí un proyecto sobre educación pública, que yo soy graduado de la Universidad Nacional, y creamos una reforma que se llama Reforma al artículo 86 y 87, de la Ley 30 del 92, que permite cambiar la forma de financiar la universidad pública y crear miles de cupos nuevos universitarios. Y tercero, lo cual también me dio mucha alegría, es que me tocó liderar el artículo 23 y 25 de la reforma laboral que le devolvió el contrato laboral a los estudiantes del Sena. Pero también hice la 2272, la reforma a la Justicia. Me tocó una reforma muy importante, que además, por ejemplo, no es una reforma mía, yo la lideré y la saque adelante. Una de Nicolás Echeverry sobre inspectores de policía para el tema de zonas urbanas y sobre todo rurales. Entonces nos fue muy bien, pero pues claro, la del Sistema General de Participaciones fue la más importante de todas.
¿Y por qué decide volver a presentarse? ¿Siente que le faltó algo o cuál su plan para un eventual regreso al Congreso?
“Espero tener un paso corto por la política, porque aunque este es un tema bacano, es de mucha presión. Quiero volver por dos cosas: porque la realidad del país va a imponer una serie de discusiones profundas, así la Corte Constitucional tumbe la reforma pensional, en Colombia va a haber reforma pensional, porque la gente no está teniendo hijos. Entonces aquí se tiene que ajustar. Si gana la derecha será de una forma; si gana la izquierda, de otra. Va a haber reforma la salud, la ley de competencias, va a estar una reforma al sistema de seguridad ambiental, ley de servicios públicos, ley ferroviaria. Entonces hay unas 16 reformas que el país va a imponer, que van a marcar 40 o 50 años de vida republicana, y yo quiero hacer parte de esa discusión. Y lo segundo es que me faltan algunas cosas por hacer, una reforma a la organización electoral, que para mí es la mamá de todas las reformas en contra de la corrupción, y nos la hundieron cuatro veces, la presenté con Humberto de la Calle; y la del agua como derecho fundamental, va en la mitad y creo que va a pasar”.
Usted decide continuar su carrera política con Alianza Verde, un partido afectado por escándalos de corrupción de algunos integrantes, como Iván Name, Carlos Ramón González y Sandra Ortiz. A su juicio, ¿qué representa hoy el partido para el electorado?
“Es una respuesta dura y compleja, el Partido Verde va a sufrir en el logo por los escándalos como el de Carlos Ramón González o Iván Name. Es algo que nos ha tocado, pero la parte buena de ese escándalo es que nos libramos de esa gente. El tema de Iván Name o de Sandra Ortiz, pues eso se sabía desde hacía muchos años, que ellos no eran como la mayoría de nosotros, del voto de opinión. Entonces nos va a castigar el voto. Pero también creo que por fin del partido logra salir de ese tipo de personajes”.
Dentro del partido hay división entre integrantes que han sido progobierno y otros antipetristas. ¿Cuál debe ser el futuro del partido? ¿Hacer una escisión?
“No, el partido intentó hacer una escisión y no salió bien. La decisión que tomó el partido es que la democracia nos va a depurar en 25 días (en las elecciones). Vamos a saber quién se quedó con el partido, si el ala más progresista o el ala más de la derecha, veremos qué pasa. A mí me dicen ‘bueno, ¿ustedes por qué no expulsan a tal senador o senadora?’, y allá ellos dicen ‘¿por qué no expulsan a ese otro senador?’. Sacar gente por pensar diferente sale muy mal, entonces la decisión que tomamos es que vamos a elecciones y la tendencia que gane pues eso se hará con el partido, porque es cierto que el partido no aguanta más como está”.
¿El partido a quién está apoyando para las elecciones presidenciales?
“Varios congresistas han tomado posiciones, sin embargo, el partido no ha declarado la libertad, que es lo que yo creo que va a pasar. ¿Qué dice un partido que declara una libertad? Que cada congresista o grupo político hará lo que quiera en el tema presidencial. Creo que eso pasará después de elecciones de marzo. Hoy veo que un 40% del partido se iría para donde Iván Cepeda, y luego un gran grupo para donde Claudia López, y otro grupo va para donde Sergio Fajardo, y tal vez algunos pocos a la consulta de la derecha. Es lo que terminará pasando”.
Y usted, en lo personal, ¿con cuál de esos presidenciables se va?
“No voy a decir nombres, para no meterme en líos jurídicos hasta que el partido no declare la libertad, pero nosotros vamos a estar seguramente en una versión progresista más tirada al centro”.
Mencionaba usted a Claudia López, Sergio Fajardo e Iván Cepeda, ¿cómo está su relación con ellos en términos políticos?
“Claudia López fue mi compañera de trabajo, diez años en la Fundación Paz y Reconciliación y la Corporación Nuevo Arco Iris. Es una mujer que admiro y quiero mucho, pero las relaciones políticas están totalmente congeladas. No converso con ella hace muchos meses, ella, cuando se retiró del partido, decidió irse. Yo no me quise ir. Ahí no hay relación. Con Sergio Fajardo, es una persona que admiro, no hemos hablado en los últimos meses, no hemos coincidido políticamente. Mantengo una buena relación con el senador Iván Cepeda, sobre todo porque fuimos compañeros en la Comisión de Paz. Él fue el presidente y yo el vicepresidente por dos años y compartimos muchos escenarios políticos de discusión. Mantengo una buena relación con ellos, tanto como con Paloma Valencia, casi siempre chocábamos en la Comisión Primera por las visiones de la vida, pero compartimos mucho y tengo una buena comunicación con ella, pero pues obviamente no voy a estar de ese lado jamás en la vida”.
¿Usted por qué no va de cabeza de lista?
“Mi cara y mi nombre no están en el tarjetón de Senado, yo soy el de la Alianza Verde con el número tres. Hubo una discusión dentro del partido Verde, un sector político no me quería de cabeza de lista. Eso se iba a formar un bloqueo. Cuando uno ve eso, el desgaste sería mucho. Entonces es mejor dar un paso al costado. Perdí y pedí el número tres. Yo la vez pasada tuve el número 69 y fui la tercera votación de mi partido. Esta vez pedí el uno y me dieron el tres. Vamos a ver si se cumple otra vez la regla”.
¿Cuál fue ese bloque interno que se opuso a que usted fuera cabeza de lista?
“El sector del gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, no quiso que yo fuera la cabeza de lista. Pues bueno, no pasa nada, esa es la vida real. Y había un sector además de la derecha más dura, que tampoco quiso”.
Algunos miembros de su partido se han arrepentido por haber apoyado al petrismo. ¿Usted hace parte de esos arrepentidos?
“Yo voté la primera vuelta por Sergio Fajardo, la segunda la voté por Gustavo Petro. Uno tiene que asumir sus decisiones políticas, eso de salir llorando y decir que se arrepiente, eso no, en política uno tiene que tomar partido. Al Gobierno Petro le valoró el manejo macroeconómico, el 8.8 de desempleo, el 5.1 de inflación. Le critico los casos de corrupción. Le valoro al Gobierno Petro lo que ha hecho por la reforma agraria y el crecimiento del campo, el 9%. Le critico esta vaina de estar cambiando ministros como cambiar de ropa interior, que hace imposible la ejecución. Al Gobierno Petro le valoro lo de la transición energética, pero le critico lo que ha pasado con la seguridad. Nosotros, los que somos de voto de opinión, tenemos la capacidad de saber qué apoyamos y qué no, por ejemplo, yo al presidente Petro le voté la reforma pensional, no le apoyé el Código Electoral, le voté la reforma laboral, y fui de los pocos congresistas que sacó un video diciéndole que no apoyaba la Constituyente. Nosotros tenemos la capacidad de ser independientes, eso que critican tanto de los Verdes, que cada cual hace lo que quiere, lo cual es cierto”.
La política de “paz total” ha sido una bandera de este gobierno y algunos la califican como un fracaso. ¿Cuál es su postura frente a la “paz total”?
“La ‘paz total’ fracasó, me duele decirlo, porque los procesos de paz abrevian el sufrimiento de la gente. Una cosa es aquí en Medellín, o en Bogotá, pero vaya a Tumaco, donde le siembran de minas las fuentes de agua, donde sus hijos tienen que pisar una mina y pierden piernas, testículos o brazos. En la vida real la paz es un buen camino y siempre voy a ser creyente en la paz, pero este proceso de la paz total fracasó. Fracasó por una tormenta perfecta, un gobierno que no tuvo método en la paz total. Nosotros les aprobamos una buena ley, la 2272, la ley de Orden Público, pero eso de haber firmado un cese al fuego sin protocolo salió mal. Fracasó también por el tema de economías ilegales, por ejemplo, cuando yo vine aquí a Remedios en mis días de investigador, a revisar el tema de la minería ilegal, el dólar valía $1.800 y la onza de oro $800.000; hoy el dólar vale el doble, $3.600, y la onza de oro vale el triple, $3.200, entonces hay una explosión de economías ilegales, con la que cualquier gobierno habría tenido problemas. Y lo otro es un periodo de fragmentación criminal, todos estos grupos se están dividiendo, como pasó luego de la desmovilización paramilitar, lo que hace imposible mantener cualquier negociación. Mal método, explosión de economías ilegales y fragmentación criminal, hicieron que la ‘paz total’ fracasara. ¿Qué va a salir bien de la ‘paz total?: los Comuneros del Sur, en Nariño, seguramente eso saldrá bien, son cinco municipios que se benefician (Samaniego, Linares, La Llanada, Vitara y Policarpa); saldrá bien lo de Tibú, Norte de Santander, con el Frente 33 de las Farc, pero apenas es un municipio. Y si de pronto hay un milagro, lo de los Comandos de Fronteras en Putumayo, que son seis municipios. Pero el paquete grande, que es el clan del Golfo, Segunda Marquetalia, Estado Mayor Central y Conquistadores de la Sierra, no salió bien. La paz total lamentablemente fracasó. Viene un periodo de guerra, pero seguramente todo esto va a terminar en mesas de negociaciones en 4 o 5 años”.
Una de las mesas de paz más particulares es la de las bandas del Valle de Aburrá. ¿Cuál es su percepción de ese proceso?
“La Ley 2272, que le otorgó al Gobierno las posibilidades de la paz, dice que hay dos caminos para hacer la paz. Está el camino tradicional, que es una negociación de paz, como la de las Farc. Es decir, usted tiene una agenda social, una agenda política, etcétera; y hay otra que es el sometimiento a la justicia, que ahí ya no hay agenda social y política, es básicamente usted entrega una información y a cambio le dan reducción de la pena. Ese es el modelo gringo, donde está lo del Valle de Aburrá, pero la Corte Constitucional dijo que de esa mesa podía la gente levantarse exitosamente cuando existiera marco jurídico para el sometimiento, y eso no se presentó (al Congreso). ¿Qué quiere decir eso? Que la mesa del Valle de Aburrá es posible que exista legalmente, pero no tiene piso jurídico. Eso no va para ningún lado”.
¿Por qué fracasó en el Congreso el proyecto para crear ese marco legal? Se intentó una vez y se hundió, y luego Gobierno desistió de proponerlo...
“Se intentó una vez y después vinieron todos los cambios de ministros de justicia, salió Ozuna, después llegó Buitrago, que volvió a rehacer la ley cuando ya estaba hecha; entonces llegó Montealegre, ahora Jorge Iván Cuervo. Como le digo, una de las cosas que le critico al Gobierno Petro es esa interinidad que tienen los ministerios y eso fue lo que falló. El Gobierno no presentó el marco jurídico, ya sea que porque no hubo acuerdos o porque no se pusieron de acuerdo por el cambio de ministros”.
¿Cuál es su balance de la cumbre presidencial entre Petro y Trump?
“Aquí hay dos conclusiones contradictorias. Es un éxito de la diplomacia colombiana evitar una cosa bochornosa, como lo que le pasó a Zelenski de Ucrania; porque llevaron al presidente Petro y la reunión salió más positiva de lo que se creía. Fue exitosa porque Colombia, manteniendo la presidencia pre-temporada de la CELAC, lidera una conversación con Trump con esos niveles de tensión. Pero es un éxito reducido, porque el presidente Petro sigue en la Lista Clinton y de la reunión no quedó nada claro, más allá de que iban a seguir conversando. Entonces hay un éxito en el corto plazo, pero en el largo plazo veo que las tensiones van a ser muy grandes todavía en lo que queda del Gobierno Petro. ¿Y si gana alguien de ellos, como Iván Cepeda, ah? Trump tiene una decisión de interferir en procesos electorales latinoamericanos y le queda Colombia, luego vienen las elecciones en Brasil. Marco Rubio, el secretario de Estado, es de los famosos que llaman halcones en Estados Unidos, aquellos que gobiernan bajo la lógica de no permitir ningún disenso ideológico. Lo mismo el secretario de Guerra (Pete Hegseth). Ellos no van a dejar que el presidente Trump deje de mirar a Colombia, a Brasil, al patio trasero. Yo no auguro una mejora en las relaciones entre Petro y Trump. Van a estar calmadas unas semanas, pero después cualquier cosa vuelve y estalla”.
¿Cuáles son los principales retos del próximo gobierno en Colombia?
“Hay tres, y de uno de ellos ningún candidato habla, y eso a mí me da una preocupación inmensa: el principal problema que tiene Colombia ahorita, que es de lo más grave que yo haya visto en mi vida, es el problema fiscal. Tenemos un hueco fiscal, un déficit de más del 7%, cuando lo permitido en la regla fiscal es el 3%. Producto de eso, Colombia ha perdido calificación de riesgo, estamos accediendo a crédito internacional a un interés muy alto. Ya hubo un recorte presupuestal brutal y la gente dice ‘corten más’. En la vida real, el 91% del presupuesto colombiano es de funcionamiento, el 9% de inversión, no hay mucho de dónde cortar. Y es probable que se caigan los decretos de emergencia económica, entonces para el presidente o la presidenta que llegue en agosto esto será dramático.
La segunda preocupación es el tema de la seguridad, que no es solo la ‘paz total’, que fracasó, sino de la seguridad de seguridad. Ningún candidato presidencial está hablando temas serios de seguridad, todos están llegando a lugares comunes. Hablan de hacer cárceles, pero ahí no está el secreto. Aquí hay que modificar el plan de vigilancia por cuadrantes, hay que hacer un esfuerzo económico para meter 10.000 nuevos policías, toca volver a crear fuerzas de tarea contra organizaciones criminales en jurisdicción nacional y nos toca crear otra vez la Brigada Militar de Inteligencia, que después del escándalo de las chuzadas del Gobierno Duque en las famosas carpetas a los periodistas, se desmanteló y nunca se volvió a crear.
Y el tercer problema es el cambio climático. ¿Por qué? Mire, Bogotá, ciudad capital, 11 millones de habitantes, y duramos ocho meses en racionamiento de agua. Se dice que desde el año 2040 esto va a ser permanente. Mira lo que está pasando en Urrá (Córdoba) con el desbordamiento y tenemos todo el río en el Valle de Sinú desbordado, y a este ritmo vamos a desbordar La Mojana. Este país va a tener que gastar gran cantidad de plata en diques”.
¿Y cuáles van a ser los retos del próximo Congreso?
“Muchos, yo creo que va a ser más importante elegir Congreso que elegir Presidente. Este país va a vivir unas 15 grandes reformas independientemente de si gana la derecha, la izquierda o el centro. Una de ellas es la pensional: hoy la tasa de natalidad está en 1.6, aceptable es 2.1 por mujer, cada vez tenemos gente más vieja que vive más tiempo y cada vez menos jóvenes.
El sistema de salud está colapsado, está endeudado, reforma a la salud va a haber. También ley ferroviaria, ley de Servicios públicos, la ley de competencias, que es la más importante de todas, la reforma al sistema de seguridad ambiental y otras”.
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