Afianzar conocimientos, entender nuevas culturas, adaptarse a otros ambientes y costumbres, conocer personas de distintas partes del mundo, intercambiar saberes, ejecutar proyectos y aprender otro idioma, son algunos de los beneficios que usted podría obtener al participar de las alianzas que las universidades tienen alrededor del planeta.
¿Qué son?
Las alianzas o convenios permiten, en esencia, que tanto estudiantes de pregrado y de posgrado y, en algunos casos también de docentes, movilizarse en los diferentes países y universidades entre los que se ha hecho un acuerdo académico. Eso le concede, por ejemplo, a un estudiante de pregrado ir, cursar unas materias allá, regresar y se le homologan. Se hace entonces un acuerdo académico y de voluntades en el que se reconoce que esa universidad es el par y colaborador en términos de desarrollo de un proyecto universitario.
¿Para qué sirven?
Esos mismos convenios, señala Miguel Ángel Betancur, director de Relaciones Internacionales e Interinstitucionales de la Universidad Pontificia Bolivariana, “pueden servir para proyectos de investigación. Es decir, entre ambas universidades pueden buscar a través de sus académicos áreas comunes de innovación, impacto social, de tecnología y hacer proyectos conjuntos de investigación donde habrá un par académico allá y otro acá, y van a estar trabajando juntos para generar una publicación, un artículo, un libro, un proyecto específico para la industria”.
Beneficios
Este tipo de alianzas no solo permite hacer proyectos de formación continua o proyectos de alcance académico extracurriculares como por ejemplo, muestras del país anfitrión en el de destino y viceversa. Para el estudiante puede significar un desarrollo de su plan académico, un proyecto de investigación, una pasantía investigativa que al regreso también tiene validez acá.
La interculturalidad, señala Betancur, es también un gran beneficio que se obtiene de este tipo de convenios.
“No se trata solo de estar tres o cuatro días en otro país; se trata de vivir esa cotidianidad, que es aprender a ver cómo piensan, cómo viven, cómo es el entorno, cómo se mueve esa ciudad y si se conocen ese tipo de cuestiones, es una gran ventaja. Las profesiones exigen, cada vez más, un proceso de adaptación, manejo de segunda lengua, entre otras cosas”.
Para Milena Mejía Velásquez, jefa de División de Relaciones Internacionales de la Universidad de Medellín, estas alianzas se traducen en beneficios en pro de la calidad de la educación.
“La transferencia de conocimientos nos permite que nosotros siempre nos estemos enterando que está pasando en el mundo académico, en un área específica, y que también esos estudiante se estén beneficiando de ello, por medio de esa formación en el exterior”.
¿Para quiénes son?
La universidad de destino exige unos promedios que el estudiante debe cumplir. La escala va de A1 y C2. El dominio de un segundo idioma (en algunos casos hasta de un tercero), también es muy importante.
El postulante debe estar en la capacidad de costear alimentación, pasajes, entre otros; sin embargo, señala Mejía, existen algunos países que ofrecen becas. También, instituciones que ofrecen préstamos y, a nivel estatal, está la Alianza Pacífico.