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Así es el inmenso archivo del noticiero 24 Horas que custodia ‘Pachito’: un laberinto de 10.000 cintas

Fue testigo del cubrimiento de los asesinatos de Luis Carlos Galán y su jefe Álvaro Gómez Hurtado. Hoy protege 10.000 cintas y ocho libros de inventario que él mismo ha escrito a mano.

  • En su casa, en el sur de Bogotá, José Francisco Rincón conserva computadores viejos donde mantiene el archivo que ha digitalizado de 24 Horas con apoyo de discos duros. Foto: Víctor Cabezas
    En su casa, en el sur de Bogotá, José Francisco Rincón conserva computadores viejos donde mantiene el archivo que ha digitalizado de 24 Horas con apoyo de discos duros. Foto: Víctor Cabezas
hace 18 horas
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Hay un pasillo de la Universidad Sergio Arboleda donde la historia de Colombia espera en cerca de 10.000 casetes en más de 200 cajas, algunos marcados con letras descoloridas, otros cubiertos por el polvo. Quien sabe qué tesoros hay ahí grabados; no es un archivista de bata blanca ni un historiador: es José Francisco Rincón Clavijo. Todos lo conocen como ‘Pachito’.

A sus 72 años todavía camina entre esas cajas, como quien recorre una casa que ayudó a construir. No necesita consultar un inventario para recordar dónde está un discurso de Álvaro Gómez Hurtado, un reportaje de Javier Darío Restrepo o las imágenes de la toma del Palacio de Justicia, el 6 y 7 de noviembre de 1985.

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La memoria la tiene en los ocho cuadernos que escribió a mano y organizó durante años, pero también en la cabeza. Pachito suele decir que él no estudió periodismo. Ni siquiera terminó la carrera de Ingeniería Civil que empezó en la Universidad Gran Colombia.

La economía de su familia no se lo permitió. Entonces hizo de todo: vendió ropa, carros, llevó cuentas en una cooperativa y manejó taxi durante décadas. Fue precisamente un taxi el que cambió su vida.

En 1986 un amigo le pidió reemplazarlo por unos días transportando al personal del antiguo Noticiero 24 Horas de Álvaro Gómez Hurtado y su familia, por donde pasaron estrellas de la televisión colombiana como Margarita Rosa de Francisco, María Elvira Arango (hoy directora de Los Informantes), Juan Eduardo Jaramillo, Virginia Vallejo, César Augusto Londoño y Mauricio Gómez, entre otros.

Parecía un trabajo temporal. Nunca imaginó que terminaría quedándose más de una década, hasta el cierre del noticiero el 31 de diciembre de 1997. Mientras otros conductores esperaban dentro del carro, él se bajaba a ayudar. Un día arregló unas lámparas. Después reparó un baño. Más adelante construyó escritorios, instaló aires acondicionados y adecuó cabinas de edición.

”Yo me volví el ‘todero’ del noticiero. Acompañaba a los periodistas a cubrimientos, ajustaba cosas en la sede, de todo”, dice Francisco en diálogo con EL COLOMBIANO.

Nadie se lo pidió. Simplemente veía algo dañado y lo arreglaba. Así dejó de ser “el taxista” para convertirse en el hombre que resolvía cualquier problema.

Dentro del noticiero terminó haciendo de todo. Cargaba trípodes para los camarógrafos, montaba luces, acomodaba la corbata de un entrevistado antes de salir al aire y aprendió a manejar el teleprónter cuando hacía falta alguien en producción.

Durante años acompañó las emisiones que presentaban Margarita Rosa de Francisco y César Augusto Londoño sin aparecer nunca en pantalla. Los periodistas también encontraron en él un apoyo permanente. Javier Darío Restrepo lo llevaba con frecuencia a cubrir reportajes.

‘Pachito’ lo admiraba profundamente. Dice que aprendió observándolo trabajar, viendo cómo preguntaba y cómo escribía.

En el año 2000, tras el cierre de 24 Horas, comenzó a digitalizar el archivo, por su cuenta y con apoyo de algunas personas de la familia Gómez, como Mauricio y María Mercedes, dos hijos de Álvaro.

Una de sus prioridades fue rescatar toda la obra periodística en video de Restrepo, convencido de que las nuevas generaciones deben conocer ese legado.

Con María Elvira Arango la relación trascendió la oficina. Es madrina de su matrimonio con Norma Martínez (auxiliar contable) y todavía, de vez en cuando, lo llama para preguntarle si en aquellos casetes olvidados existe alguna imagen que nadie más conserva.

Su vínculo con la familia Gómez fue todavía más estrecho. Recuerda a Álvaro Gómez Hurtado (tío del hoy ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez, y del senador electo, Enrique Gómez) como un hombre sencillo, que saludaba a todos cuando recorría las oficinas del noticiero. Nunca lo vio intervenir en las decisiones periodísticas. Y con Mauricio Gómez la confianza fue absoluta.

El archivo y el fragor de la noticia

Durante los años más violentos del narcotráfico, cuando las amenazas obligaban al director del noticiero a extremar medidas de seguridad, era ‘Pachito’ quien lo sacaba escondido en su Renault 12. Mauricio Gómez, recuerda Francisco, reclinaba completamente el asiento del copiloto para que desde afuera pareciera un taxi vacío. Así lograban salir del edificio sin llamar la atención.

Con Álvaro José Gómez, también hijo de Álvaro Gómez H., incluso compartió negocios. Llegaron a tener once taxis.

Cuando el noticiero desapareció y muchos empleados acudieron a demandas laborales para reclamar lo que les debían, ‘Pachito’ decidió no hacerlo. Sentía que la familia Gómez siempre lo había tratado con respeto y no quiso romper ese vínculo.

Su historia también quedó atravesada por algunos de los episodios más duros del país. La noche del asesinato de Luis Carlos Galán todavía la recuerda con precisión. Apenas escuchó la noticia condujo a toda velocidad hasta las instalaciones del noticiero, recogió las cámaras, llamó al administrador para avisarle y salió por el camarógrafo Aurelio Valencia.

“Yo me acuerdo perfectamente de esa noche porque estaba por la avenida 68 cuando ocurrió todo. Me devolví volando y subí por la calle 53 ‘como un tiro’ para llegar pronto a la sede del noticiero. Como me tenían mucha confianza, yo mismo saqué las cámaras del lugar. Llamé al administrador, él me autorizó a llevármelas y entonces fui a recoger a Aurelio Valencia, que era un excelente camarógrafo. En el camino nos encontramos con una ambulancia que venía con una comitiva muy grande y sacamos la conclusión de que ahí traían al doctor Galán”, afirma ‘Pachito’.

Agrega: “Dimos la vuelta como pudimos y nos fuimos detrás de la ambulancia hasta que llegamos al Hospital de Kennedy. Nos quedamos allí con Aurelio toda la noche, hasta que a la madrugada nos avisaron oficialmente que el doctor había fallecido”.

Cubrir noticias significaba muchas veces correr hacia el peligro mientras los demás escapaban. El crimen de Álvaro Gómez, su entonces jefe, también lo marcó para siempre.

“Cuando mataron al doctor Álvaro Gómez Hurtado, yo me encontraba precisamente con Diana Sofía Giraldo, quien en ese entonces era la directora del noticiero. Estábamos en la Universidad Sergio Arboleda porque a ella le habían ofrecido ser la decana de Comunicación Social de esa institución. Recuerdo muy bien que salimos precipitadamente de la universidad cuando ocurrió todo”, cuenta el custodio del archivo de 24 Horas.

Después del asesinato de Álvaro y del cierre definitivo de 24 Horas, el archivo quedó sin rumbo. Miles de casetes fueron trasladados de un lugar a otro: garajes, bodegas, oficinas improvisadas y, finalmente, los pasillos de la Universidad Sergio Arboleda. Muchos pensaban que eran simples cintas viejas.

‘Pachito’ veía otra cosa: para él ahí estaba la historia reciente de Colombia. Por eso es que desde comienzos de los años 2000 asumió casi en solitario la tarea de organizar cerca de 10.000 casetes en formatos Betacam, UMatic, VHS y Betamax, además de miles de rollos de película en blanco y negro.

Elaboró ocho libros de inventario donde registró, uno por uno, el contenido de cada caja. Si alguien necesita encontrar imágenes del Palacio de Justicia, de la toma de la Embajada Dominicana, de un discurso político de los años setenta o de una cobertura de Javier Darío Restrepo, él sabe exactamente dónde empezar a buscarlos. La pelea, sin embargo, ha sido contra el tiempo. La humedad empezó a cubrir las cintas con moho. De hecho, algunas quedaron prácticamente destruidas.

Cuando los casetes del Palacio de Justicia aparecieron escondidos entre materiales de construcción, el panorama era desolador. Entonces volvió a hacer lo que había hecho toda su vida: improvisar soluciones.

Compró máquinas usadas con su propio dinero, mandó reparar reproductores que ya nadie sabía arreglar e incluso fabricó pequeños dispositivos para rebobinar y limpiar las cintas manualmente. Una por una. Casete por casete.

Gracias a ese trabajo silencioso ha logrado digitalizar alrededor de dos mil cintas. La primera colección completa que rescató fue la dedicada a Álvaro Gómez Hurtado. Después siguieron periodistas como Javier Darío Restrepo y buena parte del archivo histórico del noticiero. Nunca habla de esa tarea como una hazaña. La cuenta como si fuera simplemente su obligación.

Hoy vive de los arriendos de su casa y todavía conserva el taxi que manejó durante más de tres décadas. Día de por medio lo conduce. Pero la mayor parte del tiempo sigue pendiente del archivo.

Su preocupación ya no es encontrar una cinta. Es hallar quién quiera recibirla. Sueña con que una institución capaz de conservar patrimonio audiovisual asuma la custodia de esos 10.000 casetes, con la gestión de la familia Gómez, antes de que la humedad lo acabe todo.

Siga leyendo: La historia de admiración de De la Espriella por Álvaro Gómez y el legado que busca preservar en su gobierno

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