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Antioquia | PUBLICADO EL 04 julio 2022

Tras un año de olvido, Villatina le pide a Quintero que dé la cara

La comunidad conmemoró un año de un deslizamiento que dejó a 13 viviendas con orden de desalojo y 2 vehículos dañados. La ola de lluvias acrecentó el problema.

  • Tras un año de no abocar la solución del problema en el talud, el terreno sufrió socavación y la semana anterior hubo nuevos desprendimientos de tierra desde la montaña. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Tras un año de no abocar la solución del problema en el talud, el terreno sufrió socavación y la semana anterior hubo nuevos desprendimientos de tierra desde la montaña. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
  • Tras un año de no abocar la solución del problema en el talud, el terreno sufrió socavación y la semana anterior hubo nuevos desprendimientos de tierra desde la montaña. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Tras un año de no abocar la solución del problema en el talud, el terreno sufrió socavación y la semana anterior hubo nuevos desprendimientos de tierra desde la montaña. FOTO MANUEL SALDARRIAGA

Las cosas más insólitas en cuanto a la atención de una emergencia pasan en Villatina, que históricamente ha sido uno de los barrios más pobres de Medellín, ubicado en la mitad de las montañas del oriente de Medellín, y por ello precisamente su cotidianidad ha estado asociada a las tragedias.

¿Quién olvida la de hace 35 años (27-09-1987), cuando un deslizamiento de tierra sepultó a cerca de 500 personas y 270 casas?

Pero como si fuera un sino fatal, hace un año otro sacudón de la tierra ocurrido el 22 de junio volvió a sembrar ruina sobre este barrio de obreros, venteros ambulantes, estudiantes soñadores y madres cabezas de hogar que a fuerza de muchas luchas levantaron sus casas sobre empinadas laderas que antaño fueron bosques y más atrás territorio de indígenas que oraban en el cerro Pan de Azúcar y desde allí divisaban el valle.

Este deslizamiento, por fortuna, no causó víctimas, “pero fue más por cosa de Dios”, como dice un habitante, que por el fenómeno en sí, pues el riesgo fue tal que trece familias debieron abandonar sus casas para prevenir la desgracia: “Mi mamá trabajó muy duro en casas de familia para levantar la casita, poco a poco le fue metiendo hasta que la terminó”, cuenta Elkin de Jesús Berrío, un hombre de 53 años, enfermo de epilepsia y otros males por los cuales ha sido declarado discapacitado y cuya familia es una de las que debieron salir de sus predios para evitar la muerte.

Su madre, que hoy tiene 88 años, que ganó la pensión solo cuando tenía 82 después de hacer muchas vueltas para que se le reconociera este derecho, y cuya salud se ha deteriorado por verse obligada a dejar su casa, espera que la alcaldía cumpla con su obligación no solo de solucionar el riesgo que dejó el deslizamiento sino también con todo lo que les adeuda a ella y a las demás familias afectadas.

Que manden caciques

La desazón por la manera como la administración ha encarado este problema es tal, que William Restrepo, vocero de los afectados y presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) del barrio, dice que ya se les llenó la taza y se les acabó la paciencia.

“Desde el día del deslizamiento vino el Dagrd. Dijeron lo que había qué hacer para arreglar el problema, pero después de un año no han cumplido nada y dejaron que esto se creciera más”.

Fue tal la desesperación acumulada tras un año de desidia, que el pasado miércoles, al cumplirse un año y 10 días de la emergencia, los vecinos se tomaron el sitio, (calle 52, entre carreras 14 y 15) y celebraron el aniversario con música y bombas de colores.

“Acá necesitamos que venga el cacique (se refieren al alcalde Daniel Quintero), no tantos indio que no toman decisiones, ellos mismos le dicen a uno que saben el problema y las soluciones, pero que no les dan plata y no pueden hacer más”, repite don William, a quien las únicas fuerzas que no se la agotan son las de luchar por su gente, su territorio. Tiene la memoria ancestral de quienes poblaron la zona.

A su lado están el morro cubierto con plásticos negros. Las casas casi colgando de la cima a punto de caer. Las viviendas de abajo, cuyas familias temen que en la caída de más tierra o de las casas la desgracia también las alcance. Y los rostros adustos y muy tristes de la gente.

“Yo sí me quedé en la casa, toda mi familia se fue, que pase lo que tenga que pasar, no me voy de lo mío”, advierte Juan Henao, otro adulto enfermo y con muchas huellas de sufrimiento en su rostro.

Cuentan las familias que para que desocuparan sus casas les prometieron pagarles arriendo temporal. Empezaron aportándoles $350.000, pero solo cumplieron dos o tres meses. Han pagado de sus cuentas los arriendos, obviamente mucho más caros, a $600.000 o más, aseguran Juan Fernando, Elkin de Jesús y el presidente de la JAC.

Mientras tanto, a las casas dehabitadas siguen llegando cuentas de servicios e impuestos. ¡Vaya a saber quiénes pagan y quiénes no! Conociendo las realidades de su población, toda de estratos 1, 2 y máximo 3, fácilmente se colige que muy pocos.

“Es que no haber hecho nada en tanto tiempo ya pasó factura. Antes esto se solucionaba con un muro y repotenciando las casas, pero con tanto invierno ya hay socavación, las casas tienen grietas y hay que demolerlas, y la deuda acumulada con las familias es mayor”, advierte William.

Dicen los vecinos que no dejarán abrir la vía, que el barrio está unido y que si ya aguantaron lo más no tendrán problema en aguantar lo menos. Para la alcaldía la ecuación puede ser a la inversa: lo de menos fue olvidarlos y tratarlos como personas de tercera o de última categoría. Lo demás será la solución y las inversiones que el caso demanda. Decisiones que deberán tomar los “caciques”. A los “indios” ya no les creen.

Contexto de la Noticia

Paréntesis La mesa técnica analiza el tema

Wálter Pérez, subdirector de Conocimiento y Reducción de Riesgos de Desastres del Dagrd, dijo sobre el particular que tras un año de la emergencia, el movimiento en masa sufrió una reactivación que ocasionó la pérdida de la banca del andén en la corona del talud. Expresó que tras el análisis, le transfirió el caso a la Secretaría de Infraestructura Física de la alcaldía para que asumiera el retiro del material de la vía y así rehabilitar el carril. “El caso fue llevado a la Mesa Técnica, en la que participan el Dagrd y las secretarías de Infraestructura y Medio Ambiente, donde se espera generar una ruta de atención en el corto y el mediano plazo”. Entre tanto, la zona permanece acordonada con presencia de un guarda de tránsito y dos uniformados de la Policía. La comunidad instaló carpas y allí se reúnen los afectados a esperar soluciones reales y de fondo.

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.

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