Aunque se retiró del estudio cuando cursaba el grado 7, Paola González no siente arrepentimiento de haberlo hecho y en su mente no está, por ahora, retornar a clases, pues no siente motivación ni quién la impulse.
-Me salí porque tenía malas calificaciones y entré tarde, cuando ya iba a acabar el primer periodo, y se veían muchas cosas de los otros periodos, entonces no seguí-, relata esta jovencita residente en un barrio de la Comuna Noroccidental de Medellín.
Tiene 15 años cumplidos y aunque maneja su vida con cierta autonomía, aún está a cargo de los padres. Ellos, sin embargo, que debían motivarla a retomar los estudios, no hacen fuerza.
-En ese momento había que firmar unos contratos, pero mi mamá no se preocupó, nadie se preocupó por mi estudio y me relajé-, comenta Paola, aunque admite que su padre sí le ayudaba en algo: “él sí cumplía pero con los útiles y los uniformes”, añade.
Paola es el típico rostro de la deserción escolar: jovencitos que, en su adolescencia y preadolescencia, no tienen mucha motivación para estudiar y sufren el agobio de una familia descompuesta en la que los padres se separaron y cada uno vive situaciones nuevas, dejándola a ella en segundo plano de sus prioridades y afectos.
Según las últimas cifras de la encuesta de Calidad de Vida Medellín Cómo Vamos -correspondientes a 2013-, la principal causa por la que se retiran los estudiantes entre los 5 y los 16 años son motivos familiares, con el 47,1%, seguida de No le gusta/no le interesa el estudio, con el 17,9%.
El indicador principal es muy alto si se tiene en cuenta que en 2012 los motivos familiares fueron solo el 15,7% después de No le gusta/no le interesa el estudio, que lideró los motivos ese año, con el 21,3%.
En 2004, la principal causa de abandono era la falta de dinero, en tiempos en los que aún la educación oficial no era gratuita para todos.
Según la misma encuesta, la tasa de deserción en el sector oficial en Medellín trae una tendencia descendente desde 2004, con una disminución del 24,13% (1 punto porcentual) entre ese año y el 2013, al pasar de 4,11% a 3,11%.
El nivel en el que se presentó el mayor descenso es en primaria, con una disminución del 34,8% (1,26 puntos porcentuales), al pas ar de 3,62% a 2,36%, seguido por la educación media, con el 28.3% (0.94 puntos porcentuales), pasando de 3,34% a 2,39%. En números, los desertores pasaron de ser 13.335 en 2004 a 10.070 en 2013.
Las cifras, aunque registran indicadores menos negativos en los últimos años, no dejan de preocupar a las autoridades, pues el ideal es que en la ciudad ningún joven quede por fuera del sistema educativo, más teniendo en cuenta que hoy día las facilidades para estudiar son incomparables con las que se tenían años atrás: hay más colegios en los barrios, y en ellos se trata de ubicar a los estudiantes para que se eviten gastos como el de transporte y refrigerios. Hay incluso restaurantes escolares que proveen desayunos o almuerzos, lo que dos décadas atrás apenas se insinuaba.
Gloria Figueroa, subsecretaria de Planeación Educativa de la Secretaría de Educación de Medellín, expone que la idea es combatir la deserción a través de diferentes estrategias que, de un lado, mantengan cautivo al estudiante en las aulas, y del otro, atraer a los que se han ido para que encuentren en las aulas elementos adicionales a las meras materias académicas.
“Aunque el 3,1% es la cifra más baja de la historia en deserción escolar, se trabajan estrategias con los jefes de núcleo y rectores buscando focalizar la situación. A veces se sabe que un estudiante se retiró, pero lo importante es saber quién es, por qué se retiró y a partir de ese conocimiento visualizar estrategias para retornarlo”.
Una de las principales formas de mantener cautivo al estudiante es la Jornada Complementaria, que la tienen varias instituciones de la ciudad y que Figueroa lo califica como el “programa bandera” de la Administración Municipal para bajar la deserción.
“Con él, buscamos que los estudiantes encuentren razones para seguir en actividades de interés personal. Lo hacemos a través de talleres de robótica o en los que ellos desarrollen habilidades deportivas, musicales, pero es una apuesta en la que participan diversas dependencias, como Cultura, el Inder, todo apuntando a que el estudiante vea que en las aulas no solo hay estudio sino maneras de divertirse aprendiendo”.
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