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Antioquia | PUBLICADO EL 28 noviembre 2022

El prócer antioqueño más culto cumple 200 años en el olvido

La única arma que empuñó Francisco Antonio Zea fue la de la cultura, con la que ayudó a la creación de la República de Colombia.

  • Aunque Francisco Antonio Zea fue periodista, prócer y científico, pieza fundamental de la Independencia, ha caído en el olvido. Esta es su deteriorada estatua. FOTO jaime pérez.
    Aunque Francisco Antonio Zea fue periodista, prócer y científico, pieza fundamental de la Independencia, ha caído en el olvido. Esta es su deteriorada estatua. FOTO jaime pérez.
  • La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.
    La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.
  • Aunque Francisco Antonio Zea fue periodista, prócer y científico, pieza fundamental de la Independencia, ha caído en el olvido. Esta es su deteriorada estatua. FOTO jaime pérez.
    Aunque Francisco Antonio Zea fue periodista, prócer y científico, pieza fundamental de la Independencia, ha caído en el olvido. Esta es su deteriorada estatua. FOTO jaime pérez.
  • La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.
    La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.
Por Rodrigo PuyoColaboración especial

Hoy hace 200 años falleció en Bath, Inglaterra, uno de los más importantes próceres de la independencia, el antioqueño Francisco Antonio Zea. En una mirada integral a la vida de Zea aparecen, cuando menos, tres facetas de trascendencia: la primera, como periodista, la segunda -aún más desconocida-, como hombre de ciencia, y una tercera, en su luminoso quehacer o tránsito por lo público.

Zea, nacido en Medellín el 23 de noviembre de 1766, adelantó sus estudios de jurisprudencia inicialmente en Popayán, teniendo como guía a otro singular hijo de Antioquia, José Félix de Restrepo, a quien se le debe el reconocimiento como el mayor apóstol de la abolición de la esclavitud, primero en Antioquia, en compañía de Juan del Corral y, nacionalmente, en los célebres debates del Congreso de la Villa del Rosario de Cúcuta, al inicio de la nacionalidad política.

La formación de Francisco Antonio Zea continuó en el colegio de San Bartolomé y al poco andar fue llamado por el primer científico que tuvo el país, José Celestino Mutis, como su segundo en la Expedición Botánica, aventura intelectual de los ilustrados colombianos que superó con creces a las otras expediciones emprendidas en la Nueva España y en el Virreinato del Perú.

En ese entonces, comienza su labor científica al lado de Mutis, que acompañó con una ferviente actividad periodística, bajo el seudónimo de Hebephilo, oficio a través del cual propuso una revolucionaria reforma educativa. En esta época es relevante su trabajo en la ciencia, particularmente en la botánica, disciplina que lo llevó a profundizar en las propiedades de la quina, tan importante en ese entonces. Estos empeños se vieron interrumpidos por el llamado Proceso de los Pasquines que se adelantó contra el precursor Antonio Nariño y su círculo cercano, por la traducción de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Este proceso termina con el destierro de Zea a Cadiz, España, y con el final de sus trabajos en la expedición, mas no con su amistad con Mutis.

El presidio fue benévolo y terminó con su rehabilitación y con el posterior reconocimiento de su condición socialmente privilegiada. Se trasladó a Madrid y posteriormente a París bajo el auspicio de Antonio José Cavanilles, su protector en la península, amigo de Mutis y director del Jardín Botánico. Las amistades del director y de Mutis le facilitaron establecer nuevas relaciones e ingresar al recién fundado Instituto Nacional de Francia, en París, centro entonces de la ciencia y del saber occidentales. Se aproximó a Humboldt, a Cuvier, a Ventenant el botánico, al químico Vauquelil y a La Place y a los principales representantes de estos conocimientos.

Después de dos años de permanencia en la Ciudad Luz regresó a Madrid donde fue designado subdirector del Jardín Botánico y, al poco tiempo, al morir el director y amigo Cavanilles, lo reemplazó y se desempeñó como director en propiedad en el periodo 1804-1808.

La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.
La estatua está en medio de una zona muy deteriorada socialmente de la ciudad. Foto: Jaime Pérez.

Estos fueron años de gran producción intelectual. Sus discursos de apertura anual de labores en los cuales hablaba sobre la botánica y la flora, sobre la necesidad de aplicaciones prácticas de estos conocimientos, y su propuesta de crear veinticuatro jardines botánicos en la península y de reformar la expedición de la Nueva Granada, fueron parte de sus labores, a las cuales se sumaba nuevamente su trabajo periodístico en la Gaceta y el Mercurio, los principales medios cultos del Madrid de comienzos del siglo XIX.

Su paso como director del jardín botánico de la capital del reino, sin duda la más importante autoridad científica y cultural de la península, concluyó por la presencia napoleónica en España, pues el granadino y antioqueño participaba en la corriente política de los llamados afrancesados y como tal suscribió la Constitución de Bayona. Además, fue encargado de funciones en el Ministerio del Interior y del Gobierno de la Provincia de Málaga: era un verdadero protagonista de los sucesos peninsulares. Al finalizar la presencia francesa en España, tuvo que desplazarse forzosamente a Inglaterra y, finalmente, como era su patriótico deseo, a las Islas del Caribe, Haití y Jamaica, en busca de Bolívar, a quien no conocía. Allí se inició su amistad y cercanía con el Libertador, que fue decisiva para el retorno de este a Venezuela, después de una gran crisis personal del héroe.

En la entonces semi liberada Capitanía de Venezuela, Zea se constituyó en el mayor referente de las actuaciones de los independentistas. Incluso fue determinante su aliento a Bolívar en la toma del mando de los ejércitos libertadores. Allí, en Angostura, este, el más culto de nuestros próceres, volvió a ejercer el periodismo en el Correo del Orinoco, publicación que recogía el pensamiento de los revolucionarios. Allí se constituyó en el artífice de la Convención de Angostura, en la cual, como Vicepresidente Delegado de Cundinamarca y con Bolívar como Presidente, suscribió la Constitución y, en una emocionada oración, proclamó por primera vez la existencia republicana de Colombia.

Una vez consolidada la independencia, el Libertador lo designó para realizar varias tareas de gran dificultad en el extranjero, como la de obtener el reconocimiento internacional del nuevo Estado, en lo cual colaboró con éxito en Inglaterra, y en la obtención de préstamos o créditos necesarios, pero difíciles de gestionar por impagos y malas gestiones de los anteriores delegados. Santander, poco afecto a Zea por su cercanía con Bolívar, fue crítico de su gestión, y el Libertador, evitando una confrontación más con su vicepresidente, no salió en defensa de aquél. En resumen, Zea fue víctima del enfrentamiento entre los padres de la nacionalidad.

En el prólogo de la magnífica biografía de Zea del historiador Roberto Botero S., el gran Germán Arciniegas reivindicó las actuaciones de este ilustrado granadino y, en igual sentido, se pronunció la historiadora Diana Soto Arango, en el más completo relato de la vida de este distinguido antioqueño. La última de las tareas que realizó en el extranjero fue la conformación de la primera misión científica del país, constituida por sabios como Boussingault y el científico peruano Mariano Rivero, la gloria intelectual inca del siglo XIX. Esa misión, que pudo conformar por sus relaciones parisinas, originó el estudio de la ingeniería civil y la conformación del Museo Nacional, establecido en 1823. No puede olvidarse su exaltación a la mujer en su escrito sobre Policarpa Salavarrieta, la heroína de Guaduas, tal vez, el primer escrito público de exaltación femenina de la República.

Zea conforma, con José Félix de Restrepo y José Manuel Restrepo, el mayor aporte cultural de la región a la independencia. Sin armas, sólo con su apelación a la cultura, fueron abanderados de la libertad. La celebración de los doscientos años de la muerte de Zea debe ser el inicio del rescate de su injusto olvido nacional y antioqueño. No tiene explicación que el más destacado hombre de ciencia de la independencia, el gran iniciador de nuestro derecho público, la insignia del periodismo republicano, permanezca en el ostracismo y en un descuido similar al de su escultura, esculpida por el maestro Marco Tobón M., al de la calle que lleva su nombre, al de su casa natalicia y al de su tumba, que yace en otras tierras

1766
es el año de nacimiento del prócer, político y botánico Francisco Antonio Zea.

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