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En Amagá enseñan a leer y escribir con “magia” de la radio

Proyecto nacido de locutora local busca brindar educación básica a residentes de este municipio y de Antioquia.

  • La Voz de Amagá se convirtió en uno de los principales espacios educatios para niños y adultos en este municipio. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    La Voz de Amagá se convirtió en uno de los principales espacios educatios para niños y adultos en este municipio. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
  • Los adultos mayores de Amagá, muchos que no sabían ni poner su firma, han mostrado evolución en sus procesos de lectura y escritura a través de esta iniciativa. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Los adultos mayores de Amagá, muchos que no sabían ni poner su firma, han mostrado evolución en sus procesos de lectura y escritura a través de esta iniciativa. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
hace 4 horas
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Concentrada en el texto de la legendaria cartilla Nacho Lee, Estefanía Torres Celis fue leyendo en voz alta, de manera pausada y tranquila, la lección del día. Moduló su voz para hacerlo sin prisas, estirando deliberadamente vocales y consonantes. “La essseee y la aaaa suenan saaaa. Hay palabras con saaaa como saaapooo, saaacoo y saaalaaa”, dijo.

Por curioso que parezca Estefanía no es una maestra, en el estricto sentido, que le esté brindando su lección a un grupo de pequeños estudiantes. Al contrario, habla en la cabina de La Voz de Amagá, emisora desde la que se ha propuesto la noble misión de enseñarle a leer y a escribir a las personas por medio de la “magia” de la radio.

El proyecto, que emula otra gesta educativa del país e impulsa el aprendizaje en lugares recónditos, ya ha alcanzado notables resultados que más allá de masivos números de “alfabetizados”, ha traído gran bienestar a quienes participan de las clases.

Todo por una rifa

Estefanía es jovencísima, pero habla con gran propiedad de temas radiales y educativos. Ella, quien también es normalista de Fredonia, es la locutora de la emisora comunitaria y el próximo 21 de agosto ajustará un año tras las consolas.

El proyecto educativo que lidera se llama escuela radial Voces del Territorio. Según detalló la idea le nació en septiembre, cuando notó la alta cantidad de residentes de Amagá que no tuvieron la oportunidad de aprender a leer y a escribir.

“Pasó algo muy particular; un almacén que es gran aliado a la emisora estaba haciendo una rifa y el medio para que la gente se inscribiera era WhatsApp. Eso todo el mundo era mandando mensajes de voz o llamando. Lo que hizo que el WhatsApp se ‘colapsara’. Yo le decía a la gente que si por favor en vez de mensajes más bien dejara un mensaje de texto. Entonces, muchos adultos decían: ‘no le puedo dejar el mensaje escrito porque no sé leer ni escribir’”, narró.

Otra prueba del analfabetismo en el municipio fue un día que el despacho parroquial estaba cerrado.

“Un día vino un señor y me preguntó que si era que ese día no abrían. Yo le dije: ‘Mi señor, no. Ahí está el aviso de que no atienden en este momento’. Y el señor como con pena me contestó: ¡Ah! Es que yo no sé leer”, detalló.

Todo ese resto de 2025 Estefanía comenzó a “cranearse” el modo de enseñarle a la gente a leer y a escribir. Para esas fechas estaba estudiando locución en el Instituto Metropolitano de Educación. Entre clases buscaba alguna solución para su idea. Fue entonces que conoció un referente histórico de la educación del país: Radio Sutatenza. Esa emisora boyacense que en la década de 1940 se las arregló para no solo alfabetizar sino que la gente se educara formalmente escuchando radio. Ahí se le prendió el bombillo, y Estefanía comenzó a indagar por la metodología de la emisora, aprovechando también su educación como normalista.

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En diciembre ya tenía clara la idea: en plena era de la información, la radio sería la “maestra” en las lejanas veredas de Amagá. Le presentó su proyecto al padre Diego Ortiz Ruiz, en ese entonces director de la emisora, y a Ecosura, red de emisoras del Suroeste y Occidente de Antioquia.

También le presentó el proyecto a las directivas de la Escuela Normal Superior Amagá, del municipio, quienes aceptaron gustosas participar en el mismo, toda vez que la Normal lleva más 20 años alfabetizando en el territorio por medio de visitas de sus institutores.

“Iniciamos la convocatoria, yo había identificado algunas personas. Las empecé a llamar todos los días muy insistente. Empecé por la emisora a hacer las cuñas aclarando que sería con la Normal, que era gratis. En ese momento no sabíamos ni días, ni horarios, nada, pero nos aventuramos”, añadió.

Estefanía detalló que uno de sus miedos era que nadie participara porque muchos adultos le habían expresado que “loro viejo, no aprende”, o simplemente las afugias de cada día no los dejaban participar.

“Mi sorpresa fue absoluta cuando a inicios de febrero llegaron muchos adultos mayores, sobre todo mujeres, a inscribirse. Ellas llegaron muy tímidas al principio pero muy decididas a aprender. Recuerdo mucho a doña Socorro, del sector El Mango. Cuando llegó dijo: ‘Yo quiero aprender porque yo no sé ni cual es la O’. Ahí me di cuenta que este proyecto vale mucho la pena”.

Al final se matricularon 10 personas –hoy son más de 14– que arrancaron sus clases el pasado 11 de febrero en el salón parroquial de Amagá. Ese día en cada pupitre, Estefanía les dejó un pequeño kit de cuaderno, lápiz, lapicero y borrador que también tenía una pieza gráfica que rezaba: Aquí se empiezan a escribir los sueños.

En esa primera clase se definió la metodología. Por un lado, se brinda una clase de una hora que se emite por la emisora los martes y los jueves de 2:00 p.m. a 3:00 p.m. Pero además, se hace una clase de refuerzo los jueves en las tardes, en la sede de la Normal Superior Amagá.

“Esta semana se nos unió una adulta mayor, doña Beatriz, que ella quería aprender a leer para poder conocer a Dios a través de la Biblia”, apuntó.

Alianza total

La coordinadora del Programa de Formación Complementaria de la Normal Superior Amagá, Rocío Gregory –quien llegó para trabajar seis meses en Amagá y ya ajustó 18 años– explicó que la idea de integrarse al trabajo de la emisora comunitaria cayó de perlas para aumentar el alcance de la estrategia de alfabetización que llevan haciendo desde hace dos décadas.

“Cuando Estefanía nos propuso unir el trabajo radial con el proceso de alfabetización, le respondimos que donde hubiera una persona sin alfabetizar, la Normal pondría un maestro para enseñarle”, dijo.

El papel de la Normal en el proceso es el de aportar los maestros en formación, a los alumnos que vienen sobre todo del hogar geriátrico Sofía Correa, o que incluso fueron invitados por familiares vinculados a la Escuela Normal.

Según la coordinadora, las jornadas generan un ambiente de confianza y alegría donde, más allá de aprender a leer y escribir, se genera un ambiente de confianza y alegría que fortalece la autoestima de los participantes.

“Ellos acá están aprendiendo a ser más felices. Se disfrutan cada encuentro, comparten, conversan y crean vínculos con las maestras en formación y con sus compañeros. Y si por ellos fuera, vendrían todos los días porque gozan de estar aquí”, afirmó.

La coordinadora también explicó que al finalizar el primer ciclo de alfabetización, los participantes podrían presentar una evaluación que determina si cuentan con las habilidades necesarias para continuar su formación en los siguientes niveles educativos.

Sin embargo, ella comentó que para muchos de los adultos mayores, el principal objetivo no es culminar sus estudios, sino cumplir un sueño que los ha acompañado durante toda la vida: aprender a leer, escribir y firmar con su propio nombre.

“Muchos nos dicen que ‘no quieren morir brutos’. Yo digo que en el ser humano siempre está ese deseo de ser mejores. Y en ellos, aunque sean adultos mayores, todavía sigue vivo ese anhelo de querer seguir aprendiendo. A veces el joven más fácil te dice, ‘Ya no quiero aprender más’. Un adulto mayor siempre quiere aprender un poco más “, concluyó.

Pura voluntad

El éxito del proyecto fue tal que Estefanía sintió en algún momento que no iba a ser capaz de seguir manteniéndolo a flote. Por eso, gracias al apoyo de sus allegados, se le ocurrió otra idea: convocar y formar una red de de maestros jubilados que la ayudaran en su misión.

“Acá por los temas misionales de la iglesia vienen muchas profesoras retiradas. Yo les comenté que si era viable que conjugaran sus procesos de evangelización en las veredas con clases de apoyo para algunos adultos mayores que por algún motivo no pueden venir a los refuerzos.Y claro, muchas ya se han apuntado”, detalló.

Pero no solo en los procesos de evangelización también se dan clases. En otros espacios recreativos para los adultos mayores de Amagá, ya sea antes o después, las profesoras jubiladas como doña Sara y doña Andrea, imparten lecciones. Allí también los adultos mayores cuentan los motivos por los que no pudieron aprender.

“Yo estudié hasta primer un año, porque de ahí me sacaron a coger café. Y ya luego se me olvidó lo que aprendí”, añadió una señora.

“Yo nunca estudié, pero yo sí quería estudiar Pero el estudio que me dieron fue puro garrote... Chiquito, mi mamá me dijo que yo pa’ qué quería estudiar. Que eso no servía para nada... Pero bueno, gracias a Dios, aquí estamos y vamos a aprender”, añadió otro señor.

“Vengo a estudiar feliz”

Doña María Rubiela Álvarez Serna es una de las asistentes; comentó que desde niña tuvo dificultades para aprender las letras, a pesar de que era una estudiante aplicada y destacaba por otras habilidades, como el dibujo.

”Siempre tuve muchas ganas de aprender. En el colegio me esforzaba mucho, pero las letras... no era capaz de aprenderla. Ahora mi sueño es poder leer y firmar con mi nombre, para no tener que preguntarle siempre a los demás qué dice un papel”, relató.

Aunque al principio sintió temor, decidió asistir a las clases presenciales y, desde entonces comenzó las clases desde las primeras jornadas realizadas en febrero y asegura que solo ha faltado a una sesión. Gracia a esa constancia ya logra reconocer palabras sencillas y leer expresiones básicas.

“Al principio me daba mucha pena, pero ahora vengo feliz porque siento que aquí tengo compañeras y profesores que me apoyan y me enseñan con paciencia”, expresó.

El respaldo de su familia también ha sido fundamental. Sus hijos y nietos la motivan a continuar asistiendo a las clases y celebran cada uno de sus avances. Incluso, entre risas contó que acordaron que ellos asumen algunas de las tareas del hogar para que ella pueda asistir sin preocupaciones.

”Yo les diría a los que no saben leer ni escribir de acá del pueblo, que se animen, que uno sí puede aprender aunque ya esté mayor. Yo apenas voy como un niño chiquito, pero tengo la esperanza de lograrlo y las profes siempre me dicen que sí voy a aprender. Eso me da mucha fuerza para seguir adelante”, concluyó.

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Siempre hay retos

El proceso de alfabetización ha generado una comunidad sólida entre los participantes, que incluso se ha alimentado del “voz a voz” entre vecinos. Estefanía destaca que los adultos mayores ya se consideran una familia que se apoya mutuamente y aprovecha los espacios de los jueves para interactuar más allá de lo académico.

Es más, según Estefanía, las clases por radio han superado el radio de acción de Amagá y han llegado a municipios tan lejanos como Guarne, Toledo y Anorí, desde donde han llegado reportes de sintonía.

Estefanía comentó que educar adultos mayores es todo un reto porque es un proceso más lento, toda vez que por sus años –y a veces por su salud– los adultos van olvidando más fácil las lecciones aprendidas.

“Por ejemplo, hoy vemos algo y mañana ya no se acuerdan de todo lo que vimos. Entonces hay que volver a reforzar. Es muy normal que un día aprendan a escribir su nombre completo y al otro día solo se acuerden de como se escribe su primer nombre. Pero eso no es problema, volvemos y les enseñamos”, apuntó.

Aparte del aprendizaje, otra de las cosas que más se remarcan del proceso de la Escuela Radial, es el cambio emocional en la vida de los alumnos. Ya se les ve más contentos, más confiados. Hasta uno se atreve a decir que el término “la alegría de aprender” cobra sentido.

“Doña María del Rosario, esta semana me regaló un dibujo y abajo aparecía su firma. Eso me llenó de emoción. También está doña Rubiela, que nos decía: ‘El mejor regalo que recibí del Día de la Madre es que ya sé firmar, que ya puedo ir a una cita médica sin tener que decir que no sé firmar o que me lean la fórmula porque no sé leer’”, apuntó Estefanía.

“Muy buenos días. Le cuento esto con mucha alegría. ¿Usted ve esa firma que dice Gloria? Esa es de la señora que no sabía leer ni escribir y que por lo mismo no firmaba la planilla de asistencia. Pues como le parece que hoy vino y escribió su nombre”, se escucha en un reporte de una de las “profes”.

Pero como todo proceso importante en este país, no ha estado exento de dificultades, Estefanía reconoce que el tema económico es esencial pues no cuenta con el apoyo que merece, más teniendo en cuenta la vulnerabilidad de quienes se benefician con él. Muchas veces las esenciales cartillas de Nacho Lee han tenido que salir del bolsillo de quienes apoyan el proceso, como ella.

Además, Estefanía dijo que ha buscado alianzas institucionales con la Secretaría de Educación de Amagá, pero más allá del agendamiento de una cita que nunca se cumplió, estas no se han dado. Ni hablar de la Secretaría de Educación de Antioquia o el Ministerio.

Algo similar pasó en su natal Fredonia, donde envió el proyecto a la Normal de allí para replicarlo, pero ni una respuesta negativa le dieron. Parece que es cierto eso de que “nadie es profeta en su propia tierra”.

Pero eso no amilana a Estefanía, pues como puede el proyecto se ha ido expandiendo. De hecho, gracias al contacto con líderesas comunitarias y la emisora local, Urrao ya se sumó. Y en la emisora de Fredonia, también le abrieron las puertas.

Estefanía comentó que es imperante ampliar la cobertura de la alfabetización en zonas rurales. Y que el proyecto sería ideal para llegar a comunidades apartadas donde persisten brechas educativas y donde el acceso a oportunidades o herramientas como el internet es limitado.

Ella deja entrever que muy seguramente su destino no siempre estará ligado a Amagá, por eso su objetivo es dejar la capacidad instalada para que otras personas continúen el proceso en caso de que ella no esté.

“Sueño que esto llegue a todos los municipios de Antioquia y que la escuela radial sea algo de todas las emisoras comunitarias, y porqué no comerciales. Y que no nos quedemos solamente en alfabetización. Que también eduquemos en prácticas campesinas, en como sembrar, como cuidar el café o hablar de prevención de riesgos en las minas con educadores del Sena. Sueño con hasta tocar pues puertas en el Ministerio de Educación, para que la escuela radial llegue a todos los rincones de Colombia”, apuntó.

Preguntas frecuentes

1. ¿Cómo funciona la escuela radial que enseña a leer y escribir en Amagá?

La Escuela Radial Voces del Territorio combina clases transmitidas por la emisora comunitaria La Voz de Amagá con encuentros presenciales de refuerzo. Las lecciones se emiten los martes y jueves entre las 2:00 p.m. y las 3:00 p.m., mientras que los jueves se realizan clases adicionales en la Escuela Normal Superior Amagá, donde maestros en formación acompañan el proceso de alfabetización.

2. ¿Quién creó el proyecto de alfabetización por radio en Amagá?

La iniciativa fue creada por Estefanía Torres Celis, locutora de La Voz de Amagá y normalista. La idea surgió después de identificar que muchos adultos del municipio no sabían leer ni escribir, una situación que evidenció mientras atendía a oyentes de la emisora y habitantes de la comunidad.

3. ¿Por qué nació la Escuela Radial Voces del Territorio en Amagá?

El proyecto nació para responder al alto número de personas adultas que nunca tuvieron acceso a la educación básica. La necesidad quedó en evidencia cuando varios habitantes manifestaron que no podían enviar mensajes escritos por WhatsApp o leer avisos porque eran analfabetas.

$!Los adultos mayores de Amagá, muchos que no sabían ni poner su firma, han mostrado evolución en sus procesos de lectura y escritura a través de esta iniciativa. FOTO <b>MANUEL SALDARRIAGA</b>
Los adultos mayores de Amagá, muchos que no sabían ni poner su firma, han mostrado evolución en sus procesos de lectura y escritura a través de esta iniciativa. FOTO MANUEL SALDARRIAGA

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