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Comida por las nubes acorrala a familias y negocios en Medellín

Recorrimos los barrios de la ciudad para conocer cómo está impactando la variación de la inflación, que en enero subió 6,5% frente a 2021.

  • En la plaza de mercado de Campo Valdés los comerciantes están preocupados. FOTO JAIME PÉREZ
    En la plaza de mercado de Campo Valdés los comerciantes están preocupados. FOTO JAIME PÉREZ
  • El precio de los huevos AA subió un 15,5% respecto a diciembre de 2021. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    El precio de los huevos AA subió un 15,5% respecto a diciembre de 2021. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
  • Luis Hernando Alarcón dice no descartar cerrar su carnicería este año. FOTO JAIME PÉREZ
    Luis Hernando Alarcón dice no descartar cerrar su carnicería este año. FOTO JAIME PÉREZ
11 de febrero de 2022
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Para hacerle frente al encarecimiento de los huevos, que en enero de este año subieron un 15,5% en comparación con diciembre de 2021, María Eda Rodríguez cuenta que optó por prepararlos con más cebolla y tomate durante los desayunos. Mientras el año pasado le alcanzaba para comprar una canasta y media, relata que desde hace más de un mes solo le alcanza para una sola canasta.

Caminando por los pequeños pasillos del minimercado Super Fruver La 80, esta habitante de la comuna de Manrique se desplaza de un lado al otro con su mirada dispersa. Tanteando los tomates, plátanos, papas y cebollas con la punta de sus dedos, la mujer da un vistazo panorámico a toda la tienda y parece no decidirse qué llevar.

Pese a ser la hora del almuerzo y a estar ubicado a un par de cuadras del trajín de la estación Manrique del Metroplús, el lugar permanece casi vacío. Resguardados del calor del mediodía, un hombre ubicado en la caja registradora y otro acomodando una pila de paquetes de tostadas al ritmo del reguetón son la única compañía de la mujer.

Como la principal encargada de las compras de su hogar, compuesto por otros dos adultos, Rodríguez señala que desde diciembre pasado su visita a la verdulería terminó convirtiéndose en un complejo ejercicio matemático. Luego de que productos tan básicos como la papa y el plátano multiplicaran su precio habitual, hacer el mercado se ha vuelto un dilema entre qué dejar y qué llevar.

“Prácticamente todo ha subido. La papa subió mucho, los tomates también, ya no queda para comprar lo que uno compraba primero”, dice Rodríguez, señalando los anaqueles del lugar. “Yo en noviembre compraba cinco kilos de papa y ahora solo puedo llevar tres para que alcance”, agrega, dibujando en su rostro una expresión de asombro e incredulidad, al referirse al comportamiento de otros productos, como la carne y los huevos.

Sobre la carne, por ejemplo, cuenta que mientras el año pasado solía comprar en una quincena al menos una libra de res para moler, otra para sudar y otra para freír, con el disparo de los precios ahora solo le alcanza para la de moler.

El testimonio de Rodríguez es tan solo una muestra de uno de los temas que desde diciembre pasado se ha convertido en una de las preocupaciones más comunes de los hogares paisas.

A lo largo de toda la cadena productiva, desde campesinos, negocios mayoristas, supermercados, tiendas de barrio, restaurantes y compradores cuentan cómo han sentido una de las alzas más severas de las últimas décadas.

Tan solo el pasado miércoles, Fenalco alertó que, aunque en comparación con otras ciudades Medellín tenía la segunda menor variación en el país, la inflación local tuvo un incremento del 6,5%, 4 puntos porcentuales por encima del incremento del año pasado.

Al borde del cierre

Pese a que según las mediciones de esta última organización, el encarecimiento de la comida incrementó en un 15% el número de visitantes en las plazas de mercado, sentado en un pasillo casi desierto de la Plaza de Campo Valdés, Luis Hernando Alarcón Carmona es más escéptico.

Tras administrar en ese lugar una carnicería por más de 52 años, sostiene que nunca en su vida había visto un incremento parecido. Luego de estirar hacer rendir al máximo el presupuesto de su negocio, e incluso echar mano a sus ahorros, advierte que de no estabilizarse la situación no descarta cerrar su negocio.

“Tras cumplirse un año de la pandemia empezó el desastre, hace más de seis meses el ganado está muy caro y no se hace la plata”, dice, señalando una vitrina repleta de cortes de res, cerdo y pollo.

Según detalla, mientras a mediados del año pasado un novillo podía costarle cerca de $2.400.000, ahora está en $4.800.000. En el caso del cerdo, mientras un ejemplar completo costaba cerca de $550.000 el año pasado, ahora está en $1.100.000.

En el caso de su negocio, agrega que los problemas vienen por partida doble. Mientras por un lado el encarecimiento de la carne se ha traducido en una reducción de la cantidad vendida, el encarecimiento de las verduras ha hecho que la gente también dedique menos presupuesto a la carne.

“Muchos clientes que antes me compraban en promedio $80.000 de carne cada quincena, ahora solo compran $35.000, porque la mayoría de las personas primero van por la verdura y gastan lo que les sobra en la carne”, lamenta.

En la sección de las verduras, Óscar Castaño Alzate, cuya familia lleva más de 43 años en la plaza, detalla que la situación también los tiene haciendo malabares para cubrir los gastos.

Mientras obligaciones como el arriendo y el salario de al menos tres trabajadores se mantienen iguales, el número de compradores tanto mayoristas como minoristas viene cayendo en picada.

En el caso de los mayoristas, que generalmente corresponden a tenderos de los barrios Campo Valdés, Manrique, Miranda, entre otros, el alza se ha traducido en una reducción de sus encargos.

“Había tenderos que venían 2 o 3 veces por semana y ahora vienen una sola vez”, cuenta, señalando que el incremento de los precios ha sido más dramático en productos como el plátano y las papas.

En números redondos, mientras en el caso del plátano un kilo antes costaba cerca de $2.500, ahora está por encima de los $4.500. Por el lado de la papa, mientras un bulto costaba cerca de $80.000, ahora está por encima de los $210.000.

Dentro del grupo de productos que también están por las nubes, agrega que aparece el tomate y la cebolla de huevo, tanto blanca como roja.

Pese a contar con más de cuatro décadas de experiencia, al igual que en el caso de Alarcón, Castaño dice que de seguir la situación así, en su familia no descartan cerrar la verdulería y utilizar el local para otro negocio que les de menos dolores de cabeza, como una tienda de licores.

Razones tras el incremento

Dentro de los factores que aparecen en el radar para comprender esta histórica alza, varios economistas y entidades plantean que debe pensarse en puntos que van desde el plano local al global.

Según estableció por ejemplo la Unidad de Información y Análisis Agroeconómico de la Secretaría de Agricultura, al incremento de la inflación que se produjo este año, se sumó un incremento en los costos de producción (asociado al alza del salario mínimo) y el incremento del precio del peso respecto al dólar.

Por su parte, el economista Jesús Botero, director del Grupo de Coyuntura Económica de la Universidad Eafit, señala que en el plano global uno de los principales factores a tener en cuenta es el incremento de la inflación en todo el mundo, que tan solo en el caso de Estados Unidos fue del 7,5% anual.

A causa de la dependencia del sector primario colombiano de muchos insumos importados, Botero señala que no es de extrañar que el precio de los mismos haya subido, teniendo también en cuenta los problemas en las cadenas de abastecimiento que se han vivido recientemente.

De igual forma, el investigador explica que las dinámicas de la oferta y la demanda en la mayoría de los productos de la canasta familiar han incidido en que los precios se hayan disparado.

“Se suma también al problema el efecto de desajustes entre oferta y demanda: la demanda creció vigorosamente en 2021, y la oferta no se ha ajustado en todos los casos con la misma rapidez. Ello se traduce en incremento de precios”, agregó el docente.

En busca de salidas

A raíz de la complejidad del paisaje, Botero García señaló que dentro de las medidas que aparecen en el horizonte para estabilizar la situación, hay decisiones que dependen de la banca central y todo tipo de otras dependencias.

Desde la banca central, Botero agrega que se necesita una política monetaria más efectiva, que fortaleza la posición del país respecto al mercado global.

“Hay que extender el programa de Ingreso Solidario, dando ayuda a quienes ciertamente lo necesitan, dada la precariedad de sus ingresos y los costos de su canasta básica. Y hay que generar empleo adicional, a través de obras públicas, para generar ingreso adicional a los hogares”, propone el profesor.

Por su parte, la Secretaría de Agricultura de Antioquia señaló que la Gobernación avanza en la implementación de un mejor sistema de monitoreo de precios, para que esta situación no se convierta en una oportunidad para los especuladores.

Al margen de estos conceptos, mientras continúa recorriendo los pasillos del supermercado en Manrique, María Eda señala con una sonrisa de resignación que, por más cálculos que haga, de continuar la situación así la única alternativa será acostumbrarse a mercar menos.

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