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“Mi motor de vida es hallarlo”: madre del ingeniero forestal desaparecido

Claudia Yepes no parará de buscar a su hijo y de pedir a las autoridades que investiguen.

  • Claudia dice que no dejará de buscar a su hijo ni permitirá que el caso quede en el olvido. FOTO Cortesía
    Claudia dice que no dejará de buscar a su hijo ni permitirá que el caso quede en el olvido. FOTO Cortesía
  • Claudia Yepes con sus hijos Andrés Camilo (izquierda) y Nicolás. FOTO Cortesía
    Claudia Yepes con sus hijos Andrés Camilo (izquierda) y Nicolás. FOTO Cortesía
03 de noviembre de 2022
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Siete meses, 215 días. Ese es el tiempo que Claudia Yepes ha resistido un dolor inimaginable para una madre. Lo ha hecho con coraje y perseverancia, en medio de incertidumbre, impotencia y súplicas. El 3 de abril pasado fue el último día que tuvo noticias de su hijo Andrés Camilo Peláez Yepes, el ingeniero forestal, contratista de EPM, que trabajaba en el área de influencia de Hidroituango y al que las autoridades no han logrado encontrar, pese a que hay un capturado como presunto responsable de la desaparición.

La última conversación con su primogénito sigue intacta en la memoria de Claudia. Ese 3 de abril, a eso de las 7:30 de la noche, se conectaron por WhatsApp y hablaron poco más de media hora. Él estaba en San Andrés de Cuerquia, en el Norte antioqueño, donde cumplía labores de su trabajo. Ella, había salido de Jericó, en el Suroeste, donde vive con su esposo y su otro hijo Nicolás, hacia Palestina, Caldas.

No hubo premoniciones ni malos presentimientos. Hablaron de temas felices. Él estaba muy contento porque ya había comprado los tiquetes para viajar a Canadá, donde quería trabajar y estudiar, al lado de su novia, también ingeniera, quien partió poco antes. Mencionaron el proyecto que tenían en mente: montar una oficina de asesoría forestal y ambiental en Jericó, para lo cual Claudia ya había adelantado el pago de cinco meses de arriendo de un local. Al despedirse, Andrés Camilo le dijo que estaba cansado, que buscaría algo para comer y se iría al hotel a descansar.

Catorce horas después la vida de Claudia dio un vuelco. Eran casi las 3:00 de la tarde y ella estaba en Palestina en un evento cafetero cuando su hijo menor le contó que no había noticias del ingeniero. “Ese día sentí que me clavaron dos puñales, el corazón se me desgarró. Tuve la sensación de que le había pasado algo y salí corriendo del lugar. Le empezamos a enviar mensajes, pero no respondía”, recuerda esta madre; y ese mismo día movió cielo y tierra, con conocidos y autoridades, para que emprendieran la búsqueda.

“No voy a parar de buscar”

Hoy asegura que ese fue el momento en el que empezó una pesadilla. Las búsquedas comenzaron de inmediato. Hombres de la Policía, el Ejército, el Gaula y la Sijín recorrieron la zona para dar con su paradero, pero fue en vano. En el hotel dijeron que salió a las 9:00 de la noche y no regresó. Desde ese momento, Claudia no se ha rendido y sigue buscando, aun cuando las noticias no han sido positivas y las investigaciones judiciales no arrojan mayores resultados, por lo menos conocidos, sobre dónde está Andrés Camilo o si está vivo todavía.

Han sido siete meses de enviar cartas a todas las entidades y personas posibles, ONG, autoridades y hasta al presidente Gustavo Petro. Su petición es solo una: que hagan lo que tengan que hacer para encontrar a su hijo, vivo o muerto, aunque conserva la esperanza de que siga retenido en algún lugar.

Siete meses de lágrimas, apoyo de familiares, amigos, conocidos y desconocidos; de perder kilos y soportar el sufrimiento. Pero también de comprender el drama de las personas desaparecidas, un problema que considera debe ser más importante para el Estado y la sociedad, no solo para buscar hasta encontrar, sino también para lograr que se erradique.

“En un abrir y cerrar de ojos mi vida cambió totalmente, sé que tengo que vivir y continuar con mi vida, porque tengo otro hijo, un esposo, una familia. Pero también porque tengo la ilusión y la esperanza de encontrar a Andrés Camilo. Mi motor de vida es hallarlo. Por eso, no me puedo echar en una cama, tengo que seguir buscando”.

Claudia Yepes con sus hijos Andrés Camilo (izquierda) y Nicolás. FOTO Cortesía
Claudia Yepes con sus hijos Andrés Camilo (izquierda) y Nicolás. FOTO Cortesía

Esa esperanza también está puesta en la información que pueda entregar alias Huevito, el hombre capturado en septiembre pasado como presunto responsable de la desaparición del ingeniero. Claudia espera que dé información sobre su hijo. De las investigaciones no es mucho lo que puede decir, aunque la semana pasada, en reunión con el fiscal Daniel Parada, director de la seccional Antioquia, le dijeron que el caso no se ha frenado y también cuenta con apoyo de la Gobernación de Antioquia para la búsqueda de su hijo. También ha recibido apoyo sicológico de la Cruz Roja y ha tenido el respaldo de los amigos y compañeros de estudio de Andrés Camilo, quienes la han acompañado en plantones, velatones y otros actos simbólicos para pedir que aceleren las búsquedas.

Claudia y las personas cercanas crearon un grupo de WhatsApp en el que todos los días, a las 8:00 de la noche, se conectan para rezar el rosario. Confían en que una intervención divina puede, por lo menos, hacer que quienes tienen información sobre el paradero de Andrés Camilo se conmuevan con su dolor de madre y hablen de una vez por todas. En medio de los cambios que ha tenido, Claudia también se volvió activa en las redes sociales que antes eran bastante desconocidas para ella. Hoy tiene perfiles en Instagram, Facebook y Twitter, y cada día publica varias veces para recordar que nunca dejará de buscar.

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“A veces uno se siente desfallecer, pero hay algo que me da fuerza, porque no se me perdió un objeto, se me perdió un hijo de mis entrañas, al que vi crecer, un ser humano hermoso y sé que Dios me lo va a devolver”. Andrés Camilo nació el 4 de enero de 1996, ocho años después de que Claudia conociera a su esposo, en Jericó. Muy pronto el niño se convirtió en su orgullo: era uno de los mejores del salón desde la guardería hasta el grado once, del que se graduó con honores.

Y siguió sintiendo orgullo cuando con solo 15 años, Andrés Camilo se fue de la casa, hacia Medellín, para estudiar en la Universidad Nacional. Ella estuvo cuando se cambió de ingeniería, cuando estaba angustiado, cuando hablaba de sus logros o los créditos que le faltaba cursar; cuando empezó a involucrarse, siendo aún estudiante, con el proyecto Hidroituango gracias a un convenio con la universidad; cuando se graduó de forma virtual por causa de la pandemia; y cuando consiguió su primer trabajo, en enero de este año, como contratista de EPM.

Hace poco, ella fue a la universidad a reclamar el carné de egresado de Andrés Camilo y tuvo que perderse los grados presenciales, que esperaban sucedieran tras levantarse las restricciones por la pandemia. Tampoco se concretó el proyecto de la oficina en Jericó ni el viaje a Canadá. Pero nada será suficiente para derribarla porque hoy es capaz de ponerse en el lugar de las miles de madres de Colombia que llevan incluso años sin saber nada de sus hijos desaparecidos. Y sigue esperanzada en que pronto terminará la incertidumbre a la que no sabe quién la obligó a sufrir.

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