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Diana volvió tras 20 años y montó empresa de frutas deshidradatas

Vivió 20 años en el exterior y regresó a Antioquia para “dejar huella”. Su marca no solo deshidrata frutas, también lo hace con verduras y tubérculos.

  • Diana Lucía Moreno Jaramillo dejó de ejercer la arquitectura, para comprarles frutas a los venteros del municipio de El Peñol, en el Oriente de Antioquia, y luego deshidratarlas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry

    Diana Lucía Moreno Jaramillo dejó de ejercer la arquitectura, para comprarles frutas a los venteros del municipio de El Peñol, en el Oriente de Antioquia, y luego deshidratarlas. Foto: Andrés Camilo Suárez Echeverry
03 de mayo de 2026
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Diana Lucía Moreno Jaramillo tiene 61 años, es paisa y se autodenomina como una “mujer rural por convicción”. Vive en una pequeña casa en la vereda La Chapa de El Peñol, Oriente antioqueño, a donde tras 20 años de estar en Chile y Perú decidió regresar y montar su propia empresa: Origen Ancestral, que tiene como marca principal DíaMoreno, una iniciativa de frutas, verduras y tubérculos deshidratados, desde piña oro miel y mango tommy hasta puerros y tomates San Marzano.



A finales de los ochentas se graduó como arquitecta de la Universidad Nacional en Medellín. Su vida se pintaba entre planos y diseños, o así era como ella lo concebía en ese momento.

Rápidamente empezó a ejercer su profesión en diferentes proyectos de la capital antioqueña y le iba muy bien, sin embargo, su vida iba a dar un giro de 360 grados cuando decidió, por motivos personales, viajar a Chile.

Al conocido ‘País de los Poetas’ llegó en pleno inicio de milenio, en la víspera de los 2000, donde dice haberse conectado con una parte de ella que siempre estuvo pero nunca sacó a relucir. Diana se enamoró perdidamente del tejido, y estando en un territorio donde se respeta sobremanera la cultura y tradición, fue aún más significativo para ella empezar con una actividad que, a hoy, combina con su emprendimiento.

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Aprendió todas las técnicas habidas y por haber, se volvió una ducha en el tema y a veces daba talleres.

Su interés por lo ancestral la llevó a Perú en 2011. Allí perfeccionó sus habilidades en el tejido y, además, conoció por primera vez el proceso de las frutas deshidratadas. Si bien en un contexto histórico la deshidratación como método de conservación era casi un ritual para los incas, el consumo de frutas deshidratadas en Sudamérica empezó a convertirse en tendencia apenas este siglo, algo a lo que Diana tan solo unos años después le iba a sacar el máximo provecho.

Su retorno a la eterna primavera

Después de dos décadas en el exterior, y añorando compartir de nuevo con toda su familia, regresó a Medellín. Durante el tiempo que estuvo por fuera entendió que la simplicidad de las cosas es lo que realmente le da sentido a los caminos, como al de ella, por ejemplo. Prefirió dejar atrás muchas de las ventajas que su profesión le regaló para enfocarse en sí misma y en su estabilidad, y luego de tantas experiencias, sin importar su edad, decidió emprender.

Su padre le cedió una parte de terreno en El Peñol. Allí construyó una casa a su gusto: sencilla, sin mucho lujo, pero muy acogedora, eso sí, con un balcón del que se divisa gran parte del embalse, una cantidad de árboles frondosos y al fondo, la imponente piedra característica de ese municipio.



La mudanza coincidió justo con los tiempos de pandemia, por lo que se le hizo más difícil gestionar los permisos y las autorizaciones para movilizarse de Medellín a El Peñol, sin embargo, lo logró, y pasó de lo ruidoso de la ciudad a la tranquilidad y silencio del campo.

Otro cambio en su vida que obedecía a la intención de convivir en la ruralidad, algo que anheló siempre.

Ya lejos de ejercer la arquitectura -no porque no le guste sino porque priorizó lo aprendido en Chile y Perú-, empezó a comprarle frutas a los venteros del pueblo para deshidratarlas.

“Siempre elijo las frutas de la mejor calidad: mango tommy, piña oro miel, las uchuvas y las fresas más frescas. Se trata de vender un producto excelente, que a las personas no solo les guste sino que les aporte a su nutrición. Es un concepto como de fruta fácil, es decir, un snack que se puede comer en cualquier momento y lugar”, dijo Diana.

Y es que su precisión cabe a lugar porque, según ella, generalmente la fruta que se deshidrata es la que ya no se puede vender al público por su estado excesivo de maduración.

Según los estudios que ha realizado, así suele ser en el mercado y muchos lo hacen quizá para ahorrar un poco de recursos, y no está mal, pero Diana prefiere adquirir la fruta no a punto de dañarse sino en un estado más conservado, esto para lograr colores más radiantes y mejores resultados tras el proceso.

En 2022 fue cuando empezó con todo su plan, después de que muchos, luego del Covid-19, se volcaran a buscar alternativas más saludables de alimentación y cambiaran un poco, o radicalmente, sus hábitos.



En los primeros años no obtuvo tantas ventas, incluso señala que fueron más las pérdidas que las ganancias, pero hizo hincapié en que así funciona en cualquier emprendimiento y que la paciencia que se debe tener para deshidratar la fruta o cualquier otro producto, es la misma a la que debía “echar mano” cuando las cosas no salían como esperaba.

En la variedad está el placer

Para muchos quizá no sea así, pero Diana, además de las frutas, se decantó por deshidratar otros productos: cebolla, tomate, pimentón, puerro, remolacha, zanahoria y hasta jengibre.

A sus clientes les empezó a gustar esa iniciativa, tanto que actualmente uno de los productos más vendidos y apetecidos son los tomates San Marzano, originarios de la región de Campania en Italia, más carnosos, no tan ácidos y con menos semillas, a diferencia de un tomate chonto, por ejemplo.

Entre los aspectos más llamativos de DíaMoreno está el empaque, con su frente transparente para que se vea lo colorido del producto, mientras que otras marcas, dice Diana, eligen tapar por completo el contenido, y solo se puede ver a detalle cuando se compra y se consume.

Justo abajo de la casa se destinó un espacio para toda la producción, donde está la máquina que deshidrata las frutas, verduras y tubérculos. Mientras que unos se pueden tardar 6 horas, otros pueden demorarse hasta 16, todo varía depende del tamaño y el tipo del comestible. Ahí trabaja Ximena Guarín, colaboradora de Origen Ancestral hace aproximadamente un año.

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“Aprender y hacer parte del proceso de la deshidratación de las frutas es una experiencia muy enriquecedora. Cada vez me engancho más con el proyecto, es muy bonito”, dijo.

Actualmente Diana está vinculada a Fondo Emprender e irá con este programa hasta julio. Quiere seguir siendo una mujer rural, no porque viva en el campo, sino porque siempre lo soñó y lo ha sentido así; su emprendimiento apenas comienza.

Los productos que ofrece Diana

Diana maneja varias presentaciones en su emprendimiento. La de 25 gramos tiene un costo de $10.000, la de 45g vale $15.000; la de 90 gm $25.000; y la de 200 gm, $50.000.

Hay MIX, que es una combinación de mango, piña, papaya, fresa y otros, y también se vende cada fruta por separado; algunas específicamente por encargo, como el banano o la uchuva. Adicional a las ventas de frutas y verduras deshidratadas, en su casa ofrece talleres de tejido, lo que según ella hace que la experiencia sea más sensorial.

Si está interesado en sus productos o servicios puede contactarla en el Instagram @diamoreno_deshidratados.

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