Niños y niñas del barrio El Pinar, una de las zonas más golpeadas por la pobreza en Bello, en límites con Medellín, recibieron este jueves a 17 candidatas del certamen Belleza Marina Internacional Colombia, quienes llevaron regalos, juegos y una propuesta para visibilizar mucho a más a una fundación de la zona que justamente trabaja por el bienestar de esos menores de edad y sus familias.
Esa fundación se llama Ángeles de Medellín y nació hace 19 años, luego de que Mark Kaseeman, un exmilitar estadounidense pensionado, se enamorara de la capital antioqueña, se radicara en ella y convirtiera el trabajo social en su labor permanente.
Le puede interesar: “La mamá les dijo toda la noche que su hijo estaba ahí”: dramáticos testimonios tras encontrar cuerpo de niño de 7 años en Bello
Por eso, Mark, o Marcos, como ahora se presenta, no dudó en cuadrar la visita de las candidatas al reinado que vinieron desde distintos departamentos como parte también de la agenda social y de empoderamiento femenino que incluye ese certamen. “En la categoría señoras no se tienen solamente en cuenta estereotipos de belleza, sino los aportes a la sociedad porque somos madres, esposas, empresarias, emprendedoras”, señaló Kathy Palmera, señora Bolívar y una de las que compite para quedarse con el título en Colombia y representar al país en octubre en el concurso internacional, que será en República Dominicana.
Ella fue una de las que este jueves se tomó fotos con los niños y niñas de la fundación, les repartió regalos con sus compañeras y comieron el sancocho que prepararon mujeres de la fundación para darles la bienvenida.
Lea también: Aura María Lopera, la paisa que ha ayudado a cientos de mujeres a emprender dentro y fuera del país
Érika Franco, directora del certamen Belleza Marina Internacional Colombia, explicó que este certamen es de empoderamiento, liderazgo y altruismo de la mujer y busca también rescatar el turismo de cada departamento, por lo cual tuvieron la idea de apadrinar la fundación Ángeles de Medellín y apostar por más apoyo para que siga creciendo.
Es que la fundación también tiene algo que ver con turismo, pues una de las ideas que tuvo su creador fue que otros extranjeros que vinieran a Medellín se sumaran a la iniciativa con voluntariado que cumplen de distintas formas, dando aportes económicos de una sola vez o participando en las actividades que se desarrollan en la fundación, ubicada en cercanías de Santo Domingo Savio, en la comuna 1 de Medellín.
Así, Mark ha logrado que vayan miles de voluntarios de 120 países en los 19 años de existencia de la fundación. Es el caso de Daisy, una mujer oriunda de Londres que se vino a vivir hace ocho meses a Medellín y a trabajar como profesora de inglés; va cada semana a compartir con los menores de edad y las mujeres que atiende Ángeles de Medellín.
El estadounidense aseguró que en estas dos décadas de la fundación se han beneficiado alrededor de 20.000 personas entre nacionales y migrantes que habitan el sector. Entre las actividades están recreación y arte; donaciones de útiles escolares, ropa, zapatos, sillas de ruedas o mercados; clases y taller de confección para madres cabeza de hogar; celebración de fechas especiales; y comedor comunitario una vez a la semana con capacidad hasta para 400 personas.
Pero los niños, niñas y adolescentes también cuentan allí con salones especiales para aprender inglés. Mark y otros extranjeros hacen las veces de profesor como parte de la labor que cumplen y ya son varios los casos de menores de edad o jóvenes que manejan el idioma con fluidez.
Otra de las apuestas de la fundación es acercar a las familias a oportunidades de estudio y trabajo para que tengan autonomía económica y puedan superar las condiciones de pobreza. Karol, una de las niñas beneficiarias de la fundación dijo que le gusta mucho conocer nuevas personas, compartir con gente de otros países y que le enseñan inglés.
El proyecto de Mark ha crecido, por lo cual ahora además ayuda a comunidades de otros municipios de Antioquia, entre las que hay también población indígena.
Ahora, su deseo es seguir creciendo en el número de personas a las que ayuda la fundación y en el voluntariado, pues una de sus premisas es que los extranjeros también pueden aportar en las necesidades que tienen muchos sectores de Medellín y Antioquia por cuenta de las carencias económicas de los habitantes.
Por lo pronto, seguirá llevando a El Pinar la posibilidad de que los niños y niñas lean libros en inglés y español, que las mujeres aprendan a coser para tener un trabajo, que los jóvenes tengan acceso a la universidad así sea con becas, que los adultos mayores puedan acceder a sus citas y tratamientos en salud o que las familias calmen el hambre con un plato de sopa.
Siga leyendo: