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Tendencias | PUBLICADO EL 02 febrero 2020

“El ser humano podría vivir hasta los 150 años”: Philip Ball

  • Philip Ball, escritor especializado en ciencia, durante la entrevista. FOTO COLPRENSA
    Philip Ball, escritor especializado en ciencia, durante la entrevista. FOTO COLPRENSA
  • Philip Ball, escritor especializado en ciencia, durante la entrevista. FOTO COLPRENSA
    Philip Ball, escritor especializado en ciencia, durante la entrevista. FOTO COLPRENSA
COLPRENSA

“Debería venir con una advertencia: puede que nunca vuelvas a mirar las ciencias de la vida de la misma manera”, así lo reseñó la revista Nature, una de las más importantes en el campo de la ciencia.

El libro se llama Cómo crear un ser humano y su autor es el británico Philip Ball, un químico y doctor en física de la Universidad de Bristol y miembro del departamento de Química del University College de Londres.

Ball participa del Hay Festival Cartagena, invitado por el British Council. En esta entrevista habla de qué tan bueno es alargar la vejez, los problemas y bondades de la clonación y de qué tan cerca está un cura para el cáncer.

Con su libro, uno concluye que el ser humano quiere perpetuar su existencia y modificar de su cuerpo, lo que considera innecesario. ¿Por qué ocurre esto?

Es cierto que algunas personas, tal vez muchas, desean vivir para siempre. Yo no estoy tan de acuerdo porque la duración finita es parte de lo que le da sentido a la existencia. Y no veo ninguna razón científica para creer en la vida perpetua sea posible, ni en nuestros cuerpos, ni de manera “virtual” en una computadora.

Pero sí podríamos extender significativamente la vida útil del ser humano. Ya hay mejores dietas y estilos de vida, y mejores tratamientos médicos. Pero todavía no hay cura para algunos tipos de cáncer y enfermedades neurodegenerativas. Aun así, es posible que podamos vencer estas enfermedades durante este siglo. Es el gran desafío.

¿Qué soluciones son evidentes ahora?

Podemos mejorar el reemplazo de órganos vitales: riñones, corazones, hígados, etc. Mi libro describe varias formas en las que se pueden cultivar artificialmente, tal vez, incluso, a partir de las células y tejidos del paciente que recibirá el trasplante de órgano. Desarrollos como este podrían extender significativamente la vida útil. Algunos biocientíficos consideran que podría ser bastante factible y normal vivir al menos hasta los 150 años, aunque no ocurrirá pronto.

¿Pero sí serán 150 años bien vividos?

Justamente, el gran desafío no es solo extender la vida sino también garantizar una buena calidad de vida. No creo que nadie quiera llegar hasta los 150 años si los últimos 50 los vivirá frágilmente. Mejorar la calidad de vida, al final de nuestras existencias, es uno de los principales focos de investigación sobre el envejecimiento en la actualidad, no simplemente mejorar la edad promedio de muerte.

¿Podríamos afirmar que su libro no es solo ciencia: es cultural, histórico, filosófico y religioso?

Eso es cierto. En mi opinión, escribir sobre ciencia no es solo escribir sobre “la ciencia”. Las ideas y los avances científicos siempre han tenido un profundo impacto en la cultura y en la filosofía, y a veces también en la religión. Y lo contrario también es cierto: la ciencia no opera en un vacío cultural. Me parece que, para explorar adecuadamente las ideas en la ciencia, necesitamos tener una visión muy amplia y considerar cómo la sociedad las recibe y las transforma. El arte y la literatura son a menudo los vehículos a través de los cuales las ideas científicas adquieren significado para la sociedad.

¿Y dónde queda la ética?

Por supuesto, la ética también es una parte constante y esencial del discurso científico. Esto es particularmente cierto en los temas que discuto en Cómo hacer crecer a un humano, que plantean algunas preguntas desafiantes sobre, por ejemplo, cómo nos reproducimos y cómo podríamos alterar nuestra propia constitución biológica. No podemos recurrir a viejos principios éticos: las tecnologías biomédicas podrían obligarnos a reconsiderar lo que significa el ser humano.

Los riesgos y el miedo a la manipulación genética persisten. Algunos científicos dicen que se podría llegar otra vez a la idea de una raza superior. ¿No tiene el mismo miedo?

No, por el momento. Pero ciertamente hay para preocuparse con la edición de genes en humanos. Por ahora, tienen un enorme potencial, por ejemplo, para evitar enfermedades a menudo raras pero graves que involucran a uno o dos genes. Sin embargo, vale la pena enfatizar que ya existen otras formas de hacerlo, particularmente, mediante el cribado genético y la selección de embriones. Pero todavía hay muchas preguntas sin respuesta sobre la edición de genes en humanos, y muchos científicos dudan hacerlas en la “línea germinal”, es decir, aquellas que serían heredadas por las generaciones futuras.

¿Ese sería el único problema?

Otras preguntas difíciles son de justicia social. ¿Qué se considera una enfermedad? ¿Ceguera o sordera congénita, por ejemplo? Deberíamos permitir modificaciones genéticas, puramente “cosméticas”, por ejemplo, para alterar el color de los ojos o la piel? Dado que es probable que estos tratamientos sean caros, ¿qué sucede si un sector de la sociedad o del mundo puede permitírselos y otro no? Creo que necesitamos un debate muy cuidadoso, informado e inclusivo sobre estas preguntas.

Así como existe el temor a la genética, existe la esperanza de que algún día curará el cáncer o el Alzheimer. ¿Será posible? ¿Es ilusión?

Ni el cáncer ni el Alzheimer son totalmente o, en algunos casos, significativamente “genéticos”, por lo que también necesitaríamos otras curas. Hablo de algunos de estos en mi libro. Para el Alzheimer conocemos una parte de la causa: unas proteínas deformes aparecen en el cerebro y son tóxicas para las células cerebrales, pero aún no conocemos la causa raíz (o si solo hay una). Sin embargo, hay alguna esperanza de que las células madre puedan volver a crecer en el tejido cerebral dañado o destruido, aunque no sabemos si eso signifique una recuperación de las capacidades cognitivas. Actualmente se están explorando tratamientos como este.

¿Y para el cáncer?

El cáncer es difícil porque no es una enfermedad como otras enfermedades: no tiene una sola causa ni un solo curso. Sugiero que lo veamos como un peligro inevitable de nuestra naturaleza celular: convertirse en tumores es simplemente una de las cosas que nuestras células pueden hacer naturalmente si su crecimiento y desarrollo toman el camino equivocado. Por el momento, todo lo que podemos hacer es tratar de eliminar esas células (en tratamientos que también suelen dañar a las células sanas), o literalmente eliminarlas del cuerpo. Existe la esperanza de que en el futuro podamos encontrar enfoques más sofisticados, como devolver las células cancerosas a un estado “saludable”. Esto sería maravilloso, pero está muy lejos, si es que es posible.

¿Qué es el mito y qué es la realidad en la clonación? ¿Alguna vez dejaremos de crear seres humanos naturalmente?

Tengo la sensación de que, para bien o para mal, la clonación reproductiva humana ocurrirá algún día. No acojo con beneplácito esa posibilidad, pero creo que es muy importante reconocer que una persona hecha por clonación sería un ser humano “normal”, no una especie de monstruo antinatural. Crecerían de un embrión en el útero, tal como lo hicimos nosotros.

Pero hay muchos mitos...

Un mito común de la clonación es que el clon sería idéntico a la persona con cuyos genes está hecho. Podrían ser similares, pero no necesariamente idénticos, ya sea en apariencia o comportamiento, al igual que los gemelos idénticos son diferentes entre sí. Un clon de Einstein no necesariamente habría tenido el mismo tipo de mente extraordinaria: nuestras mentes no están determinadas por nuestros genes.

Durante mucho tiempo se pensó que la carne necesita de un cuerpo para vivir. Usted se extrajo células de su brazo, hizo un experimento con su piel. ¿Cuál es la gran conclusión?

Las células de la piel se transformaron primero en células madre y, a partir de ahí, en neuronas que crecieron en una estructura organizada llamada organoide cerebral, que tiene algunas de las características de un pequeño cerebro fetal. Estos organoides cerebrales realmente no pueden pensar, y no hay razón para creer que tengan algo parecido a la sensibilidad. Pero puede llegar el día en que tengamos que pensar en esa posibilidad.

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