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En el jardín de su casa puede haber un pájaro de cresta roja

Con esta consigna varias instituciones esperan encontrar montañeritos paisas, una especie que después de 52 años de considerarse extinta, apareció en San Pedro de los Milagros.

  • El montañerito paisa ha sido un fenómeno en la región y los habitantes lo buscan para aprender más sobre la especie. ¿Lo ha visto? FOTO: CORTESÍA YOVANY OCHOA
    El montañerito paisa ha sido un fenómeno en la región y los habitantes lo buscan para aprender más sobre la especie. ¿Lo ha visto? FOTO: CORTESÍA YOVANY OCHOA
En el jardín de su casa puede haber un pájaro de cresta roja
29 de enero de 2023
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El 26 de enero de 2018 el profesor Juan Luis Parra citó a una reunión, y de manera urgente, a Andrea Lopera y a Sergio Chaparro. Su objetivo consistía en mostrarles una fotografía que acaba de llegarle y en la cual aparecía retratado un montañerito paisa. Los llamó porque en sus labores dentro del grupo de investigación Ecología y Evolución de Vertebrados, de la Universidad de Antioquia, compartían una cosa en común: el interés por esta especie, bautizada científicamente como Atlapete blancae.

Andrea había estado construyendo un modelo para buscarla en el altiplano antioqueño, mientras Sergio se había dedicado a crear su ficha correspondiente con el fin de que fuera incluida en El libro rojo de aves de Colombia, en el que aparecen todos los ejemplares amenazados de extinción en esta parte de la tierra. Por eso, y solo por eso, el profesor sabía que la información debía llegarles antes que a cualquiera.

“Después de que Juan Luis nos mostrara lo que le había llegado, a nosotros nos dio susto, decíamos: ‘Juemadre, ¿será que sí es?’ Porque esa especie había sido muy polémica ya que había sido descrita a raíz de tres especímenes muertos de las cuales no todos tenían los datos completos, y eso es muy complejo en la ciencia porque toda esa información con la que uno la describe debe corroborarse con cantos o con muestras de sangre del individuo vivo, pues, debe haber todo un estudio genético, pero en este caso no había nada de eso, no había con qué corroborar la información”, explica la bióloga Andrea Lopera.

Para saber más: La historia del pájaro antioqueño que nació muerto

Si esta historia tiene forma y fundamento es gracias a Tomas Donegan, el ornitólogo inglés que en 2007 se dio cuenta, después de estudiar las pieles de tres especímenes colectados en 1971 en la vereda La Lana, de San Pedro de los Milagros y catalogados dentro de la colección de los hermanos Lasallistas como Atlapetes schistaceus, que en Antioquia había un nuevo grupo de pájaros de los cuales no se sabía nada: “Él hizo todo lo que desde la ciencia se hace para describir una especie, solo que la buscaron en los sitios en las que habían sido colectadas las muestras y no encontraron ningún ejemplar vivo, entonces, la descripción se publicó mediante un artículo científico, se dio por hecho que existía, pero en realidad nunca se vio”, cuenta Lopera.

Después, dada la experiencia del investigador en ese tipo de gorriones y el sustento que hizo con las evidencias que tenía, la South American Classification Committee, el IOC World Bird List, el Howard & Moore Database y The eBird / Clements checklist of birds of the world, que son las autoridades taxonómicas mundiales, aceptaron su estatus. Y se plantearon tres hipótesis relacionadas con su estado y distribución, tal y como puede leerse en la información divulgada por el grupo de investigación enfocado en este caso específico:

1. La especie continúa en La Lana, pero es rara o se encuentra únicamente en microhábitats poco explorados.

2. La especie no se encuentra en La Lana pero si en otra localidad cercana.

3. A. blancae está localmente extinta debido a las altas tasas de deforestación en la región.

Después, ocurrió el milagro: “Luego de varios años —según continúa relatando la bióloga—, un bibliotecario del pueblo conoció ese registro y le dijo a alguien que él sabía que era muy curioso con los animales, que había visto esa ave en algún lado, porque Donegan había tomado fotos a las pieles que había en los museos y habían hecho la ilustración, entonces esta persona que recibió la información, en algún momento de enero de 2018, lo vio y empezó a buscar ornitólogos que le sustentaran ese registro que había hecho, pero la comunidad científica comete mucho ese error: que si no es alguien con experiencia, no le creen mucho, y Rodolfo Correa a pesar de que no tenía experiencia, lo había visto, entonces logró conseguir una cámara más o menos buena y tomarle una foto como para que le prestaran atención, y esa fotografía finalmente fue a dar a nuestro grupo de investigación”.

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En ese momento ocurrieron varias cosas. Se dieron cuenta de que el ave tiene hábitos completamente diferentes a los que estimaban que tenía y que era probable que por esa razón no se hubieran encontrado antes, además su similitud con otras especies pudo ser el detonante para que nadie se percatara de su presencia; el nombre común que se le había designado en su descripción original, gorrión montés paisa, fue cambiado por el de montañerito paisa, posterior a su redescubrimiento, para generar más cercanía con las personas; se declaró que es una especie endémica del norte de la cordillera central en Colombia en peligro crítico de extinción (se cree, y haciendo un cálculo no tan exacto, que existen menos de 1.200 ejemplares); y se inició el Proyecto Atlapetes, una iniciativa encabezada por Juan Luis Parra, Andrea Lopera, Sergio Chaparro y Rodolfo Correa con el fin de procurar la protección y la conservación de estos pájaros.

Encontrarla, un punto de partida

Según explica Lopera, todo lo que hasta entonces se conocía de la especie, giró drásticamente hacia otra dirección, pues aunque la taxonomía descrita por Donegan era en gran parte correcta, de su historia natural, al no haber podido ser rectificada ni estudiada, estaba a oscuras, así que comenzaron una nueva línea de investigación en la que se pretendía conocer su ecología y su voz, y la cual desembocó en resultados concluyentes: en cuanto a su forma, el ave mide 17 centímetros en promedio, su plumaje surge todo en escala de grises excepto por la cabeza color ladrillo que está en la frente, en la corona y llega hasta el cuello. Tiene máscara negra, alas y cola gris oscuro, y vientre y pecho gris claro y más claro aún en la garganta. Sus patas y su pico son negros. Sus ojos café. Y tiene un detalle entre el ojo y el pico, justo donde inicia el color ladrillo que es muy sutil: un punto blanco. Además, puede tener una línea malar que no se marca tanto, una línea muy muy suave a los lados del pico que baja hacia los lados de la gorguera.

Sobre su ubicación hasta el momento se ha encontrado en el altiplano norte en jurisdicción de los municipios de San Pedro de Los Milagros (y posiblemente en la parte alta de Bello), Belmira, Santa Rosa de Osos y Yarumal, principalmente.

Se sabe que vive en matorrales, casi siempre en zonas inundables y con arbustos de porte medio, o en vegetación de transición con páramo. Se alimenta de insectos, mortiños, nigüitos y hasta de néctar de orquídeas, y que su reproducción, aunque se sabe muy poco aún, puede ocurrir en dos picos al año entre diciembre y mayo, poniendo dos huevos pequeños muy cerca del suelo, a unos 60 centímetros de altura, en nidos construidos con pastos, así lo describieron en los documentos oficiales por el Proyecto Atlapetes:

“Documentamos algunos comportamientos durante el periodo de incubación; por ejemplo, la hembra siempre llegó al nido a través de un arbusto de Baccharis nitida cercano al nido y nunca de manera directa; el macho realizó “vigilancia” en las copas de arbustos cercanos al nido mientras la hembra incubaba; el macho realizó llamados para que la hembra saliera del nido y posteriormente vocalizaron en dúo entre los arbustos mientras se alejaban y la pareja en varias ocasiones forrajeó en el área cercana al nido antes de la hembra ingresar a este, entre otros”.

Por otra parte, este gorrión se confunde con muchas especies de cabeza roja, porque muchos comparten esa característica. Sin embargo, para la gente es comúnmente confundida con la Stilpnia vitriolina; el Atlapetes latinuchus, que es similar, pero cambia lo gris claro por amarillo; y el Atlapetes schistaceus, que es muy similar, pero si se miran en detalle es más oscuro, tiene la línea malar muy marcada, el rojo de la cabeza más intenso y un parche muy vistoso blanco a mitad del ala.

¿Por qué se busca?

Una vez encontrado el pájaro como biólogos, según cuenta Lopera, dijeron: “Hay una especie endémica de la que nada se sabe, entonces tenemos que hacer varias cosas. Hay que hablar con las autoridades ambientales para gestionar los permisos para estudiar algunos ejemplares. Luego hay que tomar muestras y empezar a hacer todos los estudios pertinentes para confirmar que es una nueva especie y eso hicimos: estudiamos sus hábitos, sus comportamientos y su canto. Y después nos dimos cuenta de que teníamos que divulgar y hacer educación ambiental y ahí nació el Proyecto Atlapetes, una iniciativa que trabaja por la investigación, protección y conservación del Gorrión-Montés Paisa”.

Dentro de esa línea de educación ambiental, por ejemplo, iniciaron talleres en las escuelas de San Pedro de los Milagros, para que los niños de la región conocieran sobre el ave y aprendieran sobre su territorio con el fin de motivarlos a salir y a reconocer la importancia de la riqueza natural de Colombia. Y dentro de la línea de la cartografía social, se acercaron a los dueños de los predios donde fue identificada la presencia del gorrión para hacerlos conscientes de la importancia de la protección de la especie.

Lea más: ¿Ha visto un montañerito paisa? Tómele foto al ave antioqueña y envíe su ubicación al Parque Explora

Los esfuerzos para procurar la conservación no pararon ahí. Hasta ahora muchas otras organizaciones se han sumado, iniciando campañas de búsqueda de esa especie endémica del norte de Antioquia que fue categorizada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como en peligro crítico de extinción. Algunas de esas organizaciones son la Corporación Salvamontes, la Colombia American Bird Conservancy, el Instituto Humboldt y el Parque Explora, esta última recientemente lanzó una campaña de ciencia ciudadana en la que se invita a que busquen el ave y si la encuentran, envíen las fotos al correo comunicaciones@parqueexplora.org. De esa campaña han enviado alrededor de 50 imágenes, de las cuales solo una pertenece al retrato de un montañerito paisa: “No es malo que solo haya aparecido uno, antes es bonito igual porque entonces nosotros les respondemos contándoles de qué especie se trata, en qué se diferencia del Atlapetes blancae, y esa también es una forma de acercar a la gente a la ciencia y de incentivarla para que sigan buscando”, finaliza Lopera.

Eche ojo, que de pronto se lo encuentra usted .

Infográfico
1.200
son los Atlapetes blancae que los científicos estiman hay en Antioquia hasta este momento.
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