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Science cuestionó el trabajo investigativo de científicos colombianos asociados al GNA

Una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo publicó un artículo que pone a tambalear algunas de las investigaciones del GNA, anteriores a la muerte del doctor Francisco Lopera, cuyo legado se mantiene intacto.

  • Con más de 583 cerebros y miles de muestras genéticas, el GNA tiene un Neurobanco con cerebros de pacientes que tuvieron enfermedades degenerativas. Foto: Camilo Suárez.
    Con más de 583 cerebros y miles de muestras genéticas, el GNA tiene un Neurobanco con cerebros de pacientes que tuvieron enfermedades degenerativas. Foto: Camilo Suárez.
hace 1 hora
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Desde el 13 de agosto, el Grupo de Neurociencias de Antioquia (GNA), uno de los más importantes en el mundo en la búsqueda de la comprensión y la cura del Alzheimer, está en mitad de un debate académico por las dudas que un artículo periodístico de Science Magazine plantea respecto de algunos resultados y estudios de los científicos colombianos Joseph Arboleda-Velasquez, de la Escuela de Medicina de Harvard: Yakeel Quiroz, neuropsicóloga de la Universidad de Boston, colaboradores frecuentes del GNA, y David Aguillón Niño, coordinador del Grupo de la Universidad de Antioquia.

Siga leyendo: Neurobanco del GNA: tres décadas descifrando los misterios del cerebro

Firmado por los periodistas Charles Piller y Jennie Erin Smith, el artículo afirma que las investigaciones bajo la lupa dejan en evidencia “un método cuestionable para identificar mutaciones protectoras”, que “modificó los datos de los pacientes para obtener resultados llamativos en los portadores de la mutación Christchurch”. Además, denuncia que varios artículos científicos publicados tienen “imágenes sospechosas o copiadas”. De comprobarse las afirmaciones del texto, serían un duro golpe, no solo a la ciencia colombiana, sino a la esperanza de miles de pacientes.

La variante de la discordia

En 2019, la revista Nature Medicine publicó un artículo que describió un caso que fue calificado de “revolucionario” en la historia de la investigación sobre el Alzheimer: el de Aliria Rosa Piedrahita de Villegas, una antioqueña que tenía la llamada mutación paisa, descubierta en la década de los ochenta por el neurólogo y fundador del GNA, Francisco Lopera. Esta se caracteriza por provocar Alzheimer de inicio temprano en sus portadores.

Sin embargo, Aliria no presentó la enfermedad en el momento esperado: tuvo síntomas solo hasta los 70 años, unos 30 años después de lo previsto. La publicación señaló que esto podía deberse a otro gen: la mujer tenía dos copias de una variante poco común del gen APOE, conocida como APOE3, cuya mutación se conoce como Christchurch.

Ese fue el inicio de una línea de investigación fructífera que ha posicionado a Arboleda-Velásquez y Quiroz, ambos formados en el GNA y emigrados a Estados Unidos en la década de 2000, como dos nombres relevantes en el estudio de esta enfermedad. Ahora, ese trabajo es cuestionado por el artículo de los periodistas estadounidenses Jennie Erin Smith y Charles Piller.

Smith investiga temas de salud y neurociencia y en 2025 publicó el libro Valley of Forgetting: Alzheimer’s Families and the Search for a Cure, sobre el GNA y el Alzheimer en Antioquia (Rey Naranjo publicará en septiembre la versión en español). Piller, por su parte, se ha dedicado durante años a exponer casos de fraude y mala conducta en la investigación neurocientífica.

Casi dos décadas después de que Lopera pudiera confirmar, en 1995, el origen de la mutación paisa —una alteración genética en el gen PSEN1 (E280A) que causa Alzheimer hereditario de inicio precoz—, el GNA comenzó un ensayo clínico de un fármaco con anticuerpos contra la proteína beta-amiloide. Esta mutación afecta una proteína llamada presenilina-1 y hace que el cerebro produzca más beta-amiloide, una proteína que puede acumularse y formar las placas relacionadas con el Alzheimer de inicio temprano. Aunque el ensayo no tuvo buenos resultados, fue durante ese proceso, como detalla la historia de Science, cuando encontraron el caso de Aliria, cuya investigación fue encabezada por Arboleda-Velásquez y Quiroz.

Fue el primero quien estuvo a cargo de dirigir la investigación de su genoma, en la que se encontró que Aliria tenía dos copias de la muy rara mutación Christchurch, que se produce por una anomalía en la variante más común del gen APOE, la APOE3. La función principal de este gen es producir la apolipoproteína E, que, a su vez, se encarga de transportar las grasas por la sangre y al interior del cerebro. El gen está relacionado con la acumulación de beta-amiloide.

Otra de las variantes de este gen es la APOE4, que puede aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. A propósito de esta, en 2023, Arboleda-Velásquez y otro grupo de expertos publicaron un artículo en el que señalaban que la mutación que estaban estudiando podría contrarrestar los efectos de esa variante, con base en una investigación que realizaron modificando genéticamente a ratones. Ese mismo año también reportaron el caso de un hombre, igualmente portador de la mutación paisa y con aparición tardía de síntomas, que, esta vez, fue explicada por los investigadores por la mutación Reelin-COLBOS, presente en el gen RELN.

Lo que explica Science Magazine es que, al momento de la publicación de estas investigaciones, algunos especialistas en genética del Alzheimer tenían dudas porque consideraban prematuro asegurar que tanto Aliria como el hombre con Reelin-COLBOS habían presentado síntomas más tarde de lo esperado únicamente por la presencia de esas mutaciones. “Cada individuo es portador de innumerables mutaciones, por lo que atribuir efectos causantes o preventivos a cualquiera de ellas requiere estudiar a una gran cantidad de pacientes”, dice la genetista Alison Goate, de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, quien colaboró estrechamente con el grupo de Lopera en los años 1990 y principios de los 2000, según señala el artículo de Science.

Mientras tanto, las investigaciones de los colombianos continuaron. Para seguir avanzando en la comprobación de la protección que podría ofrecer Christchurch contra el Alzheimer, comenzaron a evaluar pacientes con una sola copia del APOE3. Así fue como Quiroz expuso en un congreso en Europa que habían encontrado que doce personas con la mutación paisa y una copia de Christchurch habían presentado síntomas entre cuatro y siete años más tarde.

El asunto es que, en 2023, el doctor Nicholas Cochran había realizado una investigación en la que analizó las variantes genéticas de portadores de la mutación paisa, once de los cuales eran heterocigotos. La conclusión de este estudio fue una lista de mutaciones que podían hacer que el Alzheimer apareciera de manera tardía, pero Christchurch no estaba allí.

Cuando este mismo investigador supo lo que dio a conocer la investigadora colombiana, se percató de que ella había mencionado varios de los mismos casos de pacientes que él había utilizado para su trabajo. Sin embargo, había diferencias: las edades a las que comenzó la enfermedad —un dato clave en estas investigaciones— eran distintas.

Por ejemplo, al revisar las historias clínicas, los periodistas encontraron un caso en el que un paciente tenía registrado que, en una evaluación neuropsicológica a los 42 años, se había detectado un deterioro cognitivo leve y que, a los 52, ya le habían diagnosticado demencia. En los registros de Quiroz, esta misma persona aparece diagnosticada con la enfermedad a los 57 años, cinco años más tarde.

Según Science, al detectar las inconsistencias, Cochran contactó a Quiroz, quien respondió que algunos de los registros en la base de datos del GNA “no se habían revisado ni estudiado empleando los procedimientos exhaustivos que utilizamos ahora”, por lo que tuvieron que hacer cambios en presencia de un comité de revisión. Además, en los correos intercambiados aparece como responsable de las modificaciones a David Aguillón, el actual coordinador del GNA y sucesor de Lopera. Sin embargo, un miembro anónimo le dijo a Science que, en realidad, el comité no habría recomendado esos cambios.

Hasta aquí entonces el problema está en que dos colaboradores del GNA (Arboleda-Velasquez y Quiroz) que llevan varios años trabajando en centros de Estados Unidos, habrían sumado unas evidencias que podrían no ser precisas para llegar a conclusiones apresuradas. En particular, la investigadora Quiroz, habría utilizado datos de los casos analizados que no coincide con los estudios de otro investigador, que no es del GNA.

El artículo más detallado sobre lo explicado por Quiroz en Europa fue publicado en junio de 2024 en The New England Journal of Medicine (NEJM) y su principal conclusión fue que poseer una única copia de Christchurch retrasaba la enfermedad en los portadores de la mutación paisa cinco años en promedio. Un mes después, Cochran envió una carta, junto con otros dos científicos, a la revista para objetar los hallazgos de los colombianos, ya que, en una revisión que hicieron de los datos, encontraron que los portadores de Christchurch eran quienes tenían más modificaciones en sus registros, con una probabilidad 20 veces mayor de que se reajustaran sus edades de inicio que las de los no portadores.

Tres analistas forenses de imágenes revisaron doce artículos sobre Christchurch y Reelin-COLBOS y encontraron duplicaciones o anomalías en imágenes que respaldaban las hipótesis experimentales. En otros siete artículos sobre temas afines, firmados por científicos del GNA, también se apreciaban indicios evidentes de reutilización o alteración de imágenes.

“Ellos admitieron desde el principio haber cambiado datos. Nunca han negado haber modificado datos clínicos. La cuestión es si había una justificación para hacerlo”, le aseguró Smith, una de las autoras de la investigación publicada en Science, a EL COLOMBIANO. La periodista también enfatiza que este artículo no tiene como propósito cuestionar el legado del doctor Francisco Lopera, cuyos hallazgos son un referente a la hora de hablar sobre Alzheimer precoz hereditario.

Tres meses después de que los expertos enviaran a la revista la carta con sus críticas al estudio sobre las mutaciones, NEJM publicó la respuesta de los autores colombianos. En ella, aseguraron que los resultados fueron “obtenidos de forma sistemática por un equipo interdisciplinario” cuyos miembros “ignoraban la condición genética” de los pacientes, por lo que, según ellos, no existía ningún sesgo. La respuesta, publicada en octubre de 2024, fue firmada por Arboleda-Velásquez y por el propio Lopera, quien había fallecido el 10 de septiembre de ese año a causa de un cáncer.

“La carta era la respuesta final al NEJM, que es donde publicaron esos resultados sospechosos. Fue firmada por el doctor Lopera, pero todo ese intercambio sobre la carta y la respuesta ocurrió durante un periodo en el que él estaba tan delicado de salud que habría sido imposible que participara en ese proceso. La firma del doctor Lopera tiene peso, incluso en Estados Unidos, pero él no estaba en condiciones de tomar decisiones al respecto. Ya estaba demasiado enfermo”, afirma Smith, quien durante varios años trabajó cerca al neurólogo y en 2024 publicó un perfil suyo en The New York Times.

Por su parte, EL COLOMBIANO también consultó al GNA sobre lo revelado por Science. Esta fue su respuesta:

“Nuestra trayectoria científica, construida durante más de cuatro décadas junto con las familias de Antioquia y colaboradores nacionales e internacionales, comprende más de mil publicaciones y múltiples líneas de investigación sobre la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Las observaciones planteadas se concentran en un grupo específico de publicaciones relacionadas con variantes candidatas asociadas con protección frente a la enfermedad de Alzheimer y algunas investigaciones relacionadas. Estas observaciones están siendo revisadas rigurosamente y serán atendidas a través de los canales editoriales y científicos correspondientes.

A las familias y pacientes que durante décadas han confiado en nosotros, queremos transmitirles que nuestro compromiso con su acompañamiento, la confidencialidad de su información y la continuidad de la investigación permanece intacto.

El GNA continuará desarrollando su misión de investigación, docencia y extensión bajo los principios de rigor, transparencia, responsabilidad y continuidad que siempre nos han caracterizado”.

Por ahora, ni Quiroz, ni Arboleda-Velásquez, ni las instituciones a las que están adscritos se han pronunciado al respecto.

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