Pico y Placa Medellín
viernes
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Durante 54 años, el bar Maracaibo fue referente del billar y el ajedrez. La nostalgia embarga a sus asiduos visitantes.
El primer trago que se sirvió y se tomó en el bar Maracaibo no fue de aguardiente ni de ron: fue de vino. Porque el legendario salón de juego lo inauguraron con una misa.
El sábado pasado, último día de puertas abiertas, los habitantes asiduos del lugar se reunieron a jugar billar y ajedrez como cualquier otro día de la vida... Bueno, no como cualquier otro día, porque la nostalgia, alimentada por las evocaciones, creó una atmósfera rara, una atmósfera de tristeza sin lágrimas, esa tristeza que quiere esconderse tras la abundante charla de la cofradía.
“Ya le he dicho a Jhon —bromea Jairo Cano, un abogado que ha sido cliente por décadas, refiriéndose a Jhon Baena, el administrador— que los visitantes asiduos del Maracaibo somos víctimas de desplazamiento...