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Tendencias | PUBLICADO EL 23 septiembre 2020

Cuídelo: que no se estrese el corazón

Por Juliana Cifra Marín

Esta reacción afecta a todo el sistema cardiovascular y si se convierte en algo crónico puede causar un infarto.

La idea de que el cuerpo y la mente van de la mano, que lo que pasa en uno de ellos afecta al otro, pasó de ser una simple suposición a una certeza científica.

El estrés es una reacción adaptativa de defensa, que nace de una percepción de peligro (real o imaginaria) y que llega al sistema nervioso central y activa las redes que movilizan tres sistemas básicos: el endocrino, el inmunológico y el Sistema Nervioso Autónomo (el Sistema simpático que activa las respuestas involuntarias y el parasimpático que las desactiva).

Esta cadena fisiológica hace que el cuerpo reaccione de forma inmediata y efectiva, lo que ha logrado que la especie humana sobreviva y prospere en un mundo complejo. El problema está cuando el estrés pasa de ser una respuesta puntual a un estado permanente y se convierte en distrés o estrés mal adaptativo.

Todos los sistemas corporales se ven afectados por el distrés, pero en el sistema cardiovascular aumenta la presión arterial, la frecuencia cardiaca, el colesterol, los lípidos y los triglicéridos en sangre, ocasiona mayor vasoconstricción (que lleva a una menor oxigenación y aumenta el riesgo de infarto o accidentes cerebrovasculares) y altera las placas sanguíneas por el aumento en el cortisol y los triglicéridos.

“Lo que muestran las investigaciones es que no solo afecta el corazón el estrés que se tiene en el presente, sino que las experiencias traumáticas tempranas como abuso o negligencia en el cuidado pueden llevar a enfermedades cardiovasculares en la adultez. A mayor número de experiencias adversas en la infancia, mayor riesgo de enfermedad cardiovascular a futuro”, afirma el psiquiatra y profesor de la Universidad de Antioquia, Antonio Carlos Toro Obando.

¿Se puede controlar?

Hay dos momentos de prevención para evitar o mitigar el daño cardiovascular por estrés, uno en la infancia y otro en el momento presente (cuando se vive el estrés).

“Con los niños se trata de evitar eventos estresantes fuertes, desde lo básico, que es el acceso a la alimentación, educación, cuidado, amor y sentido de pertenencia. Fomentar en ellos el positivismo, la resiliencia, la asertividad, la seguridad en sí mismos y la espiritualidad. Es fundamental además que cuenten con ambientes donde puedan hablar, preguntar, se les escuche, se les respete, se sientan amados, cuidados, respaldados y seguros. También es importante que desarrollen sus habilidades sociales como la capacidad de resolver conflictos, comprender sus propias emociones y expresarlas de forma efectiva y positiva”, afirma el psiquiatra Toro.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS cómo cuidar su corazón

Según Natalia Pardo Restrepo, médica cirujana, especialista en medicina mente-cuerpo con énfasis en manejo del estrés del Benson Henry Institute de Harvard, estas son las claves para prevenir y controlar problemas cardiovasculares relacionados con es estrés:

·Tener hábitos de vida saludables. Lograr un buen sueño, reparador, lo que permite que nuestro sistema se recupere y reajuste.

·Contar con una alimentación balanceada, preferiblemente guiada por un profesional.

·Actividad física suficiente y acorde con las propias características y necesidades.

·Mantener conexión social positiva y relaciones profundas y significativas.

·Aumentar las actividades de recarga, que son aquellas que aumentan los estados de calma, paz, seguridad y satisfacción para compensar el desgaste que se tiene cotidianamente.

·Cuestionar regularmente las cargas que se están soportando en la vida. Analizar cuáles son autoimpuestas, cuáles no son imprescindibles en el propio proyecto de bienestar y nos quitan tiempo, energía y capacidad. El estrés también se presenta cuando la carga supera la capacidad de resistencia y este margen disminuye con los años.

·Adaptarse a la realidad que se tiene, que es diferente a entrar en procesos mal adaptativos (donde se vive a través de la resistencia y la resignación). Adaptarse es aceptar.

·Realizar actividades de relajación. Los efectos benéficos de la respiración (mindfulness), la meditación, el yoga, el taichi o el qigong. Está científicamente probado que estas prácticas activan el sistema parasimpático, que apaga los centros de alerta cerebral, los centros amigdalinos, que son los que nos mantienen en constante angustia, acelere, alerta, miedo, con una mente rumiante y viendo un futuro oscuro, hostil o cargado de incertidumbre. Por otro lado, estas técnicas de relajación encienden la corteza prefrontal (el sistema de navegación) permitiendo interpretar la vida de una forma distinta, una que nos genere bienestar.