Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
No solo fue campeón con los puños en el ring, también con las palabras dentro y fuera de él. Renegado, bailarín e imán.
Temible en el ring. Peor fuera de él. En el primero exhibía sus poderosos puños y un juego de piernas que muchas veces parecía ir en bicicleta o flotando como una abeja. En el segundo, era letal con su boca.
Bocón. Sí. Eso era Ali.
El gigantón de ébano que cambió la idea de lo que era el boxeo de principios y mitad de siglo pasado, rompió esquemas, fue irreverente y se convirtió en el mejor del mundo en la división más importante: los pesos pesados (91 kilos).
Muhammad Ali -cuyo verdadero nombre era Cassius Marcellus Clay, del que desistió al convertirse al islamismo- marcó, sin dudas, el antes y el después del deporte de los puños. “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Ali, un hombre libre”, dijo.
Fue el show. “Soy el mejor”, no se cansaba de replicarlo.
Su irrupción en el mundo del boxeo dejó atrás la frialdad de los combates, convertidos en duelos entre rivales que parecían piedras y que solo se dedicaban a darse golpes. Eran verdaderas máquinas...