Las empresas privadas de negocios son instituciones fundamentales en la vida económica, social y política de los colombianos. Son pilares fundamentales para la convivencia civilizada y para el éxito de la vida democrática. Probablemente, en Colombia ha faltado reconocer más el invaluable aporte de los grandes empresarios en la mejoría de nuestra calidad de vida.
Como bien lo destaca el gran economista argentino, Alberto Benegas Lynch: “Al ingenio del empresario le debemos los alimentos, los medicamentos, los transportes aéreos, marítimos y terrestres, los computadores, los progresos en la cibernética, las comunicaciones, los libros, el teatro, los diques y represas, las tiendas, los comercios, la vestimenta, la refrigeración, los muebles, la edificación y prácticamente todo lo que nos rodea”.
En consecuencia, si esta institución social se debilita o pierde prestigio, peligran nuestras oportunidades para progresar y para generar riqueza. Menos fortaleza empresarial implica menos empleo y, por ende, menos independencia frente al Estado y menos bienestar social. En este sentido, las empresas son una garantía de libertad y de progreso para todos. Además, son la fuente principal de ingresos del gobierno. Sin empresas, no hay recursos económicos para pagar los programas estatales.