No solo para saciar las ansias de conocimiento humano y saber cómo se formó el Sistema Solar en el que habitamos, sino que es un paso adelante para el futuro de la humanidad.
La llegada de Juno a Júpiter es otra hazaña del cerebro humano. Pese al medio siglo largo de exploración espacial y centenares de misiones, llegar al mayor de los planetas, en el que cabrían 901 Tierras, es empresa complicada y supuso varios retos y nuevas marcas como ser la primera nave en llegar tan lejos impulsada solo por la energía solar requerida para encender 10 hornos microondas.
Durante 20 meses orbitará 37 veces al gran planeta joviano de polo a polo para recoger información que permita conocer de qué está hecho su interior, conocimiento esencial para responder acerca de cómo surgieron los planetas alrededor del Sol.
La ciencia estima que este fue el primero en formarse, acaparando más del doble de la masa de todos los demás componentes del Sistema. Un gigante gaseoso de helio e hidrógeno que podría esconder un núcleo sólido.
Todo lo que entregue Juno llevará a entender cómo se forman los sistemas planetarios, sabido que existen miles de millones solo en nuestra galaxia a los que ahora también comienza a apuntarle el intelecto humano: en abril se anunció el proyecto para enviar una mininave a Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano donde parece que existe un planeta, a solo 4,2 años luz.
Hasta hoy distintas misiones han orbitado seis de los ocho planetas y los otros dos, además del planeta enano Plutón, han sido visitados en sobrevuelos. Mucho para tan poco tiempo.
Si bien gastar 1.000 millones de dólares en una nave no mayor (contada su antena) a una cancha de baloncesto parece un despilfarro, lo que comenzó como una carrera espacial entre las dos grandes potencias de fines de los 50, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, se ha convertido en un programa sostenido de exploración en el que ya interviene cerca de una docena de países.
Nada menos a comienzos de mes la Nasa decidió extender la vida de nueve misiones para arrebatarles más secretos a lejanos cuerpos y al todavía misterioso Marte.
Juno es otro gran paso para la humanidad. Como ha reiterado el reconocido físico Stephen Hawking, impulsor también del proyecto a Alfa Centauri, “el futuro de la raza humana está en el espacio”.
Una aseveración basada en el temor por las amenazas de eventos catastróficos de origen externo como asteroides, cometas y hasta explosiones estelares, uno de los cuales provocó la masiva extinción de vida de hace 66 millones de años, y también en aquellas de origen natural o antropogénico como el vulcanismo y el cambio climático. Además algún día el Sol se extinguirá y con él la Tierra.
La exploración espacial a más de saciar la sed de conocimiento del ser humano es en esencia una apuesta a largo plazo, cuyos resultados disfrutarán y valorarán mucho más esas generaciones por venir en los próximos siglos y milenios. Es, tal vez, una especie de solidaridad genética con la supervivencia de la raza.
Por eso, bienvenida la misión Juno con todos sus logros. Nos esperan 20 meses de incesante actividad científica en torno a Júpiter y una gran cantidad de datos que contribuirán a la expansión de la humanidad en todo sentido.
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