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Pekerman, un legado positivo

Aunque hay críticas válidas a la gestión del saliente DT de la Selección Colombia, el balance es el de un proceso que elevó el nivel del fútbol y los futbolistas nacionales. Brasil y Rusia, en la memoria.

06 de septiembre de 2018
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Infográfico
Pekerman, un legado positivo

El país del fútbol, e incluso la generalidad de la nación, deben agradecer los resultados que logró, durante los últimos seis años y medio (2.400 días), José Néstor Pekerman, como director técnico de la Selección Colombia. Su tarea esencial era clasificar el equipo a los mundiales de fútbol cuyas largas eliminatorias debió enfrentar, y lo logró. No de cualquier manera: en Brasil 2014, el seleccionado brilló y alcanzó el quinto puesto. En Rusia, los resultados no pudieron igualarse o superarse, pero el equipo cumplió un papel decoroso.

Pekerman, en un estilo muy propio de su sobriedad, alejó a los jugadores de los escándalos y de las espumas mediáticas. Su exceso de sigilo y confidencialidad llegaron a molestar en especial a sectores de la prensa, pero nadie puede desdecir de la disciplina y la imagen aplomada que en el promedio de las actuaciones transmitió la selección nacional, durante las fases clasificatorias y en el desarrollo de los dos torneos orbitales en los que él estuvo al frente.

Los mensajes de los jugadores, publicados las últimas horas en redes sociales, dicen mucho de la tarea de formación y liderazgo que ejerció con talentos como James Rodríguez, Juan Fernando Quintero y Frank Fabra, por ejemplo. Su rol paternal, de consejero y viejo sabio, se advertía en las sucesivas convocatorias del equipo para afrontar compromisos como la Copa América y otros internacionales en los que Colombia dio la talla ante rivales históricos como Brasil, Argentina y Uruguay.

Pero si algo debe agradecerse a “la era Pekerman” fue el apoyo sincero y masivo que consiguió de la afición. Un sentido de pertenencia y orgullo patrio entre el pueblo como pocas veces se ha visto. La camiseta de Colombia y la Selección, después de 16 años de ausencias de los mundiales, recobraron su magnetismo y fervor entre todas las capas sociales del país, y en el mundo renovaron el respeto.

El rendimiento de Pekerman del 63,5 por ciento (con 42 triunfos, 20 empates y 16 derrotas) habla de un técnico que consiguió minimizar los altibajos que experimentó el equipo durante la primera década de este milenio. Se recuperaron la confianza y la autoestima de los jugadores, que en la mayoría de los partidos mostraron sacrificio, carácter y compromiso.

Por supuesto, hay lugar para algunas críticas: Pekerman pudo hacer un trabajo mucho más planificado e intensivo con las divisiones menores, con los jugadores que eran y son los potenciales relevos generacionales de los Falcao, Ospina, Sánchez, Bacca, Borja y Arias, entre otros. Pudieron sentirse más su mano y su planificación a largo plazo para estructurar un proceso más ambicioso y sostenible.

También hicieron ruido algunos manejos delegados por el entrenador argentino a terceros que tenían intereses no tan estrictamente deportivos como debía ser. Y su relación fría y distante con la prensa podrá ser objeto en el futuro de un replanteamiento, por parte de sus remplazantes.

Ya se abre el abanico de posibles candidatos a la dirección técnica de la Selección. Las alternativas a nivel nacional no son muchas porque nombres importantes como Reinaldo Rueda, Juan Carlos Osorio y Hernán Darío Gómez, ya tienen compromisos. En el exterior, quedan opciones.

Quien llegue debe por lo menos alimentar una esperanza mayor de buenos rendimientos y resultados, porque Pekerman deja nuestro fútbol en un punto alto.

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