En las noticias del presente año se ha destacado, por su persistencia, la volatilidad de los mercados internacionales. De allí que, mientras en ciertos momentos se habla de una jornada de bajas en los índices de las principales bolsas del planeta o de la caída en el precio del petróleo, en otros se destaca la recuperación de las primeras y la mejora de la cotización del crudo.
Esta situación ha generado incertidumbre entre los inversionistas y la sensación de miedo e impotencia en el ciudadano del común que ve cómo, en virtud de la globalización, los eventos que acontecen lejos de sus fronteras le determinan su suerte.
Lo que hoy ocurre en los mercados y en la economía mundial hace parte de la cadena de acontecimientos surgidos tras la gran crisis financiera de finales de la pasada década y los que han dado lugar a grandes ajustes en las economías.
Precisamente, el Fondo Monetario Internacional, en su reporte de enero sobre las perspectivas globales, señaló que en la economía mundial no solo prevalece lo que la entidad ha denominado “el crecimiento mediocre”, sino que, a cuenta de los riesgos latentes, este podría “descarrilarse”.
Entre dichos riesgos se destacan: la desaceleración de las economías de los mercados emergentes; el reacomodamiento de China (la principal nación emergente y el motor del crecimiento mundial hasta hace poco); la caída permanente de los precios de las principales materias primas, en especial la del petróleo; y el inicio de unas nuevas condiciones monetarias en Estados Unidos.
La desaceleración de la economía china (que ya no crece a tasas alrededor del 10 por ciento sino mucho menores) y la falta de confianza de los mercados en la voluntad del Gobierno de Pekín para adoptar las medidas necesarias para garantizar un aterrizaje suave y la consecuente estabilización económica, constituye uno de los principales factores que contribuyen al ambiente poco alentador que se vive.
El otro riesgo, que afecta más directamente a la economía colombiana, tiene que ver con la caída del precio del petróleo en los mercados mundiales. En estos días se ha visto cómo, con ligeras ondulaciones, se mantiene la tendencia a la baja alcanzando su cotización niveles cercanos a los 25 dólares el barril.
Respecto a la situación de la economía estadounidense (el nuevo motor planetario), la Presidenta de la Fed, Janet Yellen, se muestra confiada en que esta nación mantendrá su senda de crecimiento moderado, lo que le permitirá al banco central continuar con la aplicación de los ajustes graduales en su política monetaria.
Sin embargo, la funcionaria habló de que los riesgos mundiales podrían aumentar la volatilidad de los mercados financieros, frenar el ajuste monetario y descarrilar la economía de Estados Unidos.
Para complicar aún más el panorama, durante los últimos días surgieron dudas, cada vez mayores, sobre la salud financiera de la banca europea, en especial de entidades tan importantes como el Deutsche Bank de Alemania y la Société Générale de Francia.
Aunque las autoridades del viejo continente les salieron al paso a estas especulaciones, los mercados mantienen sus dudas.
Los hechos, las respuestas de política y los riesgos económicos de los últimos años han configurado una realidad planetaria que el reconocido economista Nouriel Roubini denomina como la Nueva Anormalidad. Para este, en 2016 los ciudadanos del mundo tendremos que acostumbrarnos a vivir en medio de la misma.
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