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Además de la sanción penal muy severa que debe tener, agredir a una mujer tiene que provocar cada vez más escozor social, familiar y propio. El respeto al ser humano exige incondicionalidad.
El país vive un estremecimiento repetido por estos días debido a numerosos casos de agresión física, contra las mujeres, divulgados en los medios. Son muchos más los que se quedan en el silencio impuesto o resignado de otras decenas de víctimas. No debe pasar, no es aceptable, no es parte de la esencia de una democracia que se precie de garantizar respeto a todos sus integrantes y que fomente entre ellos un trato igualitario y digno.
No se trata de viejos manuales de reproches y reprensiones sexistas. Se trata, en lo más llano y profundo de la justicia, de la paridad del respeto entre seres humanos amparados por una Constitución y un Estado de Derecho.
Son condenables, son inquietantes, son inaceptables y resultan tristes, claro que sí, esos cuadros...