Colombia se está volviendo un destino turístico muy apetecido. Eso es lo que sugiere el balance del sector turístico presentado recientemente por el gobierno. Las cifras muestran que, en 2010, al comenzar la primera administración Santos, entraban 2,6 millones de visitantes extranjeros, en 2017 lo hicieron 6,5 millones, con un crecimiento de 150% entre esos años. Los ingresos de divisas que dejaron esos visitantes aumentaron un 68% en ese mismo período, pasando de 3.440 millones de dólares a 5.787 millones. Esa tendencia se acentuó en 2018 con un acumulado enero-mayo de casi 4 millones de visitantes, un incremento de 35,8% frente al mismo período del año anterior.
Es cierto que las cifras son impresionantes, pero exageran un poco el tamaño de la bonanza en el sector. Habría que eliminar el efecto que tiene sobre la información el ingreso de ciudadanos venezolanos en tránsito o con propósitos de permanecer en el territorio colombiano. Aun así, otros indicadores como los índices de ocupación hotelera, visitantes de cruceros, o las visas de turismo otorgadas muestran una dinámica importante de la actividad turística.
Las razones del éxito del turismo son varias. Coincidió la llegada de la paz a muchas regiones de Colombia con un cambio en la dirección del flujo internacional de turistas. Las acciones terroristas del estado islámico en regiones tradicionalmente receptoras de turismo (como Túnez, Egipto y Turquía, entre otros) llevaron a los viajeros a otras latitudes, dentro de ellas a Colombia, un destino que no estaba en la mira de los operadores de turismo. A eso se agrega una tasa de cambio muy competitiva, desde 2014 hasta ahora, con lo cual viajar por Colombia es muy asequible para el turista.
El país tiene un indudable atractivo para el turismo y esto es lo que se ha promocionado internacionalmente. Las riquezas naturales que se encuentran por todo el territorio colombiano brindan muchas posibilidades para el viajero internacional. Estos también han disfrutado de la belleza de las ciudades y pueblos con sus posibilidades culturales y gastronómicas.
Sin embargo, las limitaciones para el desarrollo del sector turismo son grandes. Una muy sentida es el poco desarrollo del bilingüismo, una necesidad imperiosa para un país que quiere competir por el turismo internacional. La pobre infraestructura con la que se cuenta para el desarrollo de la actividad es algo que también debe superarse. Si bien el gobierno hizo un esfuerzo para ampliar la capacidad hotelera en 25 mil habitaciones y ofreció incentivos para la construcción de hoteles en ciudades de menos de 200 mil habitantes, es claro que esto es apenas un comienzo.
Es crucial tener en cuenta que el turismo puede llegar a ser una actividad tan importante como la industria. Para desarrollarla se requiere una política pública que defina qué tipo de turismo es el que se quiere atraer, teniendo en cuenta que existe no solo el turismo de descanso, sino también el de visitantes que acuden a seminarios y convenciones internacionales. Los turistas son diferenciados y no consumen todos lo mismo, por lo que se hace indispensable mejorar y hacer conocer la oferta turística. Cada peso que se invierta en la promoción de Colombia como destino turístico y en el mejoramiento de la infraestructura turística, ejerce un efecto rápido y benéfico sobre las regiones involucradas.
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