Los retos en materia de lucha contra la criminalidad urbana y la inseguridad ciudadana que acarrea, así como las políticas de convivencia que han de impulsarse van mucho más allá de las limitadas competencias de los alcaldes municipales, que con las herramientas que tienen a duras penas pueden lidiar con el poderío y capacidad corruptora de organizaciones delincuenciales que tienen tentáculos mucho más allá de las fronteras de las ciudades y del propio departamento.
En el caso de Medellín y su área conurbada de diez municipios, este fenómeno se ve claro. Si bien la Policía Metropolitana tiene operatividad y mando unificado en todo el territorio metropolitano, cada municipio tiene su plan de seguridad, y muchas veces los alcaldes tienen concepciones distintas, incluso contrapuestas, de las prioridades y medios para ejecutar dichos planes.
En 2016, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá renovó la definición de la seguridad, la convivencia y la paz como “Hecho Metropolitano”, con el fin de actualizar los criterios y asumirla como “un proceso colectivo de gestión prospectiva territorial de las condiciones suficientes y necesarias para restaurar la tranquilidad pública y mejorar la gobernabilidad en los territorios”. Igualmente, se dispuso que “los retos de seguridad, convivencia y paz son de claro impacto metropolitano, por lo que deben ser atendidos de manera sinérgica por todas las alcaldías del Valle de Aburrá”.
La semana pasada, el Área Metropolitana anunció que comenzará a funcionar dentro del organigrama de esa dependencia -cada vez más amplio- la Subdirección de Seguridad y Convivencia Ciudadana, y que este cargo será desempeñado por el brigadier general (r) José Gerardo Acevedo Ossa, quien fue comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá y comandante de la Policía Antioquia. Conoce bien, pues, la realidad del Valle de Aburrá y las conexiones de la actividad delincuencial y sus redes con el resto del departamento.
El director del Área Metropolitana, Eugenio Prieto, por solicitud de este periódico, detalló las competencias y objetivos que tendrá el nuevo subdirector. Entre ellas, están las de identificar y diagnosticar la problemática de seguridad y convivencia que sean comunes en los municipios de la región metropolitana; articular a los actores claves para las estrategias de seguridad y convivencia; desarrollar el Plan Integral de Seguridad y Convivencia Ciudadana Metropolitana.
La responsabilidad del brigadier general en uso de buen retiro no será operativa, sino más de coordinación, asesoramiento y planificación. Si bien su experticia se forjó en su larga carrera policial, deberá combinar ahora sus conocimientos técnicos con la visión macro de las estrategias que hay que definir y ejecutar para enfrentar lo que sigue siendo un reto mayúsculo en nuestro entorno, como es el de la actuación y crecimiento de bandas y combos criminales, no solo los relacionados con toda la cadena del narcotráfico, sino con otras manifestaciones delictivas a gran escala como la extorsión, los hurtos y, en fin, el control paraestatal de amplios núcleos urbanos.
Esta nueva estructura podrá resultar útil, con el apoyo de los alcaldes, la Policía Nacional y la justicia, actuando en coordinación, en un campo de acción institucional en el que, desafortunadamente, hay recelos, desconfianzas cruzadas y falta de cooperación. Sin embargo el Área Metropolitana tiene que cuidarse de sólo crecer en su estructura por motivos de ciudad y bajo estrategias explícitas y comprometidas con resultados concretos y medibles. No puede convertirse en un ente burocrático o que entorpezca la labor de los otros alcaldes.
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