El comunicado de la Junta Directiva del Banco de la República del pasado viernes 31 de julio tiene dos mensajes importantes que dan cuenta tanto de la magnitud del ajuste a la que se ha visto sometida la economía, como de las perspectivas para los próximos meses, en especial las que tienen que ver con las decisiones sobre la tasa de interés.
El primer mensaje se refiere al crecimiento esperado del PIB para 2015. En marzo, el Emisor estimaba que la economía crecería 3.6 por ciento. Cuatro meses más tarde, se presenta una revisión a la baja. El nuevo pronóstico es de 2,8 por ciento, esto es, 0,8 puntos porcentuales menos.
El segundo mensaje está relacionado con el comportamiento de la inflación. En marzo, el Banco señalaba que “la inflación al consumidor en febrero alcanzó 4,36 por ciento”, cifra por encima de la proyectada. Dicho incremento respondió al aumento en los precios de los alimentos y en los bienes transables.
Se consideraba, además, “que la inflación convergerá a su meta en el horizonte de política. Esta convergencia se iniciará a partir del segundo semestre de 2015”, pues para ese momento los precios agrícolas deberían disminuir.
Finalizado el mes de julio las cosas en materia de precios no lucen tan optimistas. En su último comunicado, la Junta del Emisor señala que la inflación anual al consumidor es mayor (4,42 por ciento) y que las medidas de la inflación básica aumentaron por noveno mes consecutivo (4,14 por ciento).
Se reconoce, además, que no solo se mantienen los problemas con la oferta alimentaria, sino que la fuerte devaluación del peso ya afecta directamente los precios al consumidor así como los costos de las materias primas importadas.
Ello hace pensar a las directivas del Banco que para “finales de 2015 la inflación estará cerca de los actuales niveles”, con lo que se aplaza para comienzos de 2016 el proceso de convergencia “a la meta del 3,0 por ciento”.
Por tanto, la situación de los mercados externos (que siguen inestables y sin rumbo claro), junto al fuerte ajuste de la economía colombiana han llevado, en pocos meses, a que se cambie la valoración que el actual fenómeno inflacionario tiene para la política monetaria.
En particular, han surgido dudas sobre si los elementos que han presionado el alza de precios van a tener afectos de mayor intensidad y duración sobre la inflación básica, las expectativas inflacionarias o la estabilidad macroeconómica y, por ende, pudieran motivar un movimiento hacia arriba de la tasa de interés de referencia.
La preocupación principal tiene que ver con el hecho de que los factores causantes de la espiral de precios muy seguramente se mantendrán activos, al menos en el corto plazo.
Concretamente, el Fenómeno de El Niño, que sigue vigente, puede afectar negativamente el flujo de la oferta agrícola.
Por otra parte, las perspectivas de que la tasa de cambio sufra una importante corrección a la baja son poco probables, ya que no se despeja la situación del mercado mundial del petróleo y la economía mundial no consigue estabilizarse.
En estas circunstancias, en las próximas reuniones la Junta del Emisor deberá enfrentar el dilema sobre si mantiene o no el nivel de la tasa de interés. Hasta el presente, la prudencia y el buen juicio han prevalecido en sus decisiones. Confiamos que, en esta oportunidad, ello sea así .