Hoy es el día en que quienes han elegido libremente ser católicos celebran desde la fe el misterio del nacimiento de Jesús. Y este bello momento religioso merece el respeto de todos, los creyentes y los agnósticos. ¿Qué episodio en la vida puede ser más bello que un nacimiento?
Son tantos los sucesos perfectos que se dan cuando empieza una vida que parece un misterio mágico donde brilla al nacer un pequeño ser individual y autónomo que asume su propio destino, un momento que parece, ante todo, el resultado de un milagro impecable y sublime.
Cuando se observa la vida de este ser perfecto, misterioso, tan fuerte y frágil a la vez, se deslumbra el intelecto y se emociona el alma propia, pues aquella perfección parece guiada de manera natural por un plan superior. Cada átomo sabe su rol y se entrega a la tarea de sobrevivir y crecer con éxito.
Qué delicia es observar la ingenuidad del espíritu que confía y experimenta sin medida, dejándose llevar por la aventura de la vida, el instinto intrínseco y conocedor que domina la respuesta perfecta sin tregua de tiempo y lleva por el camino seguro, la capacidad de la sorpresa que sonríe a carcajadas frente a esa sensibilidad que percibe y reacciona ante el más pequeño estímulo.
Pero, ante todo, el más bello regalo detrás de un nacimiento, que es el eje de la celebración católica de hoy 24 de diciembre, es el significado de esperanza. Hoy se celebra y conmemora la vida de ese niño que ilumina y entusiasma a quienes creen en su presencia y con él renuevan con alegría y determinación el tener una vida con propósito, cuyo final será la presencia de Dios en el amor.
Que el misterio del Niño Jesús y los méritos de su infancia acompañen a nuestras audiencias en estos bellos días que se prestan para inspirar emociones y compartir afectos en familia con paz y amor. ¡Feliz Navidad! .
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