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El silencio atronador de Iván Cepeda

El problema no es que Iván Cepeda no sepa hablar. El problema es lo que dice –y lo que calla–.

hace 3 horas
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  • El silencio atronador de Iván Cepeda

En la cumbre de gobernadores y en el Congreso de Naturgas, la ausencia de Iván Cepeda fue muy notoria. La mayoría de los candidatos presidenciales asistieron, pusieron la cara y presentaron sus propuestas. El único que no apareció fue él, pese a las invitaciones recibidas.

Se trataba de debatir el futuro de las regiones en un evento, y la encrucijada energética del país en el otro. Cepeda no llegó a ninguno. En Colombia, los candidatos punteros suelen evadir los debates con alguna excusa, pero eso ocurre al final de la campaña, no desde el arranque, como lo ha hecho él.

Sin embargo, algo cambió en su estrategia. Este fin de semana apareció diciendo que “retaba” a Paloma Valencia y a Abelardo de la Espriella a debatir. La gente no entendió bien lo del “reto”, dado que esos candidatos llevaban semanas pidiéndole a Cepeda exactamente eso.

Como si fuera poco, puso condiciones. En Colombia, la práctica establecida es que los medios convocantes proponen las reglas y cada campaña decide si las acepta o pide ajustes. Cepeda, en cambio, dice que solo debatirá con Paloma y Abelardo, y excluye a Sergio Fajardo y Claudia López, entre otros. La pregunta es inevitable: ¿estamos transitando hacia un régimen en el que el candidato —o el gobernante— decide quién tiene derecho a participar y quién no?

Y de ñapa, Cepeda exige el doble de tiempo que sus contrincantes, con el argumento insólito de que son dos contra uno. La estrategia es evidente: quiere borrar a los candidatos de centro porque sabe que con los votos de la izquierda pura no le alcanza para ganar. Busca invisibilizar los nombres que hoy ocupan ese espacio para ocuparlo él. Con ese mismo propósito intenta equiparar a Paloma con Abelardo, para tratar de desplazarla del centro que ella viene conquistando —en parte gracias a su fórmula Juan Daniel Oviedo y a posiciones más moderadas–.

A menos de 40 días de las elecciones, es posible que Cepeda, con tantas condiciones, no termine asistiendo a ningún debate. Solo quiere actuar en escenarios donde controle el mensaje: “Una línea que no vamos a franquear es que nos impongan los temas que vamos a discutir y el orden de los temas, porque entonces hay que discutir la seguridad y la paz total”, le dijo a María Jimena Duzán.

Lo que sí ha tenido son más de 50 actos por el país, de los típicos, con tarima y gente que llega en buses. Incluso se ufanó de ser la candidatura con más eventos públicos. Lo que no ha explicado es cómo los financió, cuando algunos de esos actos pueden costar entre 500 y 1.000 millones de pesos.

¿Por qué evade las entrevistas incómodas y los debates? No es propiamente porque no tenga capacidad de expresión, en sus intervenciones como senador ha demostrado saber cómo hacerlo. La explicación tal vez está en que no le conviene que lo asocien con los pobres resultados del gobierno Petro. Cepeda cabalga hacia la presidencia sobre los hombros de Gustavo Petro, pero parece no querer cargar con el peso de defenderlo.

El silencio de Cepeda es atronador. Ha callado frente a los graves escándalos de corrupción de este gobierno, la crisis del sistema de salud, las alarmas sobre el sector energético, el desorden de las finanzas públicas, los ataques a las cortes y al Banco de la República. Sobre la paz total —uno de los más estruendosos fracasos de este gobierno— lo único que atinó a decir fue: “De mí no esperen declaraciones contra la paz”, cuando le preguntaron qué pensaba de la parranda vallenata en la cárcel de Itagüí.

Por un lado promete que como Presidente frenará la corrupción, pero por el otro guarda silencio sobre nombramientos como el de Daniel Quintero en la Superintendencia de Salud, o el de Jorge Iván Ospina como interventor de la Nueva EPS. No dijo nada del desastre de los pasaportes. Permanece mudo ante las salidas de tono del presidente Petro, ante las protestas de campesinos por el disparo en los avalúos catastrales y no ha dicho una palabra sobre lo que está pasando en Ecopetrol, la empresa que era la joya de la corona y que hoy marcha en reversa.

No es fácil responder por este gobierno; eso hay que reconocerlo. Pero lo que Cepeda sí admite públicamente es que continuará el programa de Petro y profundizará sus propuestas. Habla también de un Acuerdo Nacional —lo mismo que prometió Petro al asumir el cargo. Y cuando le preguntan por la Asamblea Constituyente, no la rechaza: simplemente dice que “hay un sector de la opinión que quiere una constituyente y está recogiendo firmas. Perfecto, muy bien. ¿Lo logrará o no? Lo veremos”.

Y añade que el prefiere “buscar un acuerdo nacional” y que si ese acuerdo llegara a la conclusión de que hace falta una reforma constitucional a fondo, eso podría hacerse “a través del Congreso, pero también está la posibilidad de que sea el presidente a través de decretos si ese es el acuerdo o también una asamblea constituyente”. Que a alguien que aspira a la presidencia se le ocurra que reformar la Constitución por decreto es una opción válida no es un detalle menor. Aunque, al final, concede que no le ve “mucho ambiente” a la constituyente.

El problema no es que Cepeda no sepa hablar. El problema es lo que dice –y lo que calla–.

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