Medellín debe acelerar la entrada en vigencia de su Plan de Ordenamiento Territorial, POT, a 2027. Aplazarlo es congelar la renovación urbana y quedar en un limbo entre normas viejas y nuevas.
La reglamentación e implementación total del Plan de Ordenamiento Territorial para Medellín, aprobado desde 2014, es una prioridad para que pueda arrancar el desarrollo de la ciudad concebida en ese instrumento rector. Si el POT sigue atrasándose, proyectos esenciales en áreas estratégicas se verán frenados y esta urbe, tan dinámica y explosiva, estará expuesta a la no unificación de sus políticas de diseño urbano y a un desfase entre viejas y nuevas concepciones respecto de sus trazados y protocolos de construcción pública y privada.
Aunque hay avances, también se descubren vacíos, asuntos pendientes que demandan reglas de juego urgentes para lo que será la articulación de Medellín con el Valle de Aburrá y con el resto de Antioquia, con base en obras como las vías 4G y el ferrocarril. Pero también porque el POT es el que da claridad al modelo de ciudad sostenible y decididamente entroncada con el entorno natural y tejida desde dentro como un espacio capaz de autorregularse y generar condiciones...