No puede volver a ocurrir que haya territorios en los que los criminales deciden si se puede salir, o no, a vivir la cotidianidad. El drama en esa región no es solo para el país rural. Es para todos.
29 de abril de 2018
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La zozobra extrema en que han transcurrido los últimos 15 días en la región de Catatumbo, Norte de Santander, debe implicar no solo la respuesta de las autoridades, en especial de las Fuerzas Armadas, sino que debe desatar una solidaridad generalizada de la sociedad colombiana. La gravedad de la tragedia humanitaria que sufren esos compatriotas no puede ser vista desde la pasividad de los registros noticiosos. Una zona de frontera, de gran riqueza agrícola y humana, debe ser liberada de las imposiciones de grupos armados ilegales como el Epl y el Eln.
Resulta por lo menos indignante ver cómo esas organizaciones deciden la suerte de los más de 30 mil habitantes de los seis municipios que conforman el Catatumbo. Cierran vías, impiden el transporte...