La pandemia ha afectado considerablemente la generación de empleo y, por consiguiente, el desempleo, que volvió a cifras de más de un dígito. Una de las poblaciones más afectadas es precisamente la de los jóvenes, pues según los datos más recientes del Dane (trimestre abril-junio 2021), la tasa de desempleo de estos en Colombia es del23,3 %; siendo mucho mayor la de las mujeres (29,9 %) que la de los hombres (18,5 %). En el caso de Medellín y su área metropolitana, la tasa de desempleo de los jóvenes es del 27,3 %, es decir, casi cuatro puntos porcentuales por encima de la total nacional. Vale la pena resaltar que la tasa de ocupación en esta franja es mucho menor que la del total nacional (41,6 % vs 50,9 %, respectivamente). Por todo ello, el Observatorio Javeriano de Juventudes señala, con base en una encuesta a jóvenes, que uno de los ámbitos más críticos para la juventud consiste en sus oportunidades reales de inserción laboral; además, que problemas de acceso y permanencia de los jóvenes en la educación terminan en búsqueda de empleo. En otras palabras, el programa “Que hay pa’ hacer” es muy oportuno en un momento difícil para los jóvenes de Antioquia.
Otra virtud notoria de este programa es que se trata de una alianza público-privada, pues la pandemia ha reiterado la importancia y necesidad del trabajo colaborativo. La generación de oportunidades surge a través de esta labor colectiva entre diferentes grupos de interés, y no sería posible sin esas asociaciones. Hay además algo excepcional y es la muestra de solidaridad como sociedad, que tanta falta hace en estos tiempos de modernidad y cambios tecnológicos vertiginosos.
Hay algunos aspectos que podrían ser tenidos en cuenta en el desarrollo del programa. El Panorama Social de América Latina y el Caribe (ALyC) publicado recientemente por la Cepal señala que la pandemia ha aumentado los riesgos de deserción escolar, y las cifras en Colombia del Ministerio de Educación así lo confirman. Habría que tener en consideración que algunos de los jóvenes que apliquen al programa eventualmente podrán ser desertores del sistema educativo, presionados por las circunstancias económicas de sus hogares derivadas de la pandemia. Sería entonces importante que se pudiera promover, además del empleo de choque, la posibilidad de que estos jóvenes en algún momento posterior vuelvan a enganchar al estudio. La educación siempre será un buen camino para las oportunidades, el empleo, la equidad y la movilidad social.
Igualmente es fundamental tener en consideración que los efectos de la pandemia no se han distribuido por igual entre la gente de menor ingreso y la de mayor. La Cepal estima que en ALyC, en el caso de las personas del primer quintil (20 % de la población con los ingresos más bajos), la caída en los ingresos laborales habría sido de un 42 %, mientras que, en el de las del quinto quintil (20 % de la población con los ingresos más altos), la caída promedio esperada es de alrededor del 7 %. Esto hizo aumentar considerablemente la pobreza y la desigualdad. El programa podría así priorizar a aquellos jóvenes de los estratos más bajos.
“Qué hay pa´hacer” muestra que Antioquia sí es solidaria, se preocupa por su entorno y trabaja en alianzas público-privadas. Y que sí es posible encontrar fórmulas para aliviar los terribles efectos de la pandemia
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