Pico y Placa Medellín
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Samuel Castro
Miembro de la
Online Film Critics Society
X: @samuelescritor
La segunda vida de las películas hoy en día puede ser más sorprendente que la primera. Porque en la segunda, unas semanas después del estreno en salas, aparece lo que algunos llaman “el efecto Netflix”: cintas que apenas llegaron a números decentes en el circuito comercial, se encumbran en los rankings de visualización, tal vez porque la gran mayoría de la audiencia de plataformas hace caso a las recomendaciones del algoritmo.
No es el caso de “The drama”, de Kristoffer Borgli, que hizo una taquilla más que satisfactoria en Estados Unidos, pero su estreno en PrimeVideo sí nos permite conversar más sobre una película que merecía un análisis más profundo que el que dieron los influencers a sueldo, preocupados por hablar de lo despeinado que luce Robert Pattinson como Charlie o del maquillaje de Zendaya como Emma, pero incapaces (porque eso no da clics) de celebrar las interesantísimas resonancias de esta comedia de humor negro brillante, que hurga sin compasión en la corrección política y raya con una llave el chasis biempensante que mostramos todos para no incomodar a nadie y ser aceptados.
He hablado de la taquilla en un espacio que siempre evita hacerlo, porque me parece relevante anotar que el recaudo que logró esta producción se consiguió ocultando deliberadamente su trama, tanto en su campaña publicitaria como en las entrevistas a medios que dio el reparto. ¿Por qué “engañar” a la gente vendiendo en todas partes la idea de que estábamos ante una especie de comedia romántica o un drama sexi? Tal vez porque tanto los productores como Pattinson y Zendaya sabían que eso que llamamos hoy la “opinión pública” no está lista para hablar sobre ciertos temas desde una posición que no sea la dominante o con la ambigüedad que el mejor arte es capaz de asumir. Que ante un tema como el que en verdad toca la película (la violencia interna, el ser oscuro que llevamos dentro y que no siempre podemos controlar), nadie en estos tiempos se daría la oportunidad de ver “The drama” y los cuestionamientos que hace, si no coincidían con sus propias creencias. Ambas estrellas aprovechan su poder de convocatoria (y esto habla bien de ellos, como hace unas generaciones hablaba bien de Robert Redford o de Jane Fonda su activismo) para intentar que una generación y una clase social (a la que ellos intentan retratar en la trama) se cuestionen: ¿qué tanto somos capaces de dar segundas oportunidades a quien ejerció la violencia contra mí? ¿Cuánto cambiaría nuestra opinión sobre los demás si sólo nos basáramos en lo que opinaba cuando era un adolescente? ¿Qué tanto depende mi vida de lo que crean los demás de mí?
Borgli consigue ser cáustico sin dejar de querer a sus personajes. A Charlie lo vemos dudar de su futura esposa y a Emma burlarse de sus dudas. Él encarna ese progresismo cool que no sabe de contradicciones y menos de autocrítica. Ella, en cambio, sabe que la vida puede ser varias cosas al tiempo. El público ríe y luego se enoja, no con ellos, sino con el cineasta que lo acaba de desnudar sin pudor.