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Mucho brinco, poco salto: Hokum, de Damian McCarthy

hace 1 hora
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  • Mucho brinco, poco salto: Hokum, de Damian McCarthy

Cuando vemos avanzar el carro desgastado por las solitarias carreteras que cruzan algún verde paraje irlandés, rodeado de bosque hasta donde se pierde la vista, de inmediato pensamos en un recorrido similar que daba otro escritor, aunque en lugar de estar terminando una exitosa saga, como el Ohm Bauman que encarna acá con acierto Adam Scott, aquel, Jack Torrance en la piel de Jack Nicholson, tenía un bloqueo de página en blanco y por eso se inventaba un paseo con su esposa y su hijo a un hotel donde ocurrían cosas extrañas. Aquella película era El resplandor y cuando Stanley Kubrick adaptó la novela de Stephen King (una versión que al escritor estadounidense nunca le gustó) prácticamente sentó las bases de ese subgénero del terror que implica mansiones heredadas en pasajes siniestros y hoteles peculiares y variopintos, con personal más siniestro e inquietante, que atento y servicial.

Hokum no se inventa nada nuevo, pero Damian McCarthy, su guionista y director tiene la suficiente astucia como para acomodar muchos de los elementos conocidos y usados en este tipo de historias, sin que parezca que todo se ha copiado. Por mencionar algunos, el escritor carga con un trauma desde la infancia, en el hotel ocurrió una desgracia que lo marca con un maleficio y el bosque en el que se encuentran es el territorio original de una leyenda folklórica que implica el robo de niños pequeños. Cada elemento da para una película por separado, pero McCarthy los junta de tal manera que parecen combinar con elegancia, como un vestido de tres piezas hecho a la medida.

Sin embargo, tal vez engolosinado con su habilidad en la escritura y animado por el buen diseño de producción de Til Frohlich, que le provee elementos escenográficos a los que les saca todo el jugo (miren lo que hace con las viejas campanitas para llamar al servicio del hotel, o con el montacargas usado para llevar la comida a la suite de luna de miel), McCarthy se sobreproduce en esos momentos de susto repentino que todos conocemos (cámara que nos muestra un brillo y rostro aterrador que aparece cuando el brillo se apaga, entre muchas otras fórmulas) al punto de hacernos olvidar de la trama. Tiene sentido común y por eso la película no se desbarranca al precipicio de la autoparodia, pero Hokum sería mucho más efectiva en su intención de asustarnos si se midiera un poco más y espaciara esos momentos. Parece como si McCarthy supiera que la generación que creció con TikTok no tiene paciencia para aguantar atmósferas y, temiendo desafiarla, rellena su historia para que no se vaya de la sala.

Es una lástima, porque su camino narrativo tenía suficientes bifurcaciones para avanzar hacia territorios inexplorados, como la narración paralela de la novela que está escribiendo Bauman, o las historias particulares de algunos personajes secundarios con potencial. McCarthy prefiere el brinco fácil al salto cualitativo y eso hace que su película carezca de ese brillo que las grandes películas de terror, como El resplandor, logran alcanzar.

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