“Una imagen, viejo; una imagen es como una pesada bola con cadena. No es como una sombra, porque está ahí las 24 horas. Cuando el sol se pone, no desaparece”. Quien habla es Keith Richards, casi 72 años, guitarrista de los Rolling Stones, leyenda viva. Y la imagen de la que se lamenta es la que muchos tenemos de él: la de ese roquero inagotable y bebedor, salvaje, que nunca se acuesta antes del amanecer. Esa misma imagen es la que intenta contradecir, con éxito notable, en “Keith Richards: under the influence”, el documental que se estrenó hace pocos días en el Festival de cine de Toronto y que está disponible para quien quiera verlo en Netflix desde esta semana.
La película no intenta ser biográfica a la manera usual. Aunque Richards desgrana...