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Vender mucho ganando nada

10 de julio de 2017
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Aclaro que no soy economista, pero investigo. Economía de escala se refiere a la capacidad de una empresa cuando alcanza un nivel deseado de producción, para producir más a menor coste, entonces a medida que la producción crece, sus costes por unidad rebajan. Si produce más, menos cuesta producir, pero atención, también existen las “deseconomías” de escala, o sea todo lo contrario: sobrecapacidad, horas extras, mercadeo adicional y obvio, pérdidas. Las empresas se montan para ganar, no para perder, perdonen la perogrullada, creemos que debemos recalcarlo para hacer claro nuestro punto.

No puede ser que para vender 200 mil comidas y marcar un supuesto récord, las empresas deban quedar al borde del colapso, perder dinero, desperdiciar recursos, tanto humanos, como económicos y todo basado en un supuesto posicionamiento de marca.

La codicia y la ignorancia de algunos públicos explican el negocio. El ejercicio de vender mucho ganando nada se parece al fenómeno comercial de las pirámides. Un organizador propone un gran evento de cocina con descuentos absurdos, el restaurador pone el local, personal y plata, con la idea de atraer mucha gente, para que esa gente, traiga más gente, pero cuando deja de crecer hace crisis y los organizadores se llevan el botín, mientras que los restauradores se quedan con el recuerdo de las largas filas.

Se configura en este tipo de eventos cierto “dumping”, práctica comercial desleal que consiste en rebajar precios, quebrarlos por debajo del margen de utilidades y así sacar a la competencia del mercado, la cual por sus obligaciones comerciales y límite en la inversión, no puede participar del juego.

Sacrificar a las personas, doblarles el turno, quebrar cerebros y hacer creer que todos ganaron, es una quimera, que todos se creen, porque, al fin y al cabo, vieron mucha gente en fila frente a sus negocios. Un cocinero economista aplicado, debería revisar cuántos clientes, según su inversión, humano-económica, se convirtieron en compradores leales y sopesarla contra el inventario invertido, el personal utilizado y el dinero gastado. La mayoría de restauradores caen en el error de creer que, si mucha gente los conoce, mucha gente les comprara, falso. En el sector comida, sumarse a una actividad agresiva de mercadeo sin la capacidad de respuesta, puede poner en peligro su imagen y la calidad de sus productos, justo lo que ha pasado en los últimos días. El número alcanzado es un supuesto logro, un éxito utópico y efímero, pues en realidad la meta final le sirvió solo a los que tienen gran pulmón comercial o verdadero músculo financiero y como no, a los organizadores del evento, quienes ganan en popularidad y vil metal.

Y eso sin hablar del atentado a la identidad culinaria.

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