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Un amor con olor a espíritu joven

17 de febrero de 2024
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Enero de 1990. El inicio de una de las décadas más prolíficas, rebeldes y alternativas. Estados Unidos vibraba con el rock, las guitarras distorsionadas y la juventud respondió a ese llamado con pelos desprolijos y sucios, blue jeans rotos, sacos de lana en desuso, drogas, alcohol y todo empaquetado en un solo bolso llamado: grunge.

Y desde el grunge nace un amor que como el rocanrol, germinó en medio de las botellas de cerveza, las distorsiones, el frenetismo juvenil y la vida nocturna.

Pero antes, hay que contar el detonante de esa gran explosión que partió la historia del rock en dos. Kurt Donald Cobain, un niño, con melena de oro, a sus catorce años, tenía dos regalos por escoger, una bicicleta, o una guitarra, y esta segunda le inundó las pupilas de ilusión. Su tío Chuck se la consiguió en el Centro Musical Rosevear, en Aberdeen. Y fue esa guitarra, la que propició que años después, en 1987, se reunieron algunos amigos a hacer rocanrol, de esa reunión nació Nirvana.

Y justo por esta banda, se puede contar esta revoltosa historia de amor. Todo comenzó en Satyricon, un bar en la ciudad de Portland, ahí se vieron por primera vez Kurt Cobain y Courtney Love. Ahí en ese bar se vieron el viernes 12 de enero de 1990. Dos historias paralelas repletas de ausencias. Kurt, un niño que padeció el bullying y que a los 17 años intentó suicidarse por primera vez y ella, una mujer falta de afecto, con una cabeza esquizoide.

En el lugar, Kurt, estaba a la espera de su turno para tocar con su banda y ella fue a acompañar a una de sus amigas, que salía con el integrante de la banda telonera de Nirvana. Al verse, se miraron fijamente y ella no se aguantó y le gritó: “Hey, te pareces a Dave Pirner”. Él sonrió. Esos cuatro ojos, mirándose fijamente se tomaron miles de fotos y ahí empezó la historia. Por el comentario, él la empujó en broma y Courtney terminó en el suelo, a lo que él respondió arrojándose sobre ella y los dos en medio de ese forcejeo risueño, empezaron su bitácora.

A los días ella lo buscó con un regalo. Un corazón de seda empacado en una caja, pero él no respondió ante el presente. Se encontrarían al año siguiente, mientras Kurt, después de un concierto en Los Ángeles, en el backstage tomaba un jarabe para la tos, mientras ella, por la espalda, le pegaba un golpe y terminaban de nuevo ambos en el suelo. Al parecer el contacto físico los encontraba en esa extraña coquetería. Ambos esa noche hablaron sobre las bandas que amaban y sobre sus producciones. Kurt le habló sobre el disco que lanzaría, Nevermind, y ella le habló de Hole, su banda, en la que era cantante. Ella le anotó su número de teléfono en una servilleta y él la llamó esa misma noche.

Desde ese momento, empezó un noviazgo que piloteaba no solo el éxito de la fama de Kurt y Nirvana con el reciente lanzamiento de su disco, sino la marca como un tatuaje de que ella era el diablo y él un ángel.

Su historia, en medio de la rareza de sus cotidianidades, entre giras, escenarios, fiestas interminables, fue una historia de amor que ambos disfrutaron. Se acompañaban en sus soledades y crisis.

A finales de enero del 92, Courtney quedó embarazada. La preocupación por el futuro de la bebé era evidente para amigos y familia. El alto consumo de estupefacientes ponía en riesgo cualquier tipo de vida. Durante un vuelo de Japón a Honolulu, Hawái, decidieron casarse. Eligieron la playa de Waikiki y, el 24 de febrero de 1992, concretaron la boda. Cada uno llevaba un hermoso ramo de flores. Y a los meses, el 18 de agosto de 1992, nació Frances Bean Cobain. Estaba bien, aunque debió ser sometida a una desintoxicación para superar la crisis de abstinencia neonatal por la falta de heroína.

Sus vidas cambiaron. Las drogas continuaron, perdieron la custodia de la niña. Noches que no eran noches y días que pasaban durmiendo la resaca. Ambos entraron en un infierno hasta que Kurt no aguantó más. “Solo recuerda que, pase lo que pase, te amo”, le dijo en una llamada a Courtney. Cuatro días después, el martes 5 de abril de 1994, se suicidó. Tenía la edad de moda para morir, según muchos rockeros en el mundo. 27 años.

Ambos, Kurt y Courtney, fueron la pareja del rock, del alcohol y las drogas, de la belleza alternativa y el sueño grunge. Ellos son el retrato del amor de una generación.

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