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Juan David Villa

Periodista y editor de textos

Ortografía para todos: Que viva la música vs. Qué viva la música

hace 17 horas
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  • Ortografía para todos: Que viva la música vs. Qué viva la música

Sabrán ustedes seguramente que Andrés Caicedo murió joven y que nos dejó la novela Que viva la música. Por supuesto, entre otras obras. Pero ha de ser esta su obra más afamada y reconocida. Acabo de recordar otra de sus obras: Angelitos empantanados. Pero realmente quiero referirme al título Que viva la música, porque resulta y acontece que el mes pasado apareció una edición para celebrar los 75 años del natalicio de Andrés Caicedo, y, sobre un fondo anaranjado, el título Qué viva la música, con tilde.

La verdad pensé que era un montaje de estos que tan profusamente circulan por las redes. Una broma, una falsedad, pensé yo. Pero no, efectivamente la carátula reza Qué viva la música, y así aparece en las tiendas virtuales, y así la vi en alguna librería de la ciudad. Pensé “hijo de tal, qué raro, ¿por qué habrán puesto esa tilde?”. De verdad, creí que se trataba de una decisión editorial.

Tonto yo. ¡Qué decisión editorial podría ser! Es un error, se les fue la tilde. Sobra decir, pero lo digo, que cualquier edición anterior (esta novela es del año 75, creo) se llama Que viva la música, sin tilde.

Convengamos en que la novela se llama así, sin tilde. Pero consideremos que ambas construcciones son correctas, aunque muy muy diferentes. El mejor par para explicar esta diferencia es este: ¡Que viva la santa! contra ¡Qué viva la santa! Alguna vez les hablé sobre este par, y les recordaba esto: el hecho de que un que esté dentro de una exclamación no significa que inexorablemente deba llevar tilde.

¡Que viva la santa!: Estoy aclamando a la santa, le estoy dando vítores, aplausos, alabanzas... Como cuando en la fiesta gritan Que viva el quinceañero, o pasa el rey y gritan Que viva el rey, o como cuando en el estadio gritaban Que viva Nacional. Ah, y el popular Que viva Cristo...

¡Qué viva la santa!: Significa que la santa es pícara, avispada, que sabe cositas. Supongamos que encuentran a la “santa” haciendo alguna diablura y la mamá exclama Ve, qué viva la santa, que no quiebra un plato, pero daña toda la loza.

El título de la novela está alabando a la música, le da vítores, como a los reyes y como a la santa santa. Es un deseo, una metáfora quizá: que la música viva.

Qué viva la música significa..., bueno, no sé ni cómo explicarlo. No tendría, de hecho, mucho sentido.

Dirán ustedes: qué mal editor, qué mala editorial, cómo se les va un error en la parte más visible. Yo espero, a Dios le pido, que jamás se me vaya un error allí en mis libros. Como ya les he dicho, hay un demonio en esto. En edición no hay nada más peligroso que aquello que es evidente. La obviedad traiciona porque favorece el descuido. Es tan obvio que nadie se ocupa.

Miren, no quiero ser abogado, pero sin duda es un error de procedimiento. Las carátulas suelen ir al final del proceso de edición. Al final final. Cuando yo edito un libro, lo hago en Word y, por lo tanto, me llega en principio sin carátula. No la han diseñado entonces siquiera. Seguramente nadie se ocupó con atención de esta carátula, y los traicionó el porfiado subconsciente. Debe ser el colmo triste de un editor. Pobre colega.

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Juan David Villa

Periodista y editor de textos

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