En noviembre de 2014, cuando Ursula K. Le Guin tuvo sus quince minutos de fama –en realidad fueron solo seis– llevaba muchos años dedicada a la literatura.
Nació en 1929, en California; pasó de largo por sobre modas pasajeras y “literatura seria” (no se avergonzó nunca de escribir fantasía y ciencia ficción), siempre con un pie en las editoriales independientes; había publicado más de treinta libros de narrativa, colecciones de ensayos y poesía, libros infantiles y traducciones. Le tomó seis meses preparar el discurso de recepción de la Medalla por su Contribución Distinguida a las Letras Americanas. Tenía 85 años y, gracias a esa miniatura, alcanzó notoriedad mundial.
Las reflexiones sobre su recorrido están en libros como Las palabras son mi...