Cuando Ridley Scott dirigió Alien en 1979, contándonos aquella historia de una bestia desconocida que aterrorizaba a los integrantes de una nave espacial, prácticamente creó un subgénero cinematográfico: el terror sideral. No hay manera de superar eso, por mucho que cualquiera, incluso él mismo, lo intente. Con él perdimos la inocencia.
Por eso es un poco injusto con el gran director británico juzgar Alien: Covenant comparándole inmisericordemente con su predecesora original. Es como si te pidieran calificar la actuación de un mago luego de que alguien te contara cómo hace sus trucos. Es casi una falta de cortesía.
Lo que sí se puede decir de esta nueva entrega de la franquicia cinematográfica es que la tecnología de imágenes generadas por computador...