La palabra “Yo” es mucho más compleja de lo que creemos. Depende de los tiempos que nos toca vivir. Inmerso en el orden del mundo, el hombre medieval rara vez la pronunciaba; por eso es difícil encontrar artistas de esos tiempos que firmaran sus obras. El paso de las monarquías y del orden feudal al mundo de los negocios vio surgir una forma de ser llena de perplejidades, de ciegas ansias de libertad y control personal. Casi sin darnos cuenta hemos entrado en un tiempo nuevo: el de las redes sociales, el de los algoritmos, el del yo como gestión, como empresa, como marca.
En La gestión de sí mismo: Ética y subjetivación en el neoliberalismo (Editorial Universidad de Antioquia, 2018), Mauricio Bedoya Hernández describe esta nueva manera de ser, con sus condicionamientos y limitaciones, pero también con sus posibilidades. Para su estudio, Bedoya se apoya en las disciplinas que han suplantado la reflexión sobre el alma: las llamadas “ciencias psi” (psiquiatría, psicología y psicoanálisis) y se pregunta cómo esas ciencias han contribuido a domesticar a los individuos para que sean dóciles a las exigencias de ese orden que algunos llaman neoliberalismo y otros, capitalismo salvaje.
El libro está lleno de preguntas difíciles: ¿Somos de veras libres, autocontrolados y razonables?, ¿son neutrales las ciencias psi o colaboran con el orden establecido?, ¿necesitamos tanta autoayuda y coaching como nos hacen creer?, ¿estamos tan enfermos como nos dicen?, ¿ser emprendedores es ser de veras realizados?
En el mundo en que vivimos, la subjetividad (esa imagen que tenemos de lo que somos) se ha convertido en “un capital que debe incrementarse ilimitadamente”. La dinámica de mercado nos obliga a ser gestores de nuestra vida, a concebirnos como empresas; pero también nos vende la idea de nuestra debilidad y nuestra necesidad de ayudas y autoayudas que ofrece el mismo mercado.
El panorama que despliega este libro parecería desolador, si al final no hubiera un tono de esperanza. Al intento domesticador del mercado se le contrapone lo que el autor llama “formas de vida creativas”. Al culto excesivo del “yo” se le opone la dicha del “nosotros”.