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El hombre de muchos senderos.

La Odisea, de Christopher Nolan

hace 8 horas
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El Colombiano

Siendo como es uno de los relatos fundacionales de la civilización occidental, por qué Christopher Nolan tendría que volver a contarlo, poniendo en la piel de Ulises (u Odiseo en su forma griega, como escoge llamarlo a pesar de que acá hasta los dioses hablan en inglés) a Matt Damon y en el de su sufrida y amada esposa Penélope a Anne Hathaway. ¿Qué necesita volver a decirnos o señalarnos o recalcarnos, que no se haya dicho ya en los 2700 años que lleva escuchándose y releyéndose esta historia?

Tal vez que hay que tener la resistencia sabia de Penélope, protagonista de uno de los tres ejes narrativos con los que teje Nolan el guion —conservando los juegos con el tiempo y los impecables saltos por corte de buena parte de su filmografía— y defensora del reino de Ítaca ante la masculina altanería de sus pretendientes. Es ella y no su padre ausente, la que le enseña a Telémaco a ser un buen rey y a hacer todo lo posible en favor del reino, sacándole partido a las reglas existentes. Esta dimensión política le corresponde en esta versión de “La odisea” a los personajes femeninos, pues además de lo que ocurre con Penélope, Circe (una segura nominada al Óscar Samantha Norton), Clitemnestra y Helena son todas las mujeres que se defienden de las guerras de los hombres que en el mundo han sido: las jefas de hogar desamparadas que envenenan a soldados violadores, las hermosas esposas de poderosos maridos maltratadores, las madres capaces de vengar las muertes sin sentido de sus hijos.

O quizás que debamos pensar en los problemas que causan los líderes como Ulises, temerarios y provocadores, que cuentan con la adoración de sus seguidores por su innegable carisma, pero a quienes sólo les llega la sabiduría demasiado tarde, cuando ya han llevado por un camino de infortunios a los pueblos que los siguen, sólo porque ellos quisieron seguir su propia aventura. Cuando Odiseo, en una conversación que tiene con su esposa, se lamenta de lo que consiguió con su engaño de madera, es inevitable ver en su tristeza la que tendrán en el futuro los dueños de enormes corporaciones que también se vendieron como un regalo que nos hacía el progreso y que desataron con su ceguera violencias y ambiciones que continuarán cuando ellos ya no estén. Aunque este Ulises sea mucho más complejo y admirable, y sea capaz de redimirse al ritmo de la música feroz e incansable de Ludwig Göransson y frente a la penumbra de fuego que consigue para ciertos momentos Hoyte van Hoytema, el director de fotografía que hace más posible al mito despojándolo de toda aura de misterio, haciendo que los dioses salgan de la luz del sol y las sirenas sean apenas unas siluetas insinuadas sobre la piedra.

No es que necesite volver a decirnos nada Nolan, entonces, caemos en cuenta. Es que 2700 años después se siguen necesitando Homeros que le canten a los hombres ciertas verdades en forma de canción o de película, y que le recuerden en un verso o en una escena, que sólo los hombres tenemos el poder de convertir en los dioses que nos guíen a nuestras víctimas.

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