Catherine Villota
Periodista de moda
@catyvillota
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Catherine Villota
Periodista de moda
@catyvillota
En un evento de mujeres para mujeres, se presentaron casos de éxitos de féminas que son inspiración para otras y crean redes de apoyo, al final de varias charlas me quedé pensando que las mujeres seguimos buscando la emancipación, pero nos debatimos entre la ambigüedad y los extremos.
Presidentas de compañías hablaron sobre sus trabajos importantes, de ser mamás, de dejar los hijos con la abuela por seguir su sueño presidencial, de ir al gimnasio y de estar ocupadas las 24 horas del día, que todo lo podían hacer y que no habían dejado que nadie les dijera que eran menos. Hoy se sientan en la mesa de una junta directiva y tienen una voz en medio de todos “esos” hombres. Que sus esposos ayudaban, pero que están solas a pesar de que todo vale la pena. Por otro lado, escuché a mujeres hermosas, ex miss universo que les ha tocado todo el tiempo justificar que además de bellas son inteligentes y capaces de ser voceras o entrenadoras de liderazgo.
Me sentí orgullosa de ellas, admiraba su convicción, pero me preguntaba: ¿Y a ellas quién les dijo que para ser libres tenían que ser una Súper Mujer? Una heroína que todo lo puede, todo lo tiene y no necesita a nadie, especialmente ningún hombre. O en el otro caso ¿el hecho de ser una reina de belleza sigue siendo un estereotipo, y tienen que justificarse una y otra vez por ser bonitas.
Así que ahí comenzó la pregunta ¿Este “feminismo” a qué mujer le habla, a la super woman con ganas de “ser como los hombres” y al mismo tiempo y sin reproches ser mamás y reinas de belleza que justifiquen día a día el ser inteligentes?
Luego escuche a una mujer que fue una super woman que decía que hoy a sus años entendía que no tenía que ser así: “y a ustedes quién les dijo... Seduzcan a su esposo, cocinen, críen a sus hijos, sean amas de casa, no piensen en ser como ellos, nunca lo seremos porque somos seres vivos de pensamientos y sensibilidades disímiles, no conozco ningún evento de 400 hombres, como éste, en donde se esté discutiendo qué hacer con nosotras...” y con un aplauso liberador apoyé la moción.
Luego vi una película llamada Loco, Estúpido Amor donde los dos hombres protagonistas hablaban de las “mujeres come hombres”: “La batalla de los sexos ha terminado, mi amigo, desde que las mujeres comenzaron a hacer pole dance como ejercicio, nosotros ganamos...” Y ese momento entendí, que en la “batalla” todos hemos perdido, la convertimos, por un lado, en un tema sexual, en vez de romper los paradigmas de lo qué es ser una mujer libre, hemos creado unos nuevos y/o reusado los viejos, además no hemos creado alternativas y solo extremos inútiles.
Reflexiono sobre estos ejemplos de éxito femenino y sé que son pasos de gigantes hacia la igualdad de género y que el feminismo tiene matices, se trata del respeto a las diferencias, de reconocer que la otra(o) es distinta a mi y que por ello es valiosa. Que los sueños profesionales y emocionales de cada una de nosotras son diferentes, que los hombres son parte de la solución y hay que incluirlos en el discurso, que los cambios culturales son lentos pero se logran, pero sobre todo que ser mujer no es una formula ni tendrá una única respuesta absoluta, como tampoco el ser hombre.