La acelerada y cambiante industria musical nos impone una muerte que no queremos aceptar, que negamos en todo momento, o mejor, postergamos como las promesas de fin de año. El disco muere lentamente, como una enfermedad terminal que muchos quieren curar, pero que se queda en intenciones que no superan la llamada “crisis” de la música.
La potencial muerte del disco, crece con las plataformas digitales -Youtube, Deezer, Spotify, Apple music- que se apoderan de nuestros días, y que particularmente como amante de la música, uso y disfruto, pero que en conclusión no deberían opacar, sino potenciar el verdadero sentido del objeto llamado disco. Su nostalgia que perdura tras los años, su olor, su diseño, sus colores y brillo, su empaque, el orden de las canciones, su esencia, su vida, deberían emocionar y ser puntos a favor, para creer que el formato y el romance deben continuar.
Históricamente la desaparición del vinilo desencadenó en el cassette, luego llegó el cd, y tristemente luego de éste no queda sino el aire, el touch digital, los kilobytes, y eso no lo podríamos manipular con nuestras manos, ni ver con nuestros ojos, sería el fin de los formatos físicos. A mi personalmente me gusta ver mis discos, cuidarlos, obtener más y hablar de ellos. Por eso yo pienso que este formato debe seguir viviendo, y que es inseparable al mismo amor que se siente por la música. Los músicos no quieren arrumar en un rincón sus creaciones, y mucho menos, perder rentabilidad en su trabajo y sus productos. Ahora ellos temen publicar discos físicos, ahora las descargas son la mejor opción.
Pero es allí donde el público debe dar un espaldarazo a esa industria a veces aprovechada y radical y ¿Cómo?, pues dando el valor al objeto y comprándolo, entendiendo cada uno de los procesos que tuvieron que realizarse para su materialización. A todo esto, el músico debe responder con buenas producciones, discos que reinventen, que seduzcan al comprador y que hagan honor al presente musical y propositivo que vivimos. Si queremos que el disco viva, simplemente hay que hacer eso: vivirlo, comprarlo, rotarlo, disfrutarlo, entenderlo como una pieza de arte de inicio a fin y volver a amarlo. Nosotros mismos nos debemos encargar de esto.
Es muy utópico, pero ojalá este texto ayude en algo, sea para que los músicos piensen en el valor real de sacar una placa discográfica y hacerla más atractiva; y por otro lado, para que los seguidores entiendan que la muerte o vida de este elemento vital en nuestras vidas, depende solo de ellos, o mejor de nosotros, pues yo quiero seguir comprando, destapando, reproduciendo y guardando discos como un tesoro. Ojalá esto ocurra para que no tengamos que remembrar el objeto como una joya del pasado, sino como un regalo maravilloso del presente..