Es casi una obligación del crítico de cine con sus lectores (si es que esa criatura fantástica, el lector de críticas, todavía existe en Colombia) aclarar desde su primera frase si leyó el libro en el que se basa la película de la que hablará, cuando el texto ha sido un éxito mundial. Yo lo hago en la segunda, para avisar que no tratará esta columna de explicar si la adaptación de Eryn Cressida Wilson, la guionista, y el trabajo de Tate Taylor, el director, hacen justicia a la popular novela de Paula Hawkins. Lo que habría que recordar es que casi toda la magia que una novela revela en el tono, la cadencia y las particularidades de su narrador, el mayor encanto de los libros de misterio, se pierde en su traslado al cine, un medio que está obligado...