¡Qué emoción! Eso fue lo que más repetí cuando salí de ver la película Bohemian Rhapsody de Bryan Singer, basada en la vida y obra de Freddie Mercury y de la inolvidable y entrañable agrupación de rock Queen. Aplaudí, canté, hice la batería con los pies y con las manos en We Will Rock you, lloré dos veces, miré hacia atrás en el teatro para ver los ojos de todos, moví la cabeza como si fuera un concierto, grité al salir del cine el contagiante “eooooo eoooo”. A mí me pasó todo eso, sí, aunque muchos digan que es una película predecible y que no emociona, pues ya todo estaba dicho en esa historia. Pues claro, qué más predecible que una historia que uno ya conoce desde hace tiempo, que sabe su inicio, su trama y sobre todo, su final. Lo sabemos, pero debíamos tener la ilusión de tener en vida a Freddie Mercury frente a nosotros, por dos horas y trece minutos. Esta, en mi concepto, es la película del año, no solo porque llenó miles de salas de cine en el mundo, no solo porque está bien contada, bien documentada y actuada, sino porque nos revivió la figura de Mercury y una banda sonora que no debemos olvidar, Queen.
Al poco tiempo de estrenada, muchos me preguntó si la vi, si me gustó, si lloré, y yo hice lo mismo con amigos, familiares y músicos de Colombia. Además viví varias escenas que me alegraron y me reafirmaron que el rock está vivo para todos, para grandes, chicos y para los que dejaron de seguirlo.
Luego de trabajar en la noche, salí camino a casa y en un parque en Medellín encontré un grupo de personas con un parlante a todo volumen, estaban escuchando precisamente esa ópera rock, esa canción visionaria, arriesgada, larga, divertida y experimental, Bohemian Rhapsody. Me emocioné igual, porque ahí, siempre, en ese mismo lugar, escuchaba otros temas, otro tipo de música. En las redes sociales vi versiones de músicos imitando la voz de Farrokh Bulsara. De nuevo, en la calle, vi aparecer camisetas de Queen, también, al ingresar a la pantalla de inicio de Youtube, las recomendaciones eran de Freddie Mercury y sus amigos como si fueran los vertiginosos y musicales años ochenta.
Y esto no solo ha sucedido con él, sino también con Michael Jackson, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Frank Sinatra, The Beatles, Amy Winehouse, Jim Morrison, hasta los mismos Juan Gabriel, Nino Bravo, Charles Aznavour y Gardel. Nos generan una emoción nostálgica que los devuelve a la vida y a nosotros nos llena de su esencia, de esa vitalidad que ya perdieron por el paso de los años y por la llegada de nuevos artistas y nuevos consumos.
Además de todas estas cosas emocionantes que generó esta afortunada y pertinente cinta, también llegaron entre conversaciones otros comentarios repletos de nostalgia: “Lástima que ya no salen bandas ni discos así...”. Y es real, esta época no va a volver, ni su mística, ni su sonido, ni sus historias, pero la respuesta a esto es, no nos preocupemos, aún nosotros no los hemos disfrutado lo suficiente, es el momento de hacerlo, así que desempolve los discos, suba el volumen y disfrute de este nuevo momento que por fortuna, el vivir nos regala.
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