¡Qué emoción! Eso fue lo que más repetí cuando salí de ver la película Bohemian Rhapsody de Bryan Singer, basada en la vida y obra de Freddie Mercury y de la inolvidable y entrañable agrupación de rock Queen. Aplaudí, canté, hice la batería con los pies y con las manos en We Will Rock you, lloré dos veces, miré hacia atrás en el teatro para ver los ojos de todos, moví la cabeza como si fuera un concierto, grité al salir del cine el contagiante “eooooo eoooo”. A mí me pasó todo eso, sí, aunque muchos digan que es una película predecible y que no emociona, pues ya todo estaba dicho en esa historia. Pues claro, qué más predecible que una historia que uno ya conoce desde hace tiempo, que sabe su inicio, su trama y sobre todo, su final. Lo sabemos,...