Más allá de las diversas consideraciones ideológicas sobre si el Estado debe controlar empresas, en el caso de Isagén son los números los que prueban la inconveniencia de su privatización.
Medir la rentabilidad de Isagén solo por sus dividendos es miope, pues nunca ha repartido toda su utilidad, que además se verá exponencialmente alimentada con la caja generada por Hidrosogamoso. Además, según la Contraloría “si bien es cierto el control regulatorio lo tiene el Estado, también es cierto que hoy la empresa tiene poder de mercado, que por su capacidad en la producción eléctrica es de importancia estratégica, en un mercado oligopólico”. Lo anterior sin contar el valor de la biodiversidad y agua que controla la generadora.